"El Quichua de Santiago del Estero"
de Jorge R.Alderetes
 
Por Eduardo Rosenzvaig
 
 

 Fue de eso que llaman un hallazgo.  Digo, encontrarme con una gramática del quechua santiagueño, escrita con una solidez intelectual y científica admirables. Su autor  - Jorge R.Alderetes- al que yo no conocía personalmente, fue quien me acercó el original. Desde las primeras páginas entendí que El Quichua de Santiago del Estero    podía ya subrayarse como un episodio mayúsculo de rehabilitación cultural. Un antes y después de este texto. En efecto, una ruptura, una entrada a la variante lingüística del quechua por el camino sinuoso y difícil de lo que la lengua quiere decir en sí, más que por lo que los castellano parlantes quieren escuchar de ella, o pretenden que ella diga. Afirmo esto en un año particular, cuando la Academia Española de la Lengua acaba de suprimir la letra ch , es decir un lugar propio para nuestra cosmovisión quechua: chaguanco, chala, chalchalero, chango, chañar, charata , chichi ... ¿Tal vez un ensayo tardío del colonialismo cultural?  En todo caso, no me retraigo a sumar algunas notas al excelente primer capítulo de Alderetes. Incluso pueden estar demás, ¡pero vaya a cuenta de las deformaciones profesionales que cargamos los escritores!

 La confrontación lingüístico-ideológica fue extremadamente intensa en Santiago del Estero. Tal vez uno de los lugares más dinámicos de resistencia a la deculturación. Me sigue subyugando la noticia original del Chaco, y en ella la del Chaco santiagueño por ende, recogida por el jesuita Lozano hacia inicios del XVIII en su Descripción Corográfica del Gran Chaco Gualamba . Una región a trasmano, donde los recaudadores de tributos del Inca sorprendidos por la funesta noticia del degüello del poder en Cajamarca, decidían abandonar el regreso al Cuzco y esconderse allí mismo. ¿Un lugar de fugitivos que sumados a las cuantiosas etnias sedentarizadas o en movimiento, componían lo que en la lengua del Perú llamaban el Chacu ? ¿Esto es, una multitud de guanacos y vicuñas reunidos lentamente en un territorio para su caza?  En las fronteras de esta vasta región se organizaba el corazón teocrático del Tucumán, la ciudad de Santiago del Estero. El quechua, ¿se transformaba en lengua de cristianización a un nivel no conocido en el actual territorio argentino, con la ayuda invalorable de estos elementos dispersos de la élite cuzqueña? Es sólo una hipótesis. Pero dentro de las posibilidades se halla también la de la disputa por la posesión de la fuerza de trabajo entre el gran poder de la Iglesia y el de los encomenderos. La quechuanización pudo convertirse en herramienta de control religioso, o de apartamiento de las etnias a la gestión de los encomenderos. Pero difícilmente, como observa Alderetes, pudo forzarse su extensión si no hubiese habido fuertes núcleos quechuanizados desde muy larga data.

 El idioma evangélico fue organizado para el Perú por los tres Concilios realizados en Lima en 1562, 1567, 1584. Esto ya es conocido, la evangelización americana debía hacerse en cuatro lenguas indias generales: azteca (náhuatl) para México, guaraní para el Paraguay, aimara para el actual Altiplano boliviano y la quechua. Francisco de Vitoria, obispo del Tucumán con sede en Santiago, asistió al tercer concilio y firmó sus actas. Una de sus disposiciones obligaba “a todos los curas bajo pena de excomunión y de santa obediencia que a los indios no se les enseñara la Doctrina y el Catecismo sino en la lengua quichua, sin que sea lícito a nadie variar el rezo o Catecismo quichua aprobado por el mismo S.Concilio”.

 Es posible que los españoles se integraran al uso de esta lengua para no disminuir su poder sobre los indios, pero también arrancarlos a la subordinación a la Iglesia. Podemos intuir una lucha sorda entre las dos columnas del poder colonial. Pero a más la frontera. La gran frontera con el diabólico Chaco, y los fuertes con mano de obra y soldadesca india conquistada.

 En el contexto de las idas y vueltas en el uso de una lengua como herramienta de control, el obispo Maldonado pedía al Monarca que se prohibiese el quechua en el Tucumán. Si Felipe II para evitar enfrentamientos prefirió dejar las cosas en su lugar, Carlos III prohibía en cambio el quechua por Cédula de 1770. Esta carta sobre la mesa, prologaba la expulsión de los jesuitas. Estos se habían fortificado en el quechua. A partir de esta fecha la lengua adoptaba la forma de rebelión. La frontera contra el Chaco, entre los ríos Salado y Dulce, que había sido homogeneizada en una sola lengua, ahora era reutilizada por los quechuoparlantes como atrincheramiento en sus peculiaridades culturales. Envoltorio de formas religiosas cristiano populares, el calendario festivo mismo, podía ser una rebelión en sordina. Las dos lenguas de castas del XVII, una para los blancos, otra para los indios, aisló a la blanca de contagios fonéticos. En Santiago los blancos siguen hablando con la pureza de una parte de España, tal vez dentro de un triángulo que toca Castilla, Extremadura y el país andaluz.  (Sigue en Página 2).
 

 

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