Nota publicada el 07/12/2003 en el NUEVO DIARIO de Santiago del Estero

¿Quiénes estudian el habla regional?
Por Hebe Luz Ávila

Todos hablamos, somos usuarios de la lengua, pero no todos estamos preparados para realizar investigaciones o escribir tratados de Lingüística. De la misma manera, todos respiramos y no por eso se nos ocurre encarar investigaciones o publicar trabajos de neumonología. Así también el ser diabético, haber convivido con la enfermedad toda la vida, probado varios tratamientos y hasta leído libros sobre el tema, no habilita a alguien a aparecer públicamente opinando sobre la diabetes sin tener mínimamente el título de médico y actualmente la especialidad y postgrados que certifiquen su idoneidad.
Zapatero a tus zapatos. El habla del santiagueño es un tema que siempre ha llamado la atención por sus notorios rasgos particulares – recordemos que Santiago del Estero ha sido considerada “isla lingüística”- y hubo algunos trabajos al respecto. La primera fuente indiscutible la constituye el polifacético pensador Orestes Di Lullo con dos libros específicos: Contribución al estudio de las voces santiagueñas (1946) y Elementos para un estudio del habla popular de Santiago del Estero (1965). Aunque se trata de un apasionado estudioso de la cultura santiagueña, debemos recordar que Di Lullo no tenía formación lingüística. Sin embargo, no podemos desconocer su capacidad, su inteligencia y, sobre todo, su gran intuición, especialmente en lo que respecta a sentar las bases de lo que podrían ser futuros estudios de dialectología. Además, se trata de intelectual con formación universitaria, es decir, con manejo del método científico y nivel académico.
Desgraciadamente, en nuestra provincia no abundaron los profesionales especializados en esta ciencia ni hubo muchos que realizaran un trabajo sistematizado.
En este sentido, se debe señalar la importante tarea llevada a cabo por Elvio Aroldo Ávila, especialmente con sus dos libros: Santiago del Estero: Indo-Hispania lingüística. Cómo habla el santiagueño (1980), y Cómo habla el santiagueño... y el argentino (1991). Ávila, de formación lingüística, profesor de Castellano, Literatura y Latín recibido en el ISPN de Catamarca, donde estudió con lingüistas de la talla de Salazar y Federico Pais, realiza una labor amplia y profunda, sobre todo en lo referente a semántica y vocabulario, así como la recolección y estudio de frases y locuciones popularizadas.
En cuanto al habla del santiagueño, el español con sus características propias, estamos en condiciones de decir que no existen otros estudios sistemáticos, fuera de algunos tratamientos aislados, algunos de ellos presentados en Congresos.
Encontramos, sí, estudios de la lengua quechua realizados en Santiago del Estero. En un primer momento se destaca el sacerdote, docente y filólogo latinista Miguel Ángel Mossi (1819-1895), que vivió en nuestra provincia cuando ya había publicado su primer Diccionario de la lengua quechua (1860), y sostuvo la tesis de que el hebreo es el primero de todos los idiomas conocidos y que las tribus de Atamiski hablaban una variante de hebreo. Publicó así, un Diccionario Hebreo Kjechwan-Castellano y un Manual del idioma general del Perú, entre otros trabajos. De su diccionario quichua-español, el Dr. Gary J. Parker, asevera, en 1969, que es apenas algo más que una copia del de Diego González Holguín (1608).
Inmediatamente se destaca la obra del ingeniero ruso Sergio Grigórieff, que estudiara Filología en la Universidad de San Petersburgo y que publicara en 1935 un meduloso Compendio del idioma quichua (Buenos Aires: Editorial Claridad) en cuya portada precisa “con notas detalladas sobre las particularidades del idioma en Santiago del Estero.”
Sin embargo, los que mayor difusión y ponderación han tenido son los estudios de la lengua quechua hablada en la provincia, y denominada quichua santiagueño por Domingo Bravo. La obra de este maestro rural, que llegara a recibir el título de Doctor Honoris Causa por su dedicación de toda una vida al estudio y difusión de la lengua aborigen, ha cubierto varias décadas de publicaciones y presencia en Congresos y ha despertado toda una corriente vivificadora de aceptación de esta lengua que llevó a su enseñanza y expansión.
No existe, sin embargo, un nivel académico en nuestra provincia en lo que respecta a la Lingüística Regional. En el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín, se estudia la lengua castellana y los elementos de Lingüística para encarar la misma. La Licenciatura en Letras de la UNSE tiene una notoria inclinación hacia la Literatura más que a la Lingüística. Los interesados en formarse en esta ciencia y sus metodologías de investigación se ven en la obligación de recurrir a la enseñanza de docentes de otros lugares. Así, algunos estudiosos tuvimos la suerte de contar en la Licenciatura en Letras en la UNSE con los enriquecedores aportes del Dr. Pablo Kirtchuk, que realizara sus investigaciones en Francia y hoy en Israel, y del Dr. Donald H. Burns, de sólida y amplia formación lingüística.
La autora de este artículo debió recurrir en busca de perfeccionamiento a la UNT done presentó ya su tesis (La atenuación en el habla del santiagueño) y está a punto de graduarse de Doctora en Letras con especialización en Lingüística.
Ser santiagueño no es condición sine qua non para encarar trabajos de Lingüística regional. Estar sólidamente preparados, detentar los títulos de grado y posgrado necesarios para encarar con seriedad y cientificismo una investigación que requiere método y amplitud de miras sí lo es. Informarse sobre los estudios existentes, apoyarse en los que sean relevantes y proceder de manera actualizada, contribuyendo con nuevos aportes al progreso de la ciencia, es la función del Lingüista. Y en lo posible, trabajar formando equipos interdisciplinarios para abarcar la riqueza de aspectos que ofrece el habla regional.

Hebe Luz Ávila.

 


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