El lenguaje como instrumento
de discriminación y exclusión
Lelia Inés Albarracín de Alderetes
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
El lenguaje: fuente de discriminación educativa
Hace algunos años Ingrid Jung (citada por López 1997: 49)
comentaba que si se comienza una exposición describiendo la situación
de las lenguas aborígenes y sus hablantes en países que se consideran
monolingües, es presentar la situación como un problema, por
lo que sugería comenzar más bien a describir la incapacidad
del sistema educativo para responder a las necesidades específicas
de aquellas poblaciones que no forman parte de la cultura dominante. De esta
forma los agentes vulnerables no serán considerados culpables sino
que se remarcará la falta de responsabilidad del estado en la concepción
democrática de las planificaciones.
Partamos entonces de que el estado argentino reconoce la existencia de minorías
étnicas a través de la Constitución Nacional pero además
reconoce el derecho de esas comunidades a preservar sus pautas culturales
tal como lo establece la Ley Federal de Educación. Sin embargo las
acciones concretas del estado sólo han consistido en llevar a cabo
políticas compensatorias destinadas a poblaciones en riesgo –incluyendo
en ellas a las aborígenes-, porque tal vez lo diferente es un riesgo
para la homogeneización tan buscada.
“Estos ‘usos de la diversidad’ no pueden ser antecedentes de lo que
entendemos por educación intercultural. No son más que modos
actualizados de colonización pedagógica que se amparan en el
paradigma educativo de la diversidad para soslayar los problemas de fondo”
(Díaz y Rodríguez de Anca 2004).
Si libramos de esta tarea al estado nacional y analizamos el comportamiento
de los estados provinciales, las acciones no son más favorables. Tomemos
como ejemplo el caso de Santiago del Estero, la provincia argentina con mayor
número de hablantes de lengua quechua. Las autoridades provinciales
no tienen ningún cargo de conciencia en interferir en la transmisión
intergeneracional de la lengua e imponer el español como única
lengua de alfabetización, sin ceder ningún espacio a la enseñanza
de la lengua vernácula.
Cuando hablamos de inclusión en el sistema educativo no sólo
nos referimos a la inserción de la enseñanza de la lengua, sino
también al aprovechamiento de los saberes culturales previos que tienen
incorporados los niños antes de su ingreso al sistema educativo. Saberes
milenarios que han sido trasmitidos de generación en generación
y que no son tenidos en cuenta en el aula. Antes bien, se prioriza la enseñanza
de los valores occidentales.
Pero además hay otra inclusión necesaria en los lugares de
decisiones (llámese Ministerios o universidades): la de quienes tienen
una mirada diferente. Con esto queremos decir que no sólo quienes hablan
una lengua minoritaria son discriminados, sino también, en algunos
casos, quienes se dedican al estudio e investigación de dichas lenguas;
será porque no tienen una mirada subordinada a la actitud homogeneizadora
de la educación estatal. Esta última forma de discriminación
tiene varios matices: desde la ausencia de un ámbito específico
en la mayoría de los Ministerios de Educación provinciales,
destinados a la planificación de la enseñanza de las lenguas
aborígenes, hasta la negativa para que el estudio de una lengua aborigen
constituya una asignatura del currículo formal de las carreras de
letras, como ocurre en las Universidades de las provincias de Tucumán
y de Santiago del Estero (Albarracín y Alderetes 2005: 121-122). Una
prueba más de la pedagogía homogeneizadora enquistada en el
imaginario colonizador de la sociedad dominante.
Comienza entonces una cadena de consecuencias, todas ellas negativas para
la culturas dominadas.
Los formadores de docentes diseñan perfiles para ocultar la diversidad
o en algunos casos promueven la asimilación fagocitada de lo diferente.
En consecuencia los docentes formados bajo estas pautas no pueden responder
adecuadamente a las necesidades que demanda la existencia de una multiplicidad
lingüístico-cultural que caracteriza a un espacio áulico
actual.
Cuando decimos multiplicidad no sólo nos referimos a que hay niños
que hablan un idioma que no es el oficial, sino también a que la mayoría
de la población habla un español que no es el estándar.
Variedad esta última que se privilegia en universidades e institutos
de formación docente, sin que haya una mínima referencia a las
influencias que ejercen las lenguas aborígenes sobre las diferentes
variedades del español regional hablado en Argentina. Según
Luis E. López (1997: 58): “Es más fácil y eficiente aprender
a hablar y escribir en el idioma que uno mejor conoce y más usa en
la comunicación cotidiana, si lo que se busca es el logro de una lectura
comprensiva y de una escritura creativa”.
“En general cuando hablamos de diversidad cultural inmediatamente se hace
referencia a los grupos étnicos indígenas, motivo por lo cual
escuchamos a menudo a docentes expresar: “En mi escuela no hay problemas de
interculturalidad”. En segundo lugar, algunos autores reconocen grupos subculturales
que comparten aspectos de la cultura con la sociedad global pero que, a su
vez tienen otros valores que los caracterizan y diferencian tales como el
hecho de constituir grupos urbano-marginales o rurales u otros” (Perlo 2000:37).
Por supuesto que no sólo se trata de cambiar contenidos o agentes
de enseñanza, sino también es necesario una transformación
en la concepción que se tiene de la interrelación entre culturas.
La cultura minoritaria, no puede ser vista como un aspecto folklórico
y pintoresco de la sociedad, sino que es parte de una construcción
permanente y activa de la identidad colectiva. (Alderetes y Albarracín
2004: 90-91). Dinámica que sólo el pleno ejercicio de la democracia
permite que se genere.
El lenguaje: espacio para el silencio
Las situaciones que pueden presentarse a lo largo de la geografía
de Argentina, como así también de toda América del Sur,
comprenden a personas monolingües en lengua aborigen, bilingües
de español y una lengua aborigen o monolingües en español
pero que utilizan una variedad que no es la estándar. Como dice Jesús
Tusón (1997: 90) “Lo que se suele llamar estándar o bien es
un dialecto magnificado por la administración, la escuela y los medios
de comunicación; o bien no es sino una variedad social que casi siempre
se ha edificado sobre las bases de un dialecto prestigiado por causas que
nada tienen que ver con los hechos lingüísticos”.
En nuestro caso personal, procedemos del Norte de Argentina, una región
en donde el español ha estado en contacto durante siglos con el quechua,
dando lugar a complejos procesos de transferencia. En algunas provincias el
quechua se extinguió hacia principios del siglo XX y en otras aún
pervive. Sin embargo como diría Luis E. López (1997: 67): “Por
nuestra acendrada tradición homogeneizadora, a menudo oponemos una
situación monolingüe a otra bilingüe, olvidándonos
de todas las gamas de bilingüismo que es posible encontrar al interior
del continuo”.
“Saber hablar bien” según la ideología dominante significa
poder expresarse en un lenguaje desprovisto de regionalismos o de marcas que
denuncien desarraigos o que enuncien una relación de dominación
permanente o la pertenencia a un grupo social determinado.
Frases tales como: “Los chicos emplean un vocabulario pobre”, “Si no saben
hablar español cómo querés que aprendan francés”
o “Estos escriben como hablan” son síntomas de una pedagogía
autoritaria con un matiz ideológico normativista y disciplinador que
niega a los alumnos su derecho a expresarse con el lenguaje que progresivamente
han aprendido desde temprana edad y con el cual se sienten identificados.
La práctica escolar exige entonces el abandono de la memoria e historia
de cada grupo particular hasta lograr que el niño llegue a silenciarlas
para manifestarse en un dialecto escolar. La consecuencia es que la supervivencia
de la lengua y cultura de los grupos minoritarios no es respetada ni mucho
menos garantizada por el sistema educativo.
“La idea de impedir que las variedades lleguen a constituirse como lenguas
autónomas y distintas de la variedad estándar vale lo mismo,
en las situaciones de dominio y sometimiento, que negar a las comunidades
que las hablan su derecho a ver reconocida su variedad como un instrumento
de comunicación y de cultura situado a estos efectos al mismo nivel
que la variedad estándar”. (Moreno Cabrera 2000: 60)
Pretender el mantenimiento de la unidad de la lengua dominante, en todos
los espacios geográficos, es negarle a las variedades regionales la
existencia de procesos históricos y sociales propios, que naturalmente
han acompañado su desarrollo. Es imponer un modelo vertical de
dominación. Es negar un espacio de poder lingüístico y
cultural. Es desconocer el patrimonio cultural de una comunidad.(Albarracín
y Alderetes 2004: 4)
La permanente corrección, sobre todo en el ámbito escolar,
produce en el emisor la sensación de que su forma de hablar no es válida;
muchas veces, un relato es interrumpido para corregir, y daría la
impresión de que no interesa tanto lo que el interlocutor dice sino
cómo lo dice. Será por eso que muchos prefieren no decir.
No es aventurado afirmar que el fracaso escolar o la deserción tienen
mucho que ver con el hecho de que el bagaje cultural que trae el alumno, no
se considera significativo.
Godenzzi (1997: 12) se pregunta: “¿Qué castellano enseñar
en la escuela?” A lo que él mismo responde: “Se enseñará
ciertamente una norma estándar, particularmente en lo que atañe
a la lectura y producción del texto escrito, pero eso no significará
condenar o abolir otras normas regionales o coloquiales sobre todo en el plano
oral. Todas esas modalidades son legítimas; lo diferente son sus usos
y contextos. Así como un individuo puede hablar más de una
lengua, así también es posible manejar más de una variedad
de lengua”.
Conclusiones
El trabajo de deconstruir y construir de nuevo una pedagogía más
integradora, en el campo lingüístico es titánico. Sin embargo
hay pasos mínimos que se pueden dar y tiene que ver con deponer las
actitudes racistas del lenguaje. Que un niño hable otra lengua no
es un problema, es una realidad que nos debe desafiar para evitar nuevas fragmentaciones
en lo social; que una niño se exprese en una variedad diferente a
la estándar no es signo de ‘incultura’ sino que evidencia una representación
de la realidad desde la exclusión y la marginación.
Quizás logremos entender que lo importante es la integración
de todos los actores para configurar un nosotros, con nuestras particularidades,
y en lugar de una batalla diaria contra las diferencias, permitir que éstas
emerjan cotidianamente.
REFERENCIAS
ALBARRACÍN Lelia Inés y ALDERETES Jorge R.
(2004) Lenguaje e Identidad Regional. En: II Congreso Internacional Patrimonio
Cultural. Córdoba: Centro Cultural CANADA Córdoba, Museo Histórico
y Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba
(2005) La lengua quechua en el noroeste argentino: estado actual,
enseñanza y promoción. En Lenguas e Identidades
en los Andes: perspectivas ideológicas y culturales, pp. 115-133.
Quito, Ecuador: Abya-Yala.
ALDERETES JORGE R. Y ALBARRACÍN LELIA I.
(2004) El quechua en Argentina: el caso de Santiago del Estero. En International
Journal of the Sociology of Language, 167 (Special Issue: “Quechua Sociolinguistics”),
83-93. Berlin: De Gruyter.
DÍAZ Raúl y RODRÍGUEZ DE ANCA Alejandra
(2004) Apropiaciones teóricas y políticas para una educación
desafiante en Astrolabio. En : Revista Virtual del Centro de Estudios
Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba, Edición Nº1,
06/10/2004, ISSN 1668-7515. En Línea:
http://www.astrolabio.unc.edu.ar/articulos/multiculturalismo/articulos/diasanca.php
GODENZZI Juan Carlos
(1997) Globalización, multilingüismo y educación: el
caso del Perú. En Iberoamérica: unidad cultural en la
diversidad. Madrid: OEI.
LÓPEZ Luis Enrique
(1997) La diversidad étnica, cultural y lingüística latinoamericana
y los recursos humanos que la educación requiere. En: Revista
Iberoamericana de Educación Nº3, pp. 47-98. Madrid: OEI.
MORENO CABRERA, Juan Carlos
(2000) La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de la
discriminación lingüística. Madrid: Alianza Editorial.
PERLO Claudia
(2000) Pedagogía intercultural: un espacio de encuentro. En:
Sagastizabal M. (Compiladora) Diversidad Cultural y Fracaso Escolar.
Rosario: IRICE.
TUSON, Jesús
(1997) “Los prejuicios lingüísticos”. Barcelona, España:
Octaedro Universidad.