Este artículo fue publicado originalmente en:
'Filología', XVII, XVIII; pp 131-150;(1976-77); Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires.

LENGUAS EN CONTACTO.
EL SUBSTRATO QUECHUA
EN EL NOROESTE ARGENTINO


Ricardo L. J. Nardi 

0. INTRODUCCIÓN

Aún no ha empezado el estudio sistemático del influjo de los substratos y adstratos indígenas en el español de la Argentina. Las causas de tal situación son muy poderosas: a pesar de importantes contribuciones aisladas no hay un conocimiento suficientemente completo, descriptivo e histórico, del conjunto de los dialectos americanos (incluida la Argentina); los estudios científicos de las lenguas americanas de nuestro país se han iniciado hace pocos lustros; y, más aún, numerosas lenguas -desde las que se hablaron ya en el 101 milenio A.C.- han muerto sin dejar documentación que permita conocer sus sistemas fonéticos y fonológicos, sus estructuras morfo-sintácticas y sus repertorios léxicos.

Los filólogos y lingüistas romanistas han mostrado, en general, una tendencia a minimizar el papel del substrato indígena en la formación del español americano [1]. Ello se debió, en gran parte, a queeran estudiosos casi exclusivamente de gabinete, cuya experiencia lingüística se reducía fundamentalmente (en el caso de la Argentina) al español hablado en Buenos Aires y alguna otra gran ciudad, en especial la lengua culta.

La posición de tales estudiosos se caracteriza por destacar la homogeneidad del español americano frente a la diversidad del peninsular. Se han hecho listas de unos pocos rasgos que serían comunes para toda América española y con ellos se esboza una especie de ´modelo´. Este concepto de UN español americano seguirá la misma suerte que las ideas análogas de UNA raza americana y de las lenguas indígenas americanas todas incorporantes y polisintéticas. Tales concepciones se originaron en síntesis apresuradas, sin verificación previa de los hechos.
Para demostrar la influencia del substrato en el español americano, los romanistas exigen el cumplimiento de ciertas premisas metodológicas, pero en sus argumentaciones en contra de aquella posibilidad suelen echar mano a fenómenos documentados en algún dialecto peninsular sin llenar todos los requisitos que exigen a los americanistas. A éstos les demandan el conocimiento diacrónico de las lenguas indígenas; ellos se conforman a veces con conocer sólo el estado actual de algún dialecto español. Frente al escepticismo que manifiestan ante ciertos posibles o probables influjos del substrato (o adstrato) muestran una rápida aceptación de la ´gran influencia´ del español sobre las lenguas indígenas -en muchos casos indudable, por otra parte.
Se destaca el bilingüismo de muchas áreas y se califica de ´mala traducción al español´ a ciertos hechos de aculturación lingüística. Se apela al concepto mecanicista y biologicista de la ´evolución del español´, o las ´tendencias del español´. Se sienten atraídos por el ´conservatismo´ lingüístico antes que por el cambio y las influencias de substrato o adstrato; apelan a éstas sólo luego de agotar todas las posibilidades de explicación mediante las ´tendencias´del español (e incluso del latín vulgar y las lenguas romances).

Cuanto más, tal posición ´europocéntrica´ acepta para el substrato lingüístico indígena un papel de ´factor coadyuvante´, ´fomento´ o ´disposición favorable´: sería un simple catalizador de algún proceso de origen hispánico.

Es verdad que se han cometido muchos errores al querer acentuar la influencia del substrato en la formación del español americano; el ejemplo clásico es la concepción del ilustre Rodolfo Lenz, según la cual "el español de Chile (es decir, la pronunciación del pueblo bajo), es, principalmente, español con sonidos araucanos" [2].

Sin embargo, debe reconocerse que las exigencias metodológicas propuestas por Amado Alonso para demostrar la influencia del substrato indígena no se han aplicado para demostrar la filiación española de ciertos hechos lingüísticos [3]. Así, cuando se dice que en Álava, Rioja, Navarra y Aragón hay una rr asibilada igual a la que existe en ciertas áreas de América, no se ha demostrado que pobladores procedentes de aquellas zonas hayan "influido concretamente en la constitución demográfica y en la estructura social de la población hispanoparlante", como lo pide la 10 exigencia en el caso de las lenguas indígenas. Tampoco se han investigado los sistemas fonéticos y fonológicos de los dialectos españoles, tanto en su aspecto sincrónico como en el diacrónico, según se exige para el caso de las lenguas indígenas.

Los romanistas han aplicado en América los conceptos de substrato, superstrato y adstrato lingüísticos, creados para situaciones europeas por los lingüistas Graziadio Ascoli, Walter von Wartburg y Marius Volkhoff, respectivamente, redefiniendo sus contenidos originales. Ello es bien evidente en el caso del término substrato, que se creó para designar las tendencias de la vieja lengua abandonada que obran en la lengua adquirida y en América se aplicó también a la influencia de las lenguas vivas sobre el español [4]. En América se puede dar al concepto de substrato una connotación sociocultural. Por otra parte, la denominación adstrato se ha hecho sinónimo de lenguas en contacto, no por vecindad geográfica de sus hablantes sino por coexistir en la conciencia lingüística de los hablantes bilingües y multilingües.

 1. PLANTEOS PRELIMINARES

1.1. LENGUA Y CULTURA

La lengua es parte integrante y necesaria de la cultura; por su función como sistema de comunicación forma parte del marco de referencia que contribuye al mantenimiento de la sociedad y de su cultura no lingüística (aunque en ocasiones puede llegar a ser disfuncional).
Debido a su estrecha interrelación con los otros componentes culturales, la lengua organiza la realidad y la simboliza de acuerdo con la Weltanschauung dada por una tradición cultural, sirve como importante medio de aprendizaje y transmisión de ésta y, en su forma escrita, es uno de los testimonios más importantes para el conocimiento de muchas culturas desaparecidas.
Cualquier lengua, como cualquier cultura, es una totalidad de aprehensión inagotable por la infinidad de rasgos registrables y analizables que posee.

El estudioso, en realidad, no se enfrenta con lenguas en el sentido saussureano, que son construcciones abstractas creadas por el investigador y cuyo modelo varía con las teorías en boga (a veces simples analogías con nomenclaturas de otras ciencias), sino con hablas concretas, también estructuradas, realizaciones de cada individuo en su rol de hablante o escribiente, y que representan una pequeña parte del macrocosmos compartido por una comunidad hablante y distribuido, según roles, entre sus miembros.

No hay lenguas ni culturas aisladas, totalmente homogéneas, estables y nítidamente delimitadas. De allí el problema para establecer subdivisiones lingüísticas o culturales (áreas de habla y áreas culturales).
Mientras hay gran coincidencia en la percepción de los rasgos y es posible llegar a trazar líneas isoglosas (que unen localidades con iguales rasgos lingüísticos), e isoides (que unen localidades con iguales rasgos culturales), es difícil que tales líneas formen haces definidos. La variedad de criterios tenidos en cuenta por los estudiosos para seleccionar los rasgos definitorios llevará a la creación de áreas no concordantes.

 1.2. DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA

El investigador de campo sabe que si se recorre un territorio donde se emplean lenguas cognadas se atravesará un continuum dialectal, con inteligibilidad mutua inversamente proporcional a la distancia o a la dificultad de comunicación física entre las comunidades de hablantes, sin respeto por las fronteras políticas. Así, las hablas cuyanas se continúan con las de Chile; las del Noroeste, con las de Bolivia; las del Nordeste, con las de Paraguay (e incluso Brasil); las del área pampeana, con las de Uruguay. Sin embargo, será posible hallar focos con mayor uniformidad (rodeados por varias isoglosas) separados por zonas de transición con mayor diversidad y competencia de normas.

Ya hemos dicho que no hay comunidades de hablantes aisladas, impermeables, totalmente homogéneas y con límites nítidos, aunque la diversidad sea menor en pequeñas comunidades rurales.
Para abordar la compleja realidad lingüística de nuestro país tiene cierta utilidad distinguir varias estructuras, códigos o niveles de comunicación, cada uno de los cuales se diversifica según contextos y situaciones socioculturales. Creemos que se pueden diferenciar analíticamente por lo menos tres tipos de estructuras:


1) la mal llamada lengua general o lengua "nacional" en su nivel o estilo formal. Es la lengua cultivada, urbana por excelencia; se necesita cierto nivel de instrucción y de participación en la cultura dominante o hegemónica para comprenderla. Es propia de gente culta (en sentido no antropológico), utilizada en conferencias académicas, tratamientos protocolares, editoriales de ciertos diarios, mensajes de jerarquía eclesiástica, dictámenes y fallos del poder judicial, etc. Se aprende mediante estructuras secundarias (escuelas, colegios, academias) con enseñanza de reglas y normas y por la frecuentación de obras literarias de ciertos autores. Posee gran tradición de estudios, con gramáticas, diccionarios, ortografía, etc. Es conservativa y posee gran uniformidad, a pesar de pequeñas variantes geográficas. Se halla desfasada respecto a la realidad lingüística viviente. Goza de gran prestigio en ciertos grupos sociales (o subculturas), de allí que ciertas personalidades la utilicen fuera del contexto apropiado creando el ridículo. Es la "buena" lengua, opuesta a la "mala". Sufre periódicas rectificaciones de normas con aceptación de formas hasta ese momento consideradas "malas". Adopta y adapta voces extranjeras que se universalizan.

2)
la llamada lengua general en su nivel o estilo llano o informal. Es la lengua común, con un amplio espectro y gradiente de variantes regionales y socioculturales. Fundamentalmente todas poseen un núcleo común basado en el dialecto de la metrópolis. Es hablada y escrita. Requiere un nivel de instrucción menor que la anterior. Abarca las hablas comunes de la radio y la televisión, de algunas revistas populares y las notas periodísticas; está reflejada en cierta literatura contemporánea. Es la lengua informal propia de las ciudades y grandes pueblos, aprendida por imitación, sin enunciación de reglas y normas, especialmente mediante los grupos primarios (familia, grupo de parentesco, amigos), aunque también por los medios de comunicación masiva. Es unificante y con mayor dinamismo que el estilo formal; suele presentar modas de habla de supervivencia efímera.

Gran parte de su léxico es común con el estilo anterior, pero hay voces del campo del arte, la filosofía, la ciencia, la técnica, etc. propias del estilo formal y expresiones populares propias del estilo llano. Existen parejas de voces con espectro semántico más o menos equivalente pero con un miembro considerado alto y el otro bajo (prostituta o ramera / puta; cerdo / chancho).

3) dialectos regionales con variedades locales. Son hablas características, sobre todo en sus clases menores, de áreas rurales con pocos contactos con centros urbanos. Son más habladas que escritas. Se aprenden casi exclusivamente mediante los grupos primarios. A veces son recogidas por escritores regionales, difundidas por cantores, o pésimamente imitadas por malos actores, recitadores y locutores urbanos. Poseen diferencias regionales más pronunciadas que responden a distintas tradiciones culturales o subculturales y a diferentes paisajes geográficos, reflejados en léxicos. Hay poca variación entre el habla familiar y el habla formal. El grado de instrucción de los hablantes es muy diverso; llega a un elevado analfabetismo o desalfabetización por desuso en los medios rurales.


Estos tres modelos construidos no agotan la realidad pues hay numerosas transiciones entre ellos. Además, suelen coexistir en la misma localidad pues hay hablantes bilingües en sentido amplio (que usan alternadamente dos lenguas, dialectos o variedades). Muchos habitantes urbanos pueden usar el estilo formal y el informal. Algún poblador de una villa provinciana podrá hablar el dialecto regional y la lengua general. Incluso, en pequeñas comunidades rurales junto al conocedor sólo de la variedad local, que nunca salió de su aldea, es posible hallar al hablante de la variedad local y del dialecto regional, y raramente al que puede expresarse también en la lengua general. La variación de código es mayor en los hablantes que mantienen relaciones extralocales.

La diversificación de roles lingüísticos se produce en todos los niveles, además, por la existencia de otras variantes subculturales como las clases sociales, las distintas profesiones, oficios u ocupaciones, los grupos de edad o generacionales. Por otra parte, la relación entre el status de los hablantes, el grado de intimidad de los mismos, el contexto en el cual se establece la comunicación (lugar y oyentes), el tema abordado, el medio empleado (habla, drama, escritura, canto, etc.) determinan la elección del estilo o subcódigo. Todo ello, sin tomar en cuenta las peculiaridades de los distintos idiolectos, la incidencia de factores emocionales, patológicos, etc., que son rasgos individuales.

Si a esto se agrega el bilingüismo en sentido restringido, debido al contacto con otras lenguas, como el portugués de Brasil (que originó en Misiones el dialecto caingusino) y una docena de lenguas indígenas vivas -para no citar las lenguas de las minorías étnicas europeas y asiáticas- se tendrá una idea del complejo campo de interrelaciones lingüísticas que es la Argentina.
Para los fines específicos de este trabajo quizás sea más sencillo reducir esta diversidad a una oposición polar entre lengua urbana y lengua rural.

La lengua urbana se caracteriza por la tendencia general a la unificación, la facilidad de comunicación y gran amplitud de su red (que posibilita la vinculación a nivel nacional), la contribución de las estructuras secundarias a la internalización de las normas lingüísticas, el gran influjo de la letra impresa, el perfeccionamiento de su empleo mediante el logro personal, la existencia de una lengua científica y técnica con neutralidad afectiva. Pero, por otra parte, surge una masificación acompañada del uso de palabras con contenido genérico, difuso, y el empobrecimiento del léxico.

La lengua rural se caracteriza por la tendencia a la diversidad regional, por los dialectos, la existencia de lenguas locales (indígenas o no), la comunicación y comprensión regionales o locales, la internalización de las normas por medio de los grupos primarios, la transmisión oral, la adscripción del código, el gran empleo de recursos afectivos (entonación, habla en inspiración, interjecciones, diminutivos e hipocorísticos).

Las culturas rurales de nuestro país son en gran parte una compleja hibridación de las culturas españolas de los siglos XVI y XVII con ciertos rasgos indígenas. Luego se les agregó el aporte de los inmigrantes de otros países del Viejo Mundo, en grado variable según las diversas áreas geográficas. Además, debe sumarse una influencia rioplatense (o de las metrópolis) acorde con la relación con los centros urbanos. Ello se refleja también en el habla rural.

 

1.3. CAMBIO LINGÜÍSTICO

Como hecho cultural, toda lengua se halla en cambio constante y gradual, en un permanente equilibrio inestable entre la tradición y la innovación.

Hay cambios internos que se deben al aislamiento y llevan a la fragmentación dialectal de la lengua con divergencia de códigos, que muestran una asincronía regional. Pero también hay cambios por causas externas, debido al contacto de lenguas o dialectos, cuyo locus es el individuo bilingüe o multilingüe. En estos contactos hay difusión, préstamo o transferencia de rasgos lingüísticos (tal como sucede con los rasgos culturales en el contacto entre culturas), con cierta convergencia en sus códigos. El aprendizaje de las normas de una lengua distinta constituye una aculturación lingüística.

Además, el cambio lingüístico generalmente está reflejando cambios de la cultura no lingüística.
Un documento de la realidad del cambio y la diversificación de una lengua se halla en sus diccionarios, depósitos de términos acumulados según dos dimensiones: tiempo y espacio. Allí se halla lo obsoleto, lo obsolescente y lo arcaico junto a innovaciones recientes; voces generales junto a regionalismos, provincialismos y localismos.

Los rasgos que se transfieren y adoptan en situaciones de contacto crean interferencias con el sistema de la lengua receptora y desvío de normas que pueden llegar a reestructuraciones.
Las interferencias se producen en ambas lenguas (o dialectos) en contacto, que son, al mismo tiempo, dadoras y receptoras, pero la relación entre ellas (o entre las culturas de las que forman parte) es la que determina lo que sus hablantes aprenden de los hablantes de la otra. Además, el flujo puede variar en intensidad y dirección con el tiempo.

La lengua dominante o "superior", o sea, la de la cultura dominadora o hegemónica, la del conquistador, la del grupo gobernante, la de mayor prestigio, la que es más útil para comunicarse, la que tiene mayor uso literario, la que sirve para mejorar el status social, transfiere mayor cantidad de rasgos a la lengua dominada o "inferior", la de la cultura dominada o subalterna, la del pueblo conquistado, la de las culturas marginadas.

Las normas se suelen difundir desde los centros urbanos al campo -más ahora con el auge de las radios a transistores-. Son factores de cambio las relaciones comerciales, el contacto con centros de servicios, el crecimiento de los medios de transporte y de comunicación, las migraciones estacionales u ocasionales por razones de trabajo, las fiestas religiosas que atraen gran cantidad de fieles extralocales.

Los préstamos, adopciones o interferencias pueden ser fónicos, fonémicos, morfémicos, léxicos, morfosintácticos o semánticos. Su campo por excelencia es el léxico, porque los préstamos de bienes culturales o de normas sociales suelen ir acompañados por su denominación en la lengua de la cultura dadora. Voces de especial significación cultural son los nombres de artefactos, vegetales cultivados, animales domésticos, status con prestigio social, político o religioso, objetos de trueque, voces con alta carga emocional (insultos, denominación de órganos genitales y excreta, interjecciones, etc. -que son también los que suelen sobrevivir con mayor frecuencia).

 

2. EL CONTACTO LINGÜÍSTICO HISPANOQUECHUA

En esta ocasión nos interesa solamente el contacto entre el español y los dialectos quechuas en el Noroeste argentino. Tal contacto fue extenso e intenso en tiempos históricos, durante la Conquista y la Colonización.

El quechua había sido lengua de penetración cultural y de dominio político ya en tiempos prehispánicos, introducida por el estado totalitario de los Incas -como lo llamara el etnólogo finés Rafael Karsten. Los conquistadores españoles la emplearon como ´lengua general´ en el Tucumán y su expansión fue apoyada, en un primer momento, por las Leyes de Indias y la Iglesia; el instrumento inmediato de su difusión fueron los indios de servicio (yanaconas) peruanos. Los doctrineros estaban obligados a aprenderla.

Más tarde, durante las luchas de la Independencia tuvo un rol netamente político; no hay más que recordar la proclama de Francisco Javier Iturri Patiño del 9 de agosto de 1810 (impresa en Buenos Aires), la proclama de Juan José Castelli del 5 de febrero de 1811, el decreto de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata del 11 de septiembre de 1811, el decreto de la Asamblea general Constituyente del 12 de marzo de 1813, el Acta de la Independencia del 9 de julio de 1816, todos con texto impreso también en quechua boliviano.
Tal circunstancia debe de haber contribuido a conferirle un status superior a otras lenguas indígenas, incluso generales, pero poco a poco el área en que se habla va retrayéndose. Actualmente sobrevive localizada en la Puna y en la Provincia de Santiago del Estero (para no citar los núcleos bilingües de las "villas" de la gran conurbación de Buenos Aires). Señalaremos que no hace mucho se distribuían volantes políticos y comerciales impresos en el dialecto santiagueño, llamado quichua (tal como se llamó también el antes hablado en Catamarca y La Rioja).

 

2.1. PRÉSTAMOS QUECHUAS

Si bien todos los préstamos se originaron en el contacto entre lenguas ocurrido en individuos particulares, actualmente se documentan también en áreas monolingües por desaparición de la lengua dominada. No hace falta insistir en que el carácter de préstamo o adopción lo determina el investigador pues muchos hablantes no tienen conciencia de ello.

El único fenómeno de substrato admitido sin discusión pertenece al campo del léxico, que es la contribución más caudalosa de las lenguas indígenas al español. Incluso los monolingües emplean voces indígenas tomadas en préstamo. El Noroeste es el área donde es mayor la riqueza en léxico de origen quechua, que sobrepasa el millar de voces. Se trata de designaciones de flora y fauna, accidentes geográficos, utensilios, vestimentas, comidas, ocupaciones y oficios, creencias, instrumentos musicales; incluso denominaciones anatómicas, interjecciones, etc.
El quechua no sólo fue lengua dadora con respecto al español sino también -por haber sido una lengua de alta cultura- con relación al mapuche, huarpe, lule y otras lenguas indígenas de nuestro país. A su vez, no ha dejado de recibir préstamos de otras lenguas indígenas a las que se sobrepuso y que constituyen substratos dentro de un substrato -o adstrato, según el área-, lo cual crea interesantes e importantes problemas al estudioso que desee abordar los fenómenos de contacto lingüístico.

En esta contribución no nos ocuparemos de este tema porque ya ha sido tratado -con mayor o menor felicidad- por muchos lexicógrafos.

 2.1.1. Si dejamos de lado el problema de las entonaciones regionales, que presentan variedades cuya difusión no coincide con la distribución actual e histórica de las lenguas indígenas particulares, hallaremos un préstamo fonético del quechua al español en la pronunciación de la s tal como es articulada por bilingües y monolingües de Santiago del Estero y la Puna. Tanto en principio como en fin de sílaba (incluso ante otras consonantes) es fricativa alveolar sorda acanalada. En Santiago del Estero es general en todos los niveles de habla; en la Puna es característica del habla rural.

En el quichua de Santiago del Estero, incluso en fin de sílaba se opone a la fricativa vélica sorda, por ejemplo, kas ´siendo´/kaj ´el que es´, qos ´dando´/qoj ´el que da´, nanas ´dolores´, ´doliendo´/ nanaj ´que duele, doloroso´. Tal hecho ha contribuido para el mantenimiento de tal pronunciación en el español regional, lo cual lo diferencia del español de otras áreas (como el porteño) donde la s en final de sílaba tiene una rica serie de variantes por asimilación a la consonante siguiente e influjo de vocal anterior cerrada precedente.

Ya Ricardo Rojas había llamado la atención sobre las eses sibilantes de los "santiagueños, tucumanos y salteños" y aceptaba una influencia quichua [5]. Morínigo también atribuye la falta de "aspiración" de la s en Santiago del Estero al mismo substrato [6]. Vidal de Battini se refiere a la s "muy tensa y sibilante" de Santiago, parte de Catamarca (por ejemplo, Fiambalá), o de Salta y Puna Jujeña, atribuyéndole origen indígena [7].

Hay una tendencia en el habla rural del Noroeste, sobre todo en áreas poco comunicadas, particularmente con bilingüismo (como Santiago del Estero y la Puna), al cierre de las vocales e y o (más en posición final de tema e inacentuadas) hasta llegar a ser substituidas por i y u, respectivamente. Es frecuente comprobar una fluctuación en el grado de abertura de las citadas vocales. El cierre de la e (lechi, antis, tigri, picoti) es menos frecuente que el de la o (digu, gringu, dichu, nidu, avíu, conocíu, hijitu).

Tal fenómeno, que se ha documentado en áreas rurales de otros países de habla española, casi seguramente ha sido reforzado o provocado por los hábitos fonológicos del quechua. Se sabe que históricamente el quechua tuvo tres fonemas vocálicos /a, i, u/ pero por contacto con el español y quizás otros sistemas fonológicos indígenas, el quechua boliviano y los dialectos argentinos adquirieron los fonemas /e, o/ -que antes sólo eran variantes combinatorias de los fonemas /i, u/ con menor frecuencia de realización; a pesar de ello tanto en el dialecto santiagueño como en el boliviano existe una complementación parcial en la distribución de los miembros de las parejas e/i y o/u (por ejemplo, junto a postvelar aparece el miembro menos cerrado).
En gran parte de esta misma región y del centro del país el sistema fonológico del español ha incorporado el fonema /sh/ (fricativa, palatal, sorda) debido al sustrato quechua (santiagueño, catamarqueño o boliviano): Por distintas razones históricas ha ocurrido un fenómeno de convergencia con la situación del dialecto porteño-bonaerense donde el fonema /sh/ se incorporó debido a los préstamos del italiano, francés e inglés, especialmente.

La aceptación de este fonema significó una reestructuración del sistema español en el orden palatal, donde la asimetría y disfuncionalidad era evidente en la oposición de una pareja: ch / s (cuando no había seseo) y ch / y (cuando había seseo).

Por otra parte, en un área focalizada en la Provincia de Santiago del Estero la ll del español y del quichua se realiza como /zh/ (fricativa, palatal sonora), por lo cual debe atribuirse también al contacto con esta lengua. El mismo fenómeno ha sido documentado en el quichua del Ecuador (Colta, provincia de Chimborazo) y se sabe que en ciertas áreas del Ecuador la ll es pronunciada en español igual que el quichua de Chimborazo, el español y quichua de Santiago del Estero. Lo mismo ocurre en dialectos quechuas de Ferreñafe, Cajamarca, Chachapoyas y Lamas (Perú).
Con la incorporación de la /sh/ y /zh/ el orden palatal del español de Santiago se ha tornado en un haz simétrico y estable /ch/zh/sh/ por influjo de la estructura fonológica del quichua (así como ha ocurrido en porteño-bonaerense por otros factores externos).

El fonema /sh/ no sólo existe en centenares de préstamos léxicos del quechua (y algunos seguramente del kakán) al español del Noroeste, frecuentemente empleados en dialectos regionales y raramente en la lengua general; también ha sustituido la /s/ en temas españoles: crushar ´sujetarse con las piernas en las verijas del burro o caballo´, shentaquiar ´hacer sentar en el suelo a alguien de una trompada´, crushaco, ca, ´persona movediza, inquieta, que anda cruzando de un lado para otro´, shema ´torta hecha con acemite o harina morena´, pashango, ga, ´seco, arrugado´, pasha, ´aplastado, da´, tosheque, ´que tose con frecuencia´, ashinita (diminutivo de asina, ´así´), etc. También ha ocurrido el mismo cambio fonológico en sufijos, como en ahishito y aquishito. Se lo ha documentado asimismo en una caudalosa serie de hipocorísticos de la cual solamente citaremos Cunshi (Concepción), Jashi (Jacinto, ta), Jishu (Jesús), Shaca (Zacarías), Shalu (Salustiano, na), Samu (Samuel), Shanti (Santiago), Shatu (Saturnino), Sheba (Sebastián, iana), Shinfu (Sinforoso, sa), Shula (Solano). Hay que señalar que este fonema muchas veces manifiesta una carga semántica afectiva volcada en despectivos, diminutivos y otros derivados que connotan afecto.

 2.1.2. En cuanto a los fenómenos de substrato morfosintáctico dice Amado Alonso que son exclusivos de las regiones bilingües [8]. Más exacto sería decir que se originaron en áreas bilingües y son más abundantes en los individuos bilingües, aunque actualmente también se los puede documentar en zonas monolingües, por ejemplo, La Rioja y Catamarca (que sólo fueron bilingües hasta fines del siglo pasado).

Este tipo de fenómeno de substrato ha escapado en general, a la atención de los estudiosos porque casi no ocurre en la lengua general. Es característico de los dialectos regionales, en especial del habla rural y familiar.

Se ha querido reducirlo a una transferencia léxica que incluye sufijos o una estructura gramatical quechua; pero la transferencia léxica puede llevar a aislar los sufijos y emplearlos con temas españoles, o a copiar el modelo gramatical indígena y emplearlo con palabras españolas.
Un sufijo tomado en préstamo del quechua es -na; deriva sustantivos a partir de temas verbales con el significado de acción potencial, objeto o instrumento de dicha acción, o lugar de la misma. En el español regional del Noroeste se conocen varias decenas de voces con este sufijo unido a temas quechuas. Nosotros solamente citaremos los casos híbridos en los que el tema es español, aunque algún ferviente opositor del substrato morfológico podría decir que se trata de préstamos léxicos de hispanismos en el quechua (o sea, préstamos de préstamos, préstamos secundarios o de rebote). Algunos de los ejemplos poseen equivalencia con formas totalmente quechuas:

Picana es general en la Argentina con el significado de ´caña con una púa de hierro en un extremo que sirve para aguijar a los bueyes de la carreta o del arado´. Menos difusión tiene su acepción de ´parte del anca de la res o del avestrúz´ (porque es la región anatómica donde se aplica la picana). La voz quichua santiagueña que incluye a todos los instrumentos para aguijar y al lugar donde se aguija es tujsina.

Saltana ´piedra que sirve para vadear arroyos, acequias o charcos, saltando sobre ella´. La voz quichua santiagueña para todas las cosas sobre o con las que puede saltase es pinkina.

Mudana ´tapón hecho con champa o tierra en la boca de una acequia para mudar el rumbo del agua desviándola hacia otras´, ´boca de una acequia´.

Raspana ´instrumento que emplean las tejedoras para desenredar los hilos de la urdimbre´, ´instrumento que emplean las alfareras para alisar la superficie de los objetos modelados con arcilla cruda´.

Prendina ´prendedor, generalmente improvisado con una espina larga o un palito aguzado´ (como en los costales hechos con un chusi una tela tejida a peine´ prendidos con espinas de quimil o de algarrobo negro).

Yugona o yuguna ´parte del cogote del animal donde se apoya el yugo´.

Hachana y hachina ´corte hecho por el hacha en el tronco de un árbol, generalmente para buscar miel´.

Atana ´hilo o cuerda que ata la boca del costal, chajna o cutama´, ´tira de chala con la que se atan las humitas´. La voz quichua que designa todo aquello que sirve para atar es watana.

Otros derivados con menor difusión son:

Atauna ´armazón sobre la que se transporta a pulso el ataúd´.

Tirina ´cosa que sirve para tirar´ (como la perilla de un cajón). En quichua, aysana.
Divisana ´divisadero, lugar desde donde se puede mirar a la distancia´. En quichua la voz para designar a un mirador es qaana.

Cinchana ´lonja usada como cincha en el aparejo de carga´.

Parejana ´cancha donde corren los parejeros o caballos corredores´.

Rodeana ´sitio donde se hace el rodeo del ganado o de la caza´, ´lugar donde se rodea leña´.
Rondana ´lugar donde ronda algún animal´, ´lugar donde se rodean animales´.

Sestiana ´lugar donde se sestea´.

Boliana ´lugar donde se bolean animales silvestres´.

Sombreana ´lugar donde se está a la sombra´.

Tabiana ´lugar donde se juega a la taba´.

Cruzana ´lugar donde se cruza´.

Cuidana ´lugar donde se cuida alguna cosa´.

Danzana ´lugar donde se baila´. En quichua, tusuna.

 

Otro sufijo de derivación prestado al español regional del Noroeste es el verbalizador -cha, que se agrega a temas nominales o adjetivos para formar verbos que significan hacer o crear lo denotado por el tema; y también, quitarlo. A veces está precedido por el sufijo -n, neutro o semánticamente vacío (cuanto más, enfático). Se conocen más de veinte voces con temas quechuas usadas en el dialecto español del Noroeste. Algunas voces con temas españoles son:

Culanchar y culanchear ´recular, retroceder, echarse atrás, acobardarse, tener miedo´.

Puntachar ´aguzar, sacar punta´.

Bolachar y bolanchar ´redondear, dar forma de bola´.

Bolanchao (<bolanchado < bolanchar) ´masa de mistol molido y harina de algarroba o maíz dulce a la que se da forma redondeada´, ´cuajada o quesillo con forma de bola´.

Pilachar ´desnudar´. Derivado del adjetivo regional pila ´desnudo, pelado´.

Tacuchar ´rellenar un hueco, atacar, apretar un taco´.

Maninchar ´ponerle asas a un objeto´ (como ser una olla).

Alanchar ´levantar las alas de los pollos´.

Hilanchar ´tajar hasta que cuelgue la carne hecha tiras delgadas´

Volcachar ´volcar´.

Vueltachar ´dar vuelda´, ´dar vueltas´

Tripanchar ´sacar las tripas´, ´limpiar tripas´.

Creemos que también deberían incluirse aquí dos verbos comunes: tartanchar ´tartamudear´, al que consideramos derivado de tarta ´tartamudo, tratajoso´ (lo mismo que el derivado tartancho, cha) y curcunchar ´encorvar´ (curcuncharse ´encorvarse´), al que consideramos derivado de curco, ca ´jorobado, encorvado, agobiado´ (lo mismo que el derivado curcuncho, cha).
El sufijo quechua de derivación nominal -lo / lu forma a partir de sustantivos, adjetivos y verbos, adjetivos que indican posesión en grado aumentativo y, a veces, despectivo. Por influencia del español suelen tener flexión genérica. Si la vocal final del tema español posee aberturas media suele cerrarse. No creemos que este sufijo sea la adaptación de un sufijo español más o menos equivalente, como -udo, -uda, pues no responde a las reglas de la equivalencia fonética. Asimismo es muy improbable una formación analógica sobre el modelo de santulón.
En el español regional y familiar del Noroeste se conoce una treintena de voces derivadas mediante este sufijo a partir de temas quechuas. Las derivadas con tema español son:

Mudrilo, la ´mugriento, sucio´ (< mudre < mugre). En quichua, mapalu, la.

Caguila ´cobarde, cagón´; también ´mezquino´. En quichua, akalu, la.

Tontulo, la ´tonto, zonzo´. También se emplea la forma tontola ´tonta´.

Pashilo, la ´paseandero´(< pasiar < pasear).

Bumbulo, la ´redondeado, rechonco´, ´persona baja y gorda, regordete´(< bombo). También bumbulito, ta y bombolito, ta.

Cashpilo, la ´casposo´.

Tapalu y tapalo ´botija de barro tapada que se encuentra bajo tierra y contiene miel elaborada por unas abejitas silvestres´.

Turulo, la ´aturullado, turulato, tonto, distraído, loco´. También tuturulo, la.

Tululo, la ´tolondrón, zonzo, aturdido´. También tololo, la.

Pegalo, la ´harina de maíz tostado, cocho de maíz´(< pegar).

Un curioso derivado es la voz muchila ´muchedumbre, montón de gente´, ´un juego en el que se amontonan los niños en busca de alguna prenda´. Así como también tropalo, la ´persona que trata mal a los demás, especialmente a sus servidores´ (que semánticamente se relaciona con tropelía).

Otro sufijo es -la, de derivación nominal atributiva; se une a temas nominales y adjetivos para formar diminutivos, generalmente con gran carga afectiva. Es uno de los pocos préstamos morfológicos reconocidos por Amado Alonso, que lo cita en las voces vidala y vidalitay, pero agrega que "estos antiguos morfemas hoy no se sienten como tales" [9].
Diacrónicamente se originó en el sufijo diminutivo afectivo -lla por despalatalización de la palatal lateral sonora; así es como el santiagueño utula ´pequeño´, ´poco´ corresponde al cuzqueño clásico huch´uylla.

Este sufijo posee bajo rendimiento funcional en quichua, salvo en hipocorísticos. En dialectos regionales del español, sobre todo en Santiago del Estero, se emplea también con temas españoles.
Su uso general ocurre en dos voces: Vidala ´una canción tradicional del Noroeste con coplas octosilábicas, motes y estribillos, acompañada con caja y guitarra´, ´una canción indígena de melodía tritónica, también llamada baguala´. En el quichua local esta voz significa ´vidita´. Vidalita ´varias especies de canciones tradicionales con coplas hexasilábicas u octosilábicas, algunas difundidas por el circo y el teatro´. En el quichua local es un doble diminutivo, el diminutivo de vidala que equivale a ´viditita´.

Por influjo del español este sufijo ha adquirido terminación genérica en algunos casos como en cuñilo, la ´una especie de cuis llamado conejo localmente´.

Es muy empleado en una serie de hipocorísticos: Crishula (Crescencio, cia; Crisóstomo, ma), Crushula (Cruz), Cunshila (Concepción), Cuñilu (Cornelio), Cuñila (Cornelia), Jishula (Jesús), Joshela (José), Rupila (Ruperto, ta), Shutula (Sotelo), Vitula (Victoria), etcétera.
Otro sufijo cuyo préstamo reconoce Amado Alonso, aunque con idéntico status lingüístico que el anterior, es -y, indicador de primera persona en la flexión. Generalmente se emplea en vocativos y su función más importante es señalar un vínculo que varía de cariño a respeto según la relación que exista entre el hablante y el oyente, y según el contexto de la interacción.
Algunas formas se transmiten formando parte de textos poéticos de canciones, danzas, muchas veces como expletivos: viditay ´mi vidita´, vidalitay ´mi viditita´. El acento puede ser grave o agudo según la tradición regional; es agudo en la zona norte del Noroeste por influjo del quechua boliviano, es grave en su zona sur por influjo del quichua santiagueño.

Algunas construcciones registrada en el español rural del Noroeste, además de las ya citadas son: viday ´mi vida´, viditillay ´mi viditilla´, palomitay ´mi palomita´, viejay ´mi viejita´, aguelay y mama viejay ´mi abuela´, mamay ´mi madre´, mamitay ´mi mamita´, tatay ´mi padre´, ´mi papá´ y ´mi padre´ (fórmula de tratamiento a un sacerdote), tatitay ´mi papito´, señoray ´mi señora´, señoritay ´mi señorita´, compañerituy ´mi compañerito´, queridituy ´mi queridito´ (expresiones de cariño híbridas equivalentes a esta última y también usadas en español son añuritay, chunquituy y chunquitay).

 El español rural del Noroeste también ha recibido el sufijo de origen quechua -co / -cu, en realidad constituido por una secuencia de dos sufijos: -ku, sufijo de flexión verbal con valor de reflexivo, indicador de acción realizada en beneficio propio o de acción habitual, seguido por el sufijo -j, nominalizador que deriva voces con sentido de agente. Este segundo sufijo suele perderse en español y algunas veces también en quichua, por lo cual -ku queda como sufijo final. Además, por influjo del español, los adjetivos derivados han adquirido flexión genérica. No debe ser confundido con el sufijo homófono -co / -cu, que posee valor aumentativo, afectivo o despectivo, y cuya filiación está abierta a controversia en muchos casos.

Todas las voces derivadas con el primer sufijo son propias del español rural:

Bambaco, ca ´que camina bamboleándose, balanceándose, con paso inseguro´(< ´que se bambolea´).
Desiacu, ca ´antojadizo, deseoso´ (< ´que suele desear´).

Crushaco, ca ´persona movediza, inquieta, que anda cruzando de un lado para otro´ (< ´que suele cruzarse´).

Shintacu, ca ´tartamudo´ (< ´que suele sentarse o quedarse´al hablar).

Pashuco, ca y pasuco, ca ´caballo de sobrepaso, que levanta simultáneamente la mano y la pata del mismo lado´, ´caballo de paso ligero, entre marcha y trote´(< ´que anda al paso´).

Cinchaco, ´carga liviana que se transporta a lomo de burro´ (< ´que suele cincharse).

Mana casuco, ca ´desobediente´. Frase nominal formada por la partícula negativa quechua mana ´no´ y el agentivo casuco, ca ´que hace caso, que obedece´.

Inshicu, ca ´animal que arquea el lomo´(< ´el que hincha o hinche´).

También podría pensarse en mashaco ´masa hecha con mistol maduro y harina de algarroba´, ´masa de harina de algarroba humedecida´ procedería del agentivo ´que se amasa´, a pesar de la existencia del sufijo de derivación nominal español -aco (despectivo) e incluso de la voz mazacote.
Otros sufijos con menor difusión son usados en zonas rurales con redes de comunicación poco extensas. Por ejemplo en el área de influencia del quechua boliviano se emplea el sufijo de flexión verbal -rpa que indica acción súbita, brusca, rápida, definitiva o total.

Soplarpar ´soplar rápida y repetidamente´.

Acabarpao ´totalmente acabado´.

Sustarpiar ´asustar intensamente´.

También se utiliza el sufijo de flexión verbal -chi, con sentido causativo, de hacer algo:
Gritachir ´hacer gritar´.

Reventachir ´hacer reventar´.

Este mismo sufijo seguido del reflexivo -co, ya considerado, es un constituyente de la voz misachico ´ceremonia religiosa en la que se lleva en procesión la imagen de un santo desde la casa del dueño, hasta la iglesia, donde a veces se le dice una misa´. El significado etimológico de este sustantivo es ´hacer decir misa´. También se emplea el sufijo -chi seguido del sufijo -na, ya analizado, en la voz cortachina ´varias especies de plantas medicinales´, que etimológicamente significa ´cosa que hace cortar o que deja cortar´.

Se podría citar algún otro sufijo usado en el español rural regional, incluso unido a tema español, pero su recurrencia es menos frecuente que la de los citados como ejemplo.

 2.1.3. Otro tipo de aculturación lingüística regional pertenece al campo de las relaciones gramaticales.
La toponimia del Noroeste incluye más de un centenar de denominaciones formadas por dos sustantivos españoles que forman una frase según el modelo quechua especificador + núcleo. Por ejemplo: Punta Corral ´corral de la punta´, Timón Cruz ´Cruz de Timón´, Mula Aguada ´aguada de la mula´, Lechuza Pozo ´pozo de la lechuza´, Unco Esquina ´esquina del junco´, Potrero Bajada ´bajada del potrero´, Oveja Paso ´paso de la oveja´, Buey Rodeo ´rodeo del buey´, Brea Loma ´loma de la brea´, Ceibal Rincón ´rincón del ceibal´, Hoyo Cerco ´cerco del hoyo´, etcétera.

 En el español regional se emplea más de una cincuentena de construcciones similares con el sustantivo quichua sacha ´monte´ seguido por un sustantivo español o quichua. Generalmente se trata de nombre de plantas o animales a los que se clasifica como especies ´del monte´ o ´silvestres´, en oposición a las especies ´de Castilla´. En otras ocasiones se une a denominaciones de profesiones y oficios y tiene el sentido de ´cuasi, seudo o falso´. Algunos ejemplos son: sacha col, sacha higuera, sacha lazo, sacha limón, sacha pera, sacha sandía, sacha cabra, sacha ganso, sacha pava, sacha pollito, sacha médico, sacha maestro, sacha carpintero, etc. Para Lajmanovich se trata de construcciones acuñadas por los españoles y no las considera fenómeno de substrato [10].

Por tradición gráfica se suele escribir los dos componentes aglutinados formando un sustantivo compuesto con estructura sintáctica.

 Otro préstamo del quechua es el uso de lo redundante junto a objeto directo expreso y sin concordancia de género. Corresponde al empleo frecuente en quichua del sufijo de flexión verbal -pu, indicador de que la acción no es en beneficio del actor y que tiene un objeto directo o indirecto de tercera persona. Por ejemplo: te lo vamos a cortar la soga; Tocámelo la chacarera; Atajámelo la yegua; Me lo querían abrir la puerta; No me lo ha curao mis plantas; Escríbamelo una carta; Quiero que me lo hagan no más la escritura; Tomemeló la mitarcita siquiera, etc. Este uso del lo no sólo es común en el habla rural sino también en el habla urbana del Noroeste.
Otras construcciones calcadas de la sintaxis quechua hacen uso del gerundio. Un caso es el empleo de ¿Que diciendo? o ¿Que haciendo? Con el significado de ´¿Por qué?´, ´¿Como?´. Tales expresiones son la traducción del quichua ¿imata nis? e ¿imata ruas?, respectivamente. Por ejemplo: ¿Qué diciendo has quebrao los güevos?; ¿Que haciendo te has lastimao?.
En los bilingües es muy frecuente el empleo de gerundios: Así siendo ´siendo así´; Estoy aconstumbrada a agua llovida tomando; Tía Marcelina viniendo nos reta; ¡Que podiendo ver!; Pechiaban carne pa la madre diciendo; Me he venido olvidando ´me he olvidado´, etcétera.
Posiblemente el frecuente uso de frases verbales con gerundio en le español regional del noroeste sea debido en parte, al influjo del quechua.

En el campo de la sintaxis existe una variación más grande que en otros aspectos del habla, dependiente del grado de relación que poseen los hablantes con otros niveles de iteración social, mas amplios que el meramente local.

Un curioso recurso con función semántica es al reduplicación de las palabras generalmente adjetivos, pero también adverbios, sustantivos y gerundios. El grado de significación disminuye para indicar posesión ´a medias´ de una cualidad o condición, o realización a media de una acción.
En quichua santiagueño se ha documentado unos cincuenta ejemplos de este tipo de reduplicación cuyo modelo podría extenderse a todos los adjetivos e incluso a otras clases de palabras. En otros dialectos quechuas la reduplicación posee valor aumentativo, por lo cual habría que pensar en un fenómeno de substrato prequichua, quizás del kakán (la lengua de los diaguitas), hipótesis que podría basarse en la existencia de voces regionales no quichuas, de etimología desconocida, que son evidentes reduplicaciones: chalchal, puspus (vegetales); plusplus, ulpulpa (arácnidos); shirashira (insecto); shujshuj (pez); colcol, huilbuil (aves); joijoi (una canción tradicional).

Ejemplos de empleo de reduplicación de voces españolas en el español regional del Noroeste son crudo crudo ´medio crudo´, duro duro ´medio duro´, frío frío ´medio frío´, flaco flaco ´medio flaco´, oscuro oscuro ´medio oscuro´, sonso sonso ´medio sonso´, tonto tonto ´medio tonto´, ronco ronco ´medio ronco´, ralo ralo ´medio ralo´, durmi durmi ´medio dormido´, chapu chapu ´mal hecho, a medio hacer´, barro barro ´medio barro´, tira tira ´rotoso´, lejos lejos ´de cuando en cuando, distanciado uno del otro´, poco poco ´medio poco´, encima encima ´uno tras otro uno sobre otro´, cerca cerca ´medio seguido´, pasando pasando ´uno que otro´, pensando pensando ´medio pensando´, lana lana ´medio tonto´, etcétera.

Un rasgo estilístico y mental atribuible también al quechua es el frecuente uso de expresiones dubitativas: !Cómo sería¡, !Cuanto costaría¡, !Por dónde andaría¡, !Vaya a saber qué comería¡. Ellas se emplean no solo para ponderar sino también para responder incluso cuando el interrogado conoce la respuesta exacta.

 3. CONCLUSIONES

El contacto entre las lenguas da lugar a la difusión y adopción de rasgos en todos los niveles estructurales.
Dicha aculturación lingüística debe ser investigada en los diversos modelos y estilo de habla. La focalización en el habla urbana puede llevar a errores por inadvertencias de fenómenos de difusión que sólo se pueden documentar en el habla rural.

El contacto entre dos lenguas de distinto nivel sociocultural da origen a un préstamo mutuo, aunque es mayor el influjo de la lengua dominante sobre la dominada que lo inverso.
En las áreas bilingües se suele hablar de "malas traducciones" al hablar en español o de "mal dominio" de esta lengua. Lo mismo podría decir un hablante de quechua cuzqueño con respecto al quichua de Santiago del Estero cuando, en realidad, se trata de otro dialecto resultante de un prolongado contacto entre dos culturas. Las formas dialectales y subdialectales no deben ser desdeñadas desde un punto de vista teórico; pensemos que las lenguas románicas se originaron, sin duda, en un "mal dominio" del latín (el "latín vulgar").

La realidad lingüística es muy compleja; en toda comunidad existe el buen hablante y el mal hablante, pero el habla viva es un continuum dialectal con varios niveles y estilos, todos ellos importantes para el estudio del cambio cultural en sentido amplio, ya que el cambio de normas lingüísticas es parte integrantes de un proceso de cambio de pautas culturales.
El quechua, como lengua de substrato y de adstrato, ha cedido al español del noroeste rasgos fonéticos, fonológicos, morfológicos, sintácticos y léxicos, más abundantes en el habla rural que en la urbana. A su vez el español ha dado, en todos los niveles estructurales, a los dialectos quechuas hablados en la argentina, en especial al santiagueño, un caudal mayor de rasgos, que no se analizan en la presente contribución.

 

RICARDO L. J. NARDI

Instituto Nacional de Antropología - Argentina.

 

 
 

 

NOTAS

1.- Cfr. MAX LEOPOLD WAGNER, Lingua e dialetti dell´America Spagnola, Firenze, Ediz, "Le lingue estere", 1949, pp 70-72; BERTIL MALMBERG, "L´Espagnol dans le Nouveau Monde. Problème de Linguistique générale". Tirage á part des Studia Linguistica (Lund), I (1947), II (1948), pp 7, 37, 65-66; ALONSO ZAMORA VICENTE, Dialectología española, Madrid, Gredos. 1980, pp 316-317: EMILIO ALARCOS LLORACH, Fonología española, Madrid, Gredos, p 116.  (regresa a Texto Principal) 

2.- RODOLFO LENZ, A. BELLO R. OROZ, "El español en Chile" en BDH, VI, Buenos Aires, 1940, p 249. (regresa a Texto Principal) 

3.- Cfr. AMADO ALONSO, "Examen de la teoría indigenista de Rodolfo Lenz" en Estudios Lingüísticas; temas hispanoamericanos, Madrid, Gredos, 1953, pp 332-398. (regresa a Texto Principal) 

4.- Cfr. AMADO ALONSO, "Substratum y superstratum" en RFH, III, 3 (1941), p 214; MALMBERG, l cit., 7, 37, 65-66; ZAMORA VICENTE, ob. Cit., pp. 316-317. (regresa a Texto Principal) 

5.- Cfr. RICARDO ROJAS, La Literatura argentina, ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el Plata, 2a. Edic., Buenos Aires, 1924, en "Obras de Ricardo Rojas", t. VIII, Los Gauchescos, I, pp 192 y 220. (regresa a Texto Principal) 

6.- MARCOS A. MORÍNIGO, "Difusión del español en el Noroeste argentino" en Programa de filolofía hispánica, Buenos Aires, 1959, p 13. (regresa a Texto Principal) 

7.- BERTA VIDAL DE BATTINI, El español en la Argentina; estudio destinado a los maestros de las escuelas primarias, Buenos Aires, Cons. Nac. de Educación, 1964, pp 67-68 y 104-105. (regresa a Texto Principal) 

8.- Cfr.: AMADO ALONSO, l. Cit., 1941, p. 216. (regresa a Texto Principal) 

9.- Cfr.: AMADO ALONSO, l cit., 1941, P 216, N. 2.  (regresa a Texto Principal) 

10.- DAVID LAJMANOVICH. "Sobre el español de Santiago del Estero", en HuT, III, 8 (1957), pp. 61-62. (regresa a Texto Principal) 



 

 
 

 

 


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