Este artículo fue publicado originalmente en:
SAPIENS Nº3 -  Museo Arqueológico "DR. OSVALDO F.A.MENGHIN", Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Municipalidad de Chivilcoy, Casa de la Cultura - CHIVILCOY - Provincia de Buenos Aires. 1979
 

EL KAKÁN, LENGUA DE LOS DIAGUITAS

Ricardo L. J. Nardi (*)

A mi bisabuela Justina Espinosa de Córdoba,
heredera del duro temple de los Calianos
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0. Introducción. 
Este artículo es una síntesis de nuestros conocimientos de la lengua indígena más importante de nuestro Noroeste. Es el fruto de muchas horas de lectura de fuentes, de anotaciones de campo y de gabinete con intermitencias al tema a lo largo de más de veinte años.
    Siempre hemos conservado la ilusión de poder leer alguna vez los inhallables manuscritos del Padre Alonso de Barzana, pero creemos que ha llegado el momento – antes de traspasar la madurez de nuestra vida – de intentar un balance provisorio de nuestros magros logros y, quizás, despertar el interés de algún investigador más afortunado que nosotros.
    Creemos que la vida se desarrolla por ciclos. Nuestro interés por la Antropología comenzó, por razones familiares, con el estudio de las lenguas indígenas; luego nos formamos académicamente en el campo de la Antropología Cultural.  Al trasponer nuestro cénit cronológico deseamos cerrar el ciclo volviendo con cariño al enigma de la lengua de los Diaguitas, hombres que nacieron, amaron, sufrieron, lucharon y murieron en nuestro Noroeste o extrañados del terruño al que se sentían ligados.
    Somos plenamente conscientes de las limitaciones de este estudio. El material lingüístico de que se dispone no puede tomarse ni siquiera como una muestra de la lengua real. Se puede trabajar con material cuyo significado se desconoce para determinar la fonología y la morfología siempre que se posea un corpus donde hallen documentados todos los casilleros de la lengua.  Con el kakán ello no ocurre; ni siquiera las transcripciones merecen un apreciable grado de confianza. A pesar de ello, creemos justificado intentar arrojar una mínima luz sobre la oscuridad que lo rodea.
    Sólo es posible hacer algunas observaciones más o menos fundamentales sobre su repertorio de fonemas apoyándose en las variantes gráficas de topónimos y antropónimos, y en las voces regionales. No intentamos una reconstrucción fonética ni fonémica. Las sencillas grafías que nos llegaron deben hallarse muy lejos de la representación de los sonidos reales, a juzgar por los juicios de los cronistas acerca de la pronunciación del kakán. Con cimientos tan endebles es imposible construir una estructura firme.

1. Nombre de la lengua. 
El nombre propio de esta lengua parecer ser el de kaká, también aplicado a sus hablantes (Barzana, Lozano); se hallan las variantes caca, kaka, y chaka en otras fuentes (Techo, Cartas Anuas). También se han empleado las denominaciones de lengua caca-diaguita (Cabrera 1917), lengua calchaquí (Techo) y lengua catamarcana (Cartas Anuas, 1594-1595). Para algunos dialectos se ha hablado de lengua capayana (canals Frau 1946) y de yacampis.

2. Extensión. 
Según las fuentes el kakán se hablaba en el valle Calchaquí, Catamarca, gran parte de La Rioja, parte de Santiago del Estero (la sierra y el Río Dulce) y norte de San Juan (río Bermejo, Jáchal y Valle Fértil) (Barzana, Canals Frau 1951, Furlong, Espejo).

3. Conocimiento por parte de europeos y criollos. 
El kakán nunca fue una lengua general, por ello no fue muy frecuente su aprendizaje. Citaremos algunos nombres registrados por los cronistas, las Cartas Anuas de la Compañía de Jesús y otros documentos.
El P. Alonso de Barzana comenzó su estudio en 1585; lo aprendió luego de mayo de 1588 y antes de fines de 1590 (Furlong). Barzana y el P. Pedro Añasco compusieron por 1590 preceptos gramaticales y vocabularios; Barzana también escribió doctrina cristiana, catecismo, homilías, sermones, confesionario y plegarias en kakán, pero nunca llegaron a ser publicados (Cartas Anuas, 1594-1595). Varios otros sacerdotes hablaron esta lengua:  Diego Juárez (1592), los PP. Fernando Monroy y Juan Viana (1600); los PP. Juan Romero y Gaspar de Monroy, que llegaron a componer canciones devotas (los Diaguitas gustaban de los cantares a lo divino en su lengua), catecismo y pláticas en kakán (1601); los PP. Juan Romero, Juan Darío y el Hno. Antonio Rodríguez (1603), el P. Horacio Morelli (1609), el P. Diego de Boroa (1611), el P. Juan Bautista Sansoni (1618-1619), los PP. Juan Cereceda y Antonio Macero (1631), Fr. Antonio de Andrada (1640). El P. Hernando de Torreblanca fue intérprete de kakán del famoso aventurero que se hacía llamar Pedro de Bohórquez Girón (1657). El P. Joseph de Ancheta era el único que sabía la lengua de los extrañados Quilmes en Buenos Aires (1666).  Algunos sacerdotes, luego de aprender esta lengua, señalaron que los intérpretes los habían engañado “diciendo mentiras y una cosa por otra”.
    También había laicos que hablaban esta lengua, como el residente en la ciudad de La Rioja Cristóbal Pereira, que ofició de intérprete en una información de 1594, o el escribano Juan de mena (1617), el cabo del fuerte del Pantano Antonio Calderón (1642) y los Protectores Generales de naturales, como Francisco Bernardo Picón (1667).

4. Supervivencia de la lengua. 
En un primer momento la administración española  y la Iglesia apoyan el aprendizaje de las lenguas indígenas y la difusión de las lenguas generales (el quechua en nuestro Noroeste). Pero la tendencia a obligar el aprendizaje del español por parte de los indígenas va tomando auge. En 1634 y 1636 se dispone que sea enseñado el español a todos los indios.
    En el caso del kakán su declinación se acentúa por el extrañamiento de parcialidades luego de haber sido sofocado el alzamiento de Chalimín (1630-1643), luego del fracaso de la rebelión incitada por Pedro Chamijo (a) Pedro de Bohórquez Girón (1658-1659) y luego de los triunfos logrados en subsiguientes guerras llevadas por el gobernador Alonso de mercado y Villacorta (1659 y 1665).
    Sin embargo, en 1683, en Tocpo (Tucumán) los indígenas extrañados de Catamarca aún hablaban mal el quichua porque comúnmente hablaban su propia lengua; los viejos sólo sabían la lengua calchaquí y muchas mujeres no hablaban ni entendían el quichua (Larrouy 1923, p.357).  En 1713, en Campogasta (Chumbicha, Catamarca) una mujer calchaquí “todavía no pronunciaba bien el idioma del Cuzco, y sólo se acomodaba al suyo” (Larrouy 1914, p.12).
    En 1770 una Real Cédula ordena que se pongan en práctica medios para conseguir que se extingan los diferentes idiomas indígenas y que sólo se hable castellano.  El gobernador de Tucumán Gerónimo Matorras, en su segunda gobernación (1772-1775), toma medidas para desarraigar las lenguas indígenas:  crear escuelas para enseñar a leer en castellano; doctrinar en castellano; empleo obligatorio del español en casas de ciudad para hablar a los hijos y sirvientes, y en las casas de campo y haciendas para hablar con los criados; obligación de saber castellano para poder ser nombrado cacique, alcalde, fiscal, etc.

5. Rasgos generales. 
Marcos A. Morínigo, al ocuparse del español de nuestro Noroeste, señala la existencia de dos tipos de entonación pero no da los rasgos fonéticos (acentos, alargamientos vocálicos y curva tonal) que las caracterizarían. Uno de ellos, el tipo montañés, se extendería desde las sierras de San Luis y Córdoba hasta el noroeste de la provincia de Salta, incluyendo toda La Rioja, toda Catamarca y parte montañosa de Tucumán y Salta (valles Calchaquíes) (p.674-75). Cree Morínigo que la entonación montañesa es lo único que queda claro, inconfundible, de la desaparecida lengua cacana que en el siglo XVII se hablaba todavía en toda la zona montañesa del noroeste argentino. “Ningún otro rastro quedó de dicha lengua, ningún vocabulario, ninguna gramática que nos haga saber algo de ella” (p.99).
    Nosotros creemos que es posible que haya quedado algún substrato kakán en la entonación del Noroeste sobre todo en la extraña curva melódica y la acentuación en primera sílaba de algunas palabras dentro del grupo fónico que ocurre, por ejemplo, en ciertas regiones riojanas. Pero disentimos con la opinión del distinguido estudiosos cuando dice que ningún otro rastro quedó de dicha lengua; creemos que el presente trabajo mostrará la persistencia de varias voces y, con ello, la posibilidad de traducir algunas expresiones kakanas.
    Muy generales y vagos son los datos de las fuentes acerca de las características de esta lengua.  Se la califica de “revesado Idioma” (Lozano, Hist.Comp.,T.1º,p.16), de lengua “sobremanera reservada” (id.,p.16), “por extremo reservada” (id.,p.47), “estrañamente dificil” (id.,p.423), “sobremanera dificil” (id.,p.16); se dice que “no es fácil de expresar en Idioma tan dificil” (id.,p.426), que el P. Barzana afirmó que se trataba de la lengua “mas dificultosa para mí de quantas he aprendido” (id.,p.83) – aunque en una carta de 1594 Barzana escribió que el guaraní “le ha costado más trabajo que otra ninguna”.  El P. Diego Francisco de Altamirano (Cartas Anuas de 1653 y 1654) lo llama “dificil y barbaro lenguaje”; Lozano (Hist.Comp.,p.16) lo trata de “aspero Idioma”, “imperceptible” (id.,p.423), “tan gutural que parece no se instituyó para salir á los labios” (id., p.16) e insiste en que “se forman sus voces en solo el paladar” (id.,p.47) y lo caracteriza como “muy gutural, que apenas le percibe quien no le mamó con la leche” (id.,p.423).

7. Consideraciones fonéticas y fonológicas. 
No sabemos qué connotaciones articulatorias posee la calificación “gutural” empleada por Lozano (¿sonidos velares y faringales?); en cambio, el dato de que la articulación es “solo en el paladar” es algo menos vago que el anterior, aunque no muy restringido.
    Sin embargo, se hallan grafías que corresponden a sonidos de varias series. Pertenecen a la serie labial p, b, f, m.  La b parece corresponder en la mayoría de los casos, dadas las grafías alternantes, a una consonante continua sin fricción (w)  antes que a una oclusiva labial.  Obsérvese, por ejemplo Caliba / Caliva / Caliua, Aballay / Ayallay / Auallay, Santaba / Santagua, etc.  Pero queda un pequeño residuo en el cual se trataría de una oclusiva labial sonora: Pimbú (topónimo calchaquí de 1601), los antropónimos Fiblea, Curbay, y algún otro caso.
    Existen grafías de la serie dental o alveolar: t, d, s, n, l, r. La d no parece ser muy frecuente pues solamente aparece en algún apellido: Dicaño (un indio forastero de Córdoba), Bindus / Vindus (un Caliano), lo mismo que en algunas voces regionales. Por otra parte, debemos hacer notar que los Diaguitas del río Dulce de Santiago del Estero hallados en las andanzas de Francisco de Mendoza (1544) fueron llamados por cronistas del primer momento Yunguitas o Yugitas, lo cual hace sospechas en una africada dentoalveolar sonora o en una oclusiva palatal sonora, en lugar de una oclusiva dentoalveolar. La existencia de r es muy dudosa.  Aparece en algún apellido Quilme (Matapar, Lercaro) y en muy pocos topónimos (Ambargasta, Ambirigasta); además, en algún caso, alterna con l (Matalal, Ambalagasta); no se han aislado morfos comenzados por r.
    La serie palatal es una de las más empleadas: ch, sh, ñ, ll.  Es interesante su alta frecuencia en el habla regional del que fue hábitat de los Diaguitas. En la toponimia y antroponimia indígenas también ocurre lo mismo, salvo la poca frecuencia de sh en las fuentes históricas, quizás por la falta de medio gráfico de representación en el momento de gran cambio fonético y fonológico del español. La palatal continua sin fricción (y) también es muy frecuente.
También se hallan grafías de la serie velar:  k (c, qu), g, j.  La oclusiva sonora parece haber tenido existencia real, como lo mostrarían los apellidos Sigamba, Sagante, Mulogon, Magullate. La fricativa j sin duda formó parte de su sistema fonémico, como lo muestran el léxico y la toponimia regionales con gran número de ejemplos (jasi, jana, jume, jushi, piji, pilliján, alijuche, etc.).
Muy probablemente existió una serie postvelar (de allí la calificación de “gutural” ?) como lo atestiguarían algunas voces que entraron a formar parte del léxico quichua santiagueño y poseen fricativa postvelar sorda (wajjalo, sajjasta) y sonora (mishogga, ochoggo). Asimismo las grafías alternantes en antropónimos como Cuchicta / Cuchigta / Cuchixta, etc. podrían indicar una postvelar.  No sabemos si existió la oclusiva postvelar sorda (q), pero en el quichua santiagueño aparece en la voz wago (un ave acuática), que pensamos corresponde al  conocido topónimo kakán Huaco.
Tal vez existió la laringal h, como lo estarían indicando las grafías ahaho ‘pueblo’, Camanha, Quichanha, Quinhapi y otros antropónimos kakanos.

      Para finalizar este tema solamente queremos señalar la fluctuación gráfica entre sorda y sonora (la cual debe originarse en la tradicional mala audición de los españoles frente a las lenguas indígenas), la correspondencia entre ch y t, y la existencia de grupos consonánticos no usuales en español, como -pc- (-bg-),-mll-, -ms-, -dp-, chc-, -shc-, lc-, -llj-, -llm-, -cch-, -cll-, gp-, -js-, -jt-, -jch-, -jc-, jl-, ll-, -jñ-, -gp-, -gc-.

8. Dialectos.
La existencia de dialectos dentro del kakán surge con claridad de una afirmación de Lozano: las parcialidades del valle de Calchaquí hablaban un mismo idioma Kaká,  “aunque los Diaguitas y Yacampis le usaban más corrupto” (Hist. Comp., t.1º, p.423). Techo dice que los Diaguitas (de Catamarca) eran de lengua afín a los indígenas del valle de Calchaquí (Tomo quinto, libro décimotercero, cap.III, p.147). Además, una relación del P. Hernando de Torreblanca dada a conocer por Francisco de Aparicio nos informa de que hacia 1639 el gran lenguaraz Antonio Calderón, revisó un vocabulario de la lengua calchaquí y lo comparó con la lengua hablada en el fuerte del Pantano y otros lugares de la jurisdicción de Londres (Catamarca). Según concluyó, la lengua era la misma en lo substancial aunque “en muchos casos de la pronunciación variaba” (Canals Frau, p.51).
A esto se deben agregar otras informaciones. Según un dato publicado por el P. Pablo Cabrera (1917), en 1594 dos caciques de los Llanos de la Rioja hablaban en lengua capayana, que era traducida a la caca-diaguita por el indio Periquillo.  Otro documento publicado por Canals Frau (1946) nos dice que en 1591, para la posesión de una encomienda de indios capayanes riojanos actuaban interpretes que sabían la lengua ayacanbis o yacanpie (yacampis) y otros que sabía la lengua capayana.
Debemos aclarar que un cacique yacampis se llamaba Santagua (Santaba es apellido diaguita) y un cacique capayán era Cilpitocla, apellido éste muy conocido entre diaguitas y calchaquíes.  Además, en 1588, según Lozano, en el valle Calchaquí había una parcialidad llamada Yacampis.
Pensamos que tanto el Yacampis como el Capayán eran dialectos del Kakán y no lenguas distintas.
Eusebia H. Martín (1969-1970) postula la existencia de un cacán septentrional y de un cacán meridional.  El primero se caracterizaría por el empleo de las formas -ao, -aho, -ahaho ‘pueblo’.  El segundo, por el empleo de la forma de significado equivalente -gasta.
Creemos que una subdivisión lingüística basada en la oposición de un solo par de palabras no tiene sustento científico.
Por otra parte según la misma autora (Martín 1964, p.25) la mayoría de las formas -gasta se hallan al sur del paralelo de 28º S y la mayoría de las formas -an al norte del mismo.   
Ello puede surgir del estudio de la toponimia actual, luego del extrañamiento de los Diaguitas y de la variación de muchos topónimos. El análisis de las fuentes de los siglos XVI a XVIII da un panorama algo distinto. Por ejemplo, al norte del paralelo de 28º S habría que agregar a la toponimia actual los siguientes nombres documentados:
En Santiago del Estero: Tatingasta, Toamagasta, Collagasta, Tuqiligasta, Paquingasta, Chiquilagasta. En Tucumán: Yalapagasta, Tafingasta, Tucumangasta, Guacaragasta, Tavigasta, Suhagasta, Cascagasta, Ampatagasta, Pissigasta. En Catamarca: Tucumangasta, Paquilingasta, Yngagasta, Asabgasta. En Salta: Ambirigasta, Sichagasta,  Chuchagasta, Taquigasta,  Atachigasta, Ampacgasta.
Con esto se diluye bastante el predominio meridional del -gasta. Además, su penetración oriental a lo largo de los ríos  Dulce y Salado, donde no se halla -vil, son un apoyo a la afirmación de Lozano sobre su filiación tonocoté, de cuya lengua puede haber pasado al kakán.
Asimismo, haremos notar que -vil se halla actualmente al oeste del meridiano de 65º 50’ O, como afirma Martín (1964, p.25), pero en 1954, se registró el topónimo Quillovil en el norte de Córdoba, aproximadamente a los 63º 45’ O (Montes 1950, p.50). Por otra parte, el área lingüística 3 (SE) del Noroeste que establece Martín (1964. p.26), la cual sólo poseería la forma -gasta, según las fuentes históricas también conoció las formas -ao (por ejemplo, Pasao, en Santiago del Estero, y Niquijao, en Catamarca) y -vil (el ya citado Quillovil, en Córdoba), aunque su vigencia sea mucho menor que en otras áreas.
Nosotros aceptamos la existencia de por lo menos un dialecto septentrional (calchaquí) y otro meridional (diaguita) del kakán, caracterizados según un experto intérprete por diversidad fonética (probablemente también fonémica, agregaremos). Pero aclaramos que para esta división no tomamos en cuenta el empleo de ahaho o de gasta.

9. Clasificación. 
Es imposible realizar una clasificación basada en rasgos lingüísticos de una entidad que carece de documentación apropiada. Por ello, todos los ensayos realizados hasta el momento carecen de validez. Uno de los criterios más empleados como substituto ha sido el de área cultural. Por ello, el kakán suele ser clasificado como lengua andina.  Se ha querido asignar a dicho término una connotación lingüística; sin embargo, su valor operativo desde el punto de vista histórico y genealógico para nosotros es desdeñable.
Tovar (p.31) prefiere emparentar al kakán con el atacameño (kunsa) por los “rasgos comunes” en la toponimia, como ya había sugerido Rodolfo R. Schuller en 1908 y como hicieron el P. Wílhelm Schmidt (1926) con un grupo Cunza-Diaguita y J.Alden Mason (1950) con su grupo Ataguitan.  Pero debemos aclarar que tales rasgos se reducen a terminaciones de grafías cuyo significado y correcta pronunciación en ambas lenguas se ignora en casi todos los casos.
No tiene asidero colocar al comechingón dentro del diaguita, como hicieron Walter Krickeberg y P. Schmidt.  Menos aún colocar al kakán, sanavirón y vilela en la familia Vilela, como pretendió Chestmir Loukotka, El vilela es suficientemente conocido como para poder rechazar su relación con el kakán, salvo algún préstamo léxico fortuito debido al contacto que existió en la frontera santiagueña.
Otros autores locales con mucho menor conocimiento lingüístico han creído ver semejanzas con el huarpe o el mapuche. Muy prudente estuvo Imbelloni al considerar al kakán como lengua extinta e inclasificada del Noroeste. No lo citan en sus clasificaciones modernas entre otros, Sol Tax y Charles F. y Florence M..Voegelin.

10. Observaciones críticas metodológicas.
La búsqueda en archivos y repositorios documentales para tratar de hallar los manuscritos de artes, vocabularios y otros materiales lingüísticos kakanos elaborados por los misioneros ha resultado infructuosa hasta ahora.
Otra vía ensayada ha sido el análisis de la toponimia.  Las dificultades con que se han enfrentado los ensayos realizados han sido enormes. Es muy difícil trabajar con secuencias de sonidos cuyo significado es desconocido.  Por una parte, se ha perdido mucho tiempo con especulaciones de gabinete; en otros casos, loas autores han carecido de dotes de observación y registro, en los trabajos de campo.  Se ha desdeñado muchas veces el recurrir a 1os “yarcos”, los “pilillos”o las “hilachitas”, poseedores de un rico tesoro lingüístico.
Es un grosero error recurrir indiscriminadamente a interpretaciones mediante otras lenguas indígenas cuando se sabe por los cronistas que el kakán era una lengua particular, distinta de las otras conocidas.  Para aceptar la posibilidad de préstamos hay que ejercer una rigurosa crítica y en este punto se ha mostrado una ignorancia total de los procesos de aculturación. 
Además, cada lengua posee una tradición en cuanto a los modelos expresivos y, por otra parte, un sistema propio de encasillamiento de la realidad.  Por ejemplo, en alguna lengua el casillero agua podría connotar no solamente en concepto de elemento agua, sino también nuestros conceptos de río, arroyo, manantial, etc.  Las posibilidades en cuanto a modelos de construcción y a referencia a rasgos o notas de los objetos son infinitas,
Otro hecho que debe destacarse, más aún en el caso de 1os que deben trabajar con expresiones de significado desconocido, es que el nombre de un accidente geográfico no implica necesariamente una referencia a un rasgo físico esencial del mismo.  Por ejemplo, si bien un río puede llamarse Agua Blanca, el nombre de otro puede no hacer ninguna referencia al agua; podría ocurrir que su denominación se refiriera a un cerro próximo, a un hecho sucedido en sus inmediaciones o a cualquier otro accidente. Lo mismo vale con cualquier otro rasgo físiográfico.
Muchos estudiosos que han contribuido con importantes trabajos históricos, lexicográficos o de otra índole han incurrido en graves errores al especular sobre la toponimia del área diaguita.
Un error por desconocimiento es tomar como kakanas voces españolas o de otro origen, como hizo Adán Quiroga con aloja, chamiza, chifle, iguana, mogote, sotrera, tuna, y otras, o considerarlas indigenismos, como fue el caso de Lafone Quevedo con aloja, cocho, chicha, hozar, jarana, jarilla, jején, macho (‘mulo’), manta, noque, paila, pegual, pericote, salamanca, sébila, sucucho, uraco, yoli, etc.
Además, estos improvisados lingüistas se han movido con gran desaprensión en el peligroso campo de las etimologías.  Para ellos no había barreras, echaban mano a secuencias de sonidos de cualquier lengua, creaban curiosos cocktails con desconocimiento de las estructuras morfo-sintácticas, de las equivalencias fonéticas y de la historia étnica 1ocal, Por otra parte, cuando recurrían al quechua citaban dialectos peruanos, ignorantes de los dialectos argentinos,
La etimología que hace Lafone Quevedo del apellido kakán Balinchay (p.68) es  un ejemplo de desatino lingüístico; lo mismo puede decir del caso del topónimo Bilgo (p.71) y de otras voces más.  Le daba lo mismo recurrir al mapuche, al quechua, a las lenguas del Chaco o al kakán supuesto por él. El prestigioso P. Pablo Cabrera, en diversas obras publicadas en un lapso de más de veinte años, fue otro campeón en la falta de respeto por la morfología y la sintaxis indígenas.  En sus escritos se puede hallar extraños híbridos del quechua con el vilela, el jurí, el lule, el kakán, y también del aymara con el vilela.  Incluso halló rastros de lengua atacameña en Córdoba.
Con algo más de mesura, el Prof.  Antonio Serrano creyó inferir la presencia de un substrato lingüístico muy antiguo, quizás un “primitivo” aymara, “que se extendió por gran parte del territorio argentino hasta más allá de Córdoba y San Luis” (1936,p.13); más tarde (1945, p.320) consideró que ese “preaimará” no podría ser más que el cunza; también afirmó que parece evidente la vinculación del kakán con el aymara “sea como forma dialectal de arrinconamiento o por aportes lingüísticos substanciales a lenguas preexistentes” (1936, p.13).
El Dr. Manuel Lizondo Borda (1938) tuvo la curiosa idea de interpretar nombres seguramente kakanos (como Balasto, Anfama, Aconquija, Tucumán, etc.) mediante étimos aymaras con total desconocimiento de la morfoxintaxis y las correspondencias fonéticas.  Además echó mano de híbridos del aymara y kakán o aymara y lule, De todas sus especulaciones dedujo que el kakán, sí no fue aimara puro, fue nada menos que un dialecto del mismo con influencia del kunza, lule y tonocoté,
El Dr. Orestes Di Lullo, autor de muy importantes trabajos sobre el folklore de Santiago del Estero, también cayó en el error de inventar híbridos de aymara con abipón, quechua con toba, lule con kakán, quechua con araucano, etc.; asimismo consideró indigenismos a voces de segura filiación española, como cincha, salamanca, uraco; o derivó del quechua la voz malacate.  Un solo ejemplo es suficiente: el topónimo Anchalco lo interpreta como ‘peña alta del perro’ forzando al kakán y al quechua, o como ‘alto o loma del perro malo’ o  ‘loma mala del pero’ abusando del quechua, kakán y araucano (p.41).
Julio S. Storni, que - para usar una brillante expresión que oí una vez de una persona muy aguda - poseía una “ignorancia enciclopédica” en cuestiones de método lingüístico, nos ofrece la siguiente etimología del topónimo tucumano Vipos: del quechua wich, wi ‘cuesta’ y pu ‘acción realizada en contra’, o sea ‘pendiente u cuesta dificultosa’. En realidad, se trata del nombre de un pez, el wipo, conocido en Tucumán y Santiago del Estero, incorporado al quichua santiagueño y seguramente de origen kakán.  Se podrían multiplicar las citas con desatinos.
Rogelio Díaz L. y Rogelio Díaz (h) son otros campeones del desconocimiento metodológico:  Niquivil lo derivan del lule; Gualilán, del araucano y vejez, Malimán, del araucano.
José Vicente Solá, autor de un muy importante diccionario con voces recogidas en la provincia de Salta, aunque en general elude las cuestiones etimológicas oscuras, no pudo escapar a la tentación de hacer alguna deducción equivocada como es la etimología de la voz mistol (nombre seguramente kakán de una planta) mediante el quechua miski-tullu, que él traduce ‘cosa dulce’ (tullu es hueso y, además, en el sur de Salta - como en Santiago del Estero - el adjetivo se pospone al sustantivo).
Antonio Serrano (1936) hace una lista de 17 voces y variantes, para él indudablemente kakanas, pero comete dos errores: querer interpretar el kakán mediante el quechua y el aymara y considerar kakanas voces quechuas ( por ej., occotti, corota, pecana).
No queremos dedicar más espacio a las citas de graves errores cometidos por aficionados; creemos que basta con la pequeñísima muestra ofrecida. Al mismo tiempo, consideramos un deber de justicia volver a ocuparnos de Samuel A. Lafone Quevedo, el más ilustre de los aficionados al estudio de las lenguas indígenas de la Argentina.  Él también pensó que la lengua atacameña posiblemente era un “codialecto” del kakán y en el capítulo VI de su Tesoro de Catamarqueñismos suministra una lista de 24 voces y “terminaciones” de supuesto origen kakán (entre ellas se hallan las voces quechuas cocavi, churqui y caraguay). Pero en el texto del Tesoro se hallan unas 50 voces posiblemente kakanas entre más de 100 que para él podrían ser de tal origen, y dicha contribución es valiosa.
Lafone Quevedo poseía gran “olfato” filológico y algo de lo que él afirmó guiado por su intuición e imaginación luego recibió apoyo documental.  Queremos citar un ejemplo: la terminación ango o anco figura con cierta frecuencia en la toponimia del área diaguita.  Lafone Quevedo dijo que “muy bien puede encerrar la raíz co, agua” (p.30); otra interpretación que hizo fue “una aguada o manantial ubicado en una falda, An” (p.31) y, por fin “faldas o costa”; an, alto; y cu, partícula de pluralidad; esto es si en ango no tenemos la voz cacana que diga “agua”“(p.169). Comprendemos su vacilación ante los étimos alternantes. Por una parte influye el ko ‘agua’ en lengua mapuche y el pretendido morfema que él  aisla en el quechua yaku ‘agua’.  Por otra parte piensa en el cuzqueño clásico hana ‘encima, arriba, parte superior’ (en dialectos argentinos ánaj). Como luego veremos, la verdad - intuida por él - es que ango significa ‘agua’ en kakán.

11.    Material léxico conocido. 
Hasta el momento la fuente más importante que explícitamente consigna voces kakanas es el P. Pedro Lozano.  El rescató las siguientes expresiones:

Ahaho.  “El nombre, pues, de Tucumán se tomó de un cacique muy poderoso del valle de Calchaquí, llamado Tucma, en cuyo pueblo, que se decía Tucmana haho (nombre compuesto de dicho cacique, y el de haho que en lengua kakana, propia de los Calchaquíes, quiere decir pueblo) /.../. “A la verdad, era uso común de estas provincias, intitular los pueblos del nombre de los caciques, como se reconoce en la lengua misma kakana en los pueblos de Colalahaho, Jaymallaaho /.../ “(Hist.Conquista, t.primero, cap.VII, p.174). El P. José Guevara (p.165) lo sigue bastante fielmente, pero en su obra los topónimos presentan una variante: Tucumanahaho, Colahaho y Taymallahaho.

Cacanchic. En Santiago del Estero (1586) en el tiempo de la recolección de los frutos se reunían para adorar a Cacanchic- “á quien /.../veneraban, y ofrecían en sacrificio sus asquerosos licores y gran cantidad de aves muertas: llevabanle sus enfermos, para que los curasse y dedicaban a su servicio algunas doncellas de catorce, ó quince años, de quienes se aprovechaban para abominables torpezas los Hechiceros sus Ministros, por cuya boca sus oráculos, con palabras tan amphibologicas, que pudiessen rara vez convencerlos de engañosos.  Apareciaseles á estos, en forma visible /.../” (Hist.Comp., t.primero, lib.primero, cap.IV, p.16). Guevara (p.343) repite que cuando el P. Alonso de Barzana salió a recorrer los ríos Salado y Dulce los indígenas “tributaban adoración a Cacanchiz, númen juguetón, que ya visible, ya invisiblemente (así lo atestiguan los hechiceros) daba enigmáticos respuestas /.../”.  También el Provincial Francisco Vásquez Trujillo nos dice que, en 1629, los P. Juan de Cereceda y Pedro de Herrera fueron en misión a los ríos Salado y Dulce y hablaron de “muchos hechiceros /... / que conjurando a sus casas al demonio (que ellos llaman Cacanchig) /.../ le dedican muchas vírgenes en las quales vive muy torpemente el hechicero /../” (13a. Carta Anua, 628-1631, t.XX, p.394). No vacilamos en colocar esta voz en la lista de las kakanas porque posee el tema cacan y el final chic/ chig / chiz  conocido en nombres indudablemente kakanes.

Caylle.  Dice Lozano que en el valle de Calchaquí “rendían culto también /.../ á otros ídolos, que llamaban Caylles, cuyas Imagenes labradas en laminas de cobre traían consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, y assi dichas laminas, como las varitas emplumadas,  las ponían con grandes supersticiones en sus casas, en sus sementeras, y en sus pueblos”. (Híst.Comp., t.1º, lib.tercero, cap.XVIII, p.1125).

Coro. “Usaban / ...  / para la guerra /.../ teñir las flechas con las raíces de yerva llamada Coro, porque /... / se persuadían quedaban acobardados sus enemigos, y posseídos del miedo, sin atreverse a resistirles,” (Lozano, Hist.Comp., t.1º, lib.tercero, cap.XVII, p.425). En 1658, en Campanas (La Rioja) Pedro de Bohórquez Girón “mandó echar en la chicha ciertas raíces molidas que llaman Coro y son mas eficaces para embriagar, é invocando al demonio bebió y brindó a los circunstantes “(Lozano, Hist. Conquista, t.quinto, lib.quinto, cap.IV, p.92-93). Colocamos esta voz en la lista a pesar del sonido r, que parece ser de existencia dudosa - o por lo menos, dealectal- en Kakán, y a pesar de las etimologías puestas mediante el quechua kuru ‘gusano’, porque una planta alucinógena de uso shamánico tan apreciado creemos que debe tener nombre en la lengua local.   

Gasta. Dice Lozano que "en la lengua tonocote /.../ es pueblo en /.../ Monogasta, Cochangasta, Nonagasta, Sanogasta, Chiquiligasta /.../ "(Hist. Conquista, t. primero, lib. primero, Cap. VII, p. 175). Guevara (p. 165) lo repite pero trae la forma correcta de los topónimos Nonogasta, Sañogasta; habría que corregir a Lozano también en el caso de Manogasta.

Pilla-jacica.
   Informa  Lozano que  "al apuntar las mieses" los naturales del valle de  Londres  "celebraban  un género de sacrificio, intitulado en su idioma  pilla-jacica y era  salir á  caza;   y del primer guanaco o liebre que cogiesen, guardar la sangre, con la cual rociaban los frutos primeros, que colgados de algún algarrobo, u otro árbol, los consagraban al demonio, que se dejaba ver á veces de los hechiceros /.../ "(Hist. Conquista, T.primero, lib.primero, cap.XIX, p.429-430). Esta ceremonia recuerda a la fiesta del Chiqui descrita por Adán Quiroga (1897, 1929), Lafone Quevedo (1898,1927) y Juan Alfonso Carrizo (1942,tomo III, p.432-435).

Titaquin.  En San Carlos, valle  de  Calchaquí,   en 1658, "los  bárbaros  se confirmaron en su engaño,  llamándole /a Pedro de Bohorquez  Girón/ á  boca  llena  su señor y rey,   que esto significa el título de Titaquin,  con que le apellidaban en su lengua." (Lozano, Hist. Conquista, t. primero,   lib. primero,   Cap.VII,   p.174).

Zupca.   Los  PP.   Juan  Darío  y Diego  de  Boroa  por 1611,   en Malle o el valle  de Anconquija, "derribaron algunos adoratorios, que en su Idioma llaman Zupca,  que  significa lugar de  los  sacrificios,  y lo daban bien á entender las señales, que allí  vieron".(Lozano,  Hist.Comp., tomo segundo,  lib. sexto, cap.V,  p.295)

A  estas  voces  hay que  agregar:

Ango.  Dardo de la Vega  Díaz  (1944, p.12,  198,  199)  cita un dato valioso. Por 1719  se da posesión de la nueva merced de Cabaibil (Angulos,   La Rioja)  y se  dice que al norte  hay "una aguada que por lo tenue la llaman aguada de los pajaritos y en la  lengua natural Esmiango". El acta  de posesión confirma que  Ismiango  significa   ‘aguada  de  los  pajaritos’.  Hay que   destacar que  en el Noroeste  se han  documentado las voces isma / ishma como  denominaciones  de  pájaros  (a veces,  el zorzal o el mirlo).   No creemos acertada  la  etimología  quechua  isma  ‘excremento’,  voz no  documentada en dialectos argentinos sino en peruanos y ecuatorianos.

"Ensamisajo”. Lafone  Quevedo  (p.28)   dice  que  se  trata  del nombre de una altura que separa la cuenca de Sínguil de la de Catamarca y, según una vieja escritura, "quiere decir en lengua de los naturales cabeza mala”. El citado autor dedica casi dos páginas (28 y 29) a analizar dicha expresión pero mediante lenguas chaqueñas! Si el dato es correcto seria otra de  las  pocas expresiones traducibles del kakán.

12. Análisis morfológico.
Con esto no hemos  agotado las  posibilidades de estudio de esta lengua. Casi todos  los  autores  que se  ocuparon del kakán han adelantado traducciones hipotéticas de  ciertos  componentes;   como ejemplo, citaremos vil, que se ha interpretado como “pueblo, comarca, paraje, río, valle, aguada’;  aha / apa ‘jefe, cacique, hombre de pro’. Dejando de lado tales especulaciones, el análisis de los topónimos y antropónimos, sobre todo históricos, nos permite aislar numerosos componentes, probablemente correspondientes a alomorfos o morfemas. La mayoría son seguramente libres; algunos parecen ser ligados (sufijos) y los indicamos mediante la precedencia de un guión.
Sabemos que estamos haciendo un uso algo abusivo del concepto de Morfología porque no pretendemos describir las clases de palabras del kakán, ya que ello es imposible, sino simplemente aislar probables morfos. Nuestra finalidad es confeccionar una simple lista mórfica (si es que este neologismo sirve para definirla).
Las variantes gráficas permiten hacer algunas deducciones acerca del valor fonético de las mismas, corno es el caso de la reconstruída w. Otros morfos comenzados por b o v casi seguramente se hallan en el mismo caso, pero la ausencia de variantes gráficas nos ha obligado a conservar las escrituras  de  las  fuentes.
Para el estudio de la antroponimia nos ha sido muy útiles los trabajos de Boman, Lafone Quevedo, Sors y la importante contribución de Martín (1963). Para la toponimia histórica hemos utilizado cronistas y documentos publicados por diversos estudiosos.
Por mínima experiencia que se tenga con lenguas extrañas, los componentes del kakán se muestran con una luminosa evidencia. Desgraciadamente, la mayor parte de su toponimia y su antroponimia es intraducible. He aquí la lista de probables alomorfos o morfemas (es posible que en algún caso de trate de una secuencia de dos morfos o morfemas). Veremos que unos pocos son susceptibles de una traducción con cierto fundamento:

abilin

-ac / -aj

aca

acan

aco / acu / ago

acha / asha / hacha

achau

achí

achu / acho

ahaho / au / a o  / aho  / ahao

ajla

alan

alca

alfan

ali

alibi / alibe

alsa

alsi

alta

alu / alo

alva

alla

aman

amay

ambala / ambara / ambar

ambla

ambli / amble

ami

amil

ampa / amba

ampaj / hampag / hampas

an / am

ana

anca / hanca

ancu / anco

ancha

anchac

anchi

 

anchu

andal

anga

anguin

ango / anco

ani

anju

anqui

anquill

anquij

ansil

anso / anzo / anzu

anta

antofa

anu

aña

apa

apoca

aqui

aquin

as / ash / aj

asa

asab

asal

asawa (asahua, asagua)

asca

asi / ase

asin / asen

aso

asto

ata

atachi

ati

au

ausa

auti / hauti

awa (aba, ava, agua, ahua, aua)

awan (aban, aguan)

awau (abau)

 



   

ay

aya

ayca

aycu/ aycuj

ayj

ayma

aymo

aysa

ayu

ayuj

ayun / ayum

baji / vaji / bagi

bicam / bican

bila / vila

bili

bilis

bilin

bindus / vindus

biqui

bisco

bituc

-bli / -ble

-c / -j / -g

-ca / -ga

cacha

cachi / cache

cacha / cacho

cafi

cajam

cala

calau

calcha

cali

calsa

calla

cama

cami

camlla / camplla

campa

campi

-can / -cam

cancha

cancho / gancho

cani

cansa

canta

caña

capa

capi

capill / capil

cas

casa

casca / cashca / cachca

casi

caspin

cata

catal

cati

catimo

catu

cawa / cawe

(caba , cagua, cava, cagüe)

cawil (cabil, cavil, cauil)

-cay

caymi

caypi

caypu

cla

-co / -cu

cocha

colcol

colo

colla

conca

concon

cone

conse

cosa

coya

cuyu / cuyo / coyu

 

 
 
 

-cta / -gta / -jta / -sta

cuchi

cula / cola

culla

cuma

cuman / coman

cumi

cumincha

cuna

cunin

cusa / cuza

cuta

-cha (-ta, -da)

chaba / chava

-chac

chaca

chaco

chacha

chafa

chaic / chaica

chaju

chali / challi / chele

chalpi

chalu

chama

chamble

chami

champa / chanpa

champi (chanbi)

champu

chamsa / chansa

chamuj

chan

chana

chanca / changa

chancha

chancho

chango

chanqui / tanqui

chaña

chapa

chapi

chapu

chaqui

chasa

chasca

chaschu / chajchu

chasi

chau / chao

chay

chaya

chayu

-chi / -che

chial

-chic / -chij

chica

chicli / chiquili

chicha / chiccha

chilco

chili

chima

china

-chis

chismi

chisña

-cho /-chu

choya

chuca

chucun

chucha / chuccha / chugcha/ chuscha

chufa

chulla

chuma

chumba

chumbi

chunga

chupa

chuqui / chuque

dila

esco (n) / escu

 

ama

ariña

-fi /-fe ( -vi , -ve , -ui ,-ue )

fiam

fiha / fija

fima

gasta / gascha

guascala / guacara / guacra

guagal

guaima

guj / guaj

hampi

hilu / ilu

hucha / ucha

huma / uma

hupu

iba

ica

icu / ico

icha / echa

ichi / ishi

ifil / ifill

-il

ila / ilha

ilbi

ilu / hilu

illa

illca

ima

impa / inpa / inpaj

imsa / insa

imu

-in

ina

inca / irga / ynga / enca

incha

inqui

insa

ipa

ipi / ipe

iqui / ique

-is /-es

isa

isca

ischi / esche

isi

ismi / esme / ysmi

istil

its

itin

iya

-ja / -ha / -a

jama

jan

jao

jasi

jil / hil / sil

jiqui

jota

juay

jula

junguni

jupi

justa

-la

lac / laz

laica

lamac / llamac

lampa

lan

lasal

lau / lao

lawa (lagua,laua)

lay

layam

layc / layj

 

 

 

-lca / -llca

-li

lilao

lin

lindon

linqui

liqui

-ita

-lla

llabca

llaca / llacca

llampa

llamuc

llanca

llanco

llanen / llanon

llaqul

llauchi

llawa ( llava, llagua, llaua)

llawin (llabin)

llay

llayg / llayj

llam

-lli

lloca

llumpa

-ma

maco

macha

machi

magulla

malansa

malca

mali

malli / malle

mampa

man

mana

mango

mano

manta

maqui

mas

mata

man / mauca

-may

-mi

mica

micha

mil / mill

milli / mellep

min / men

minca

miqui

mish- / mich-

mitis

-mo

moca / moga

moco

moli

mon

moti / mote

muji / moji / moje

mulli / molli

musha / mucha

musi

-n / -m

-na

naco

-nay

-ni

nio

niqui

-nja / -nga

-no

nolon / olon

nonan

nono

-nta

 

 

 

nuco

-ña

-ñay

-ño

oben

oja

ola /olla / oclla

olca

olco

opuc / opug

ovan

-pa

pabil

paca

paco

pacha

pachi

-paj / -pac / -pas

paja / paj

pajsi / pacsi / palsi / paysi

pal / bal

palam

palin

palla

pamos

pana

panja / panha

paquilin / paclin / paglim / paslim

paquin

pasa

pasau

pasi

pauj

pay

paya

paymo

payo

-pi / -pe / -pih

picha

pivhi / pigchi

pij / pija
pilja (y)

pima

pin

pincha

pis / pes

pisa

pisca

pisi

piso

pitam

piti

pitu

piwa ( pigua , piua , piba , piva , pegua )

poman

-pu / -puc / -poj

pucha

pujlla

puju

pul

pulu / pulo

pusca / pugca

quemu

-qui / -que / -quij

quicha

quichi

quicho

quija

quil

quilan

quilin

quilmi / quilme

quima

quimil

quin

quinmi

quiña

 

 

 

quisa

quischa

quisi

quisto

quitqui

-s

-sa / -sac /  -saj

sab

saca  (saca, zaca)

sacha

sachi

sagul / sacul

sala

salana

salc

sali

sama

sami

samo

sana

sanca  / sanga  (zanga)

sancal

sanqui (sanqui, zanqui)

santa

santa / sandu

sañi

saño

sapa  (sapa, zapa)

saqui

sas

sau

sawa ( sava, sagua, saba)

-say

saya

saypu

shapa

-si / -se

sibil

sica /siga /sega

sicha / sipcha / sibcha

sichi

sil

silcu

silpi /silpe (cilpi, silpi, shilpi)

silpu / silpo

silun / silum / silon

silla

silli

sima

simi

simo / simuj         .

sinca / singa

sincu / sinco / singu

sinchu / sincho

sinqui

sipi

sipil

siqui

siwa / sewa (sigua, seva)

soli

sollo

sopca / supca (sobca, subca, sogca,zog

                                                          ca)

suha

sula / sola

suma

sunjin

sunqui

-ta / -da

-tac / -taj

tacui

tafi (tafi, tabi, tavi)

tala

talca /tarca

tama

tanca

tancol

tantil

 

 

 

tao / tau

taqui

tari

tasi

tastu

tas (u)

tatin

-ti / -te

tibsi

tigui

tilanlapa

tili

tima

timis

tina

tinin

tin / tinoc

tinti

-tis

tita

-to

toama / tuama

toca

tola / tula

tolcol

tucla / tocla / tucla

tucu

tucha

tudcun / tudcum

tuisu / tuiso

tul

tuli

tulpa

tuncul

tupe

tupu

tuquili

tuya

tuyu / tuyo

ucha / hucha

uchu / ucho

udpi / uspi

ujin

uli / oli

ullu

uma  / huma

una

unca   /  unga  / uncap

uri

upi

urcu

usi

usta  /  osta / hosta

ustac / ostac

usul

-ut / -ud

uti

utu

uya   / huya

uyu

viji /  veje   (vigi)

viñi / vini

visca

-wa  (-ba, -va, -gua)

waca (baca, guaca, vuaca, oaca)

waco (guaco, huaco)

wacha (bacha, guacha)

wachac / wachaj (bachac, guachaj)

wachi (guachi)

wal (gual)

wala  (bala, guala, huala)

walcu (gualcu, gualco,hualco, balcu)

walfin (gualfin)

wali (bali,guali)

walin (balin,gualin)

walpa (gualpa)

walqui  (balqui,gualqui)

walsa  (gualsa)

 

 

walu / walo (gualo)

walla (balla, valla)

wallin (guallin)

wallqui (guallqui)

wambi (guambi, bambi, guampi, guanpi)

wan / wam (guan, ban, guam)

wana (guana, huana)

wanan (guanan)

wanca / wanga (guanca,guanga)

wanco / wancu / wango (bancu,

              bango, bangu, guanco, huanco,

              huango)

wanchi (banchi,guanchi)

wanda  (guanda)

wanim (guanim)

wanqui  (guanqui)

wañi  (huañi, guañi)

waño  / wañu (huaño, huañu)

waquil (guaquil)

waquin (guaquin, baquin, vaquin)

-was  (-uas, -bas, -vas)

wasa (guasa, wasa)

wasca (guasca)

wasi  (guasi)

waspa  (guaspa)

wasua  (guasua, basua)

way  (uay, hoay, guay, bay, bai)

waya  (guaya, baya)

waycha  (guaycha)

wayma  (guaima)

walqui  (guaiqui)

wayti (guaiti)

wayu / wayo  (guayu, guayo)

wayun  / wayum (guayun, bayun, bayum,

                   baiun,   baium)

wel (vel, bel, uel)

-wi / -we  (-vi,-ve,-bi, -be, -ui, -ue)

                 Hay un caso con vi-.   Ver –fi

wichi  (bichi, vichi, uichi)

wil (uil, huil, güil, bil,vil)

willa  (huilla, billa, villa)

wis   (güis, bis)

-y

-ya

yac  / yaj

yaca

yala

yan / yam (yan, yam, ian, aim)

yapa

yaquil

yasla

yau

yawa  ( yagua, iagua, yaba , iaba)

yay

yema

-yo /-yu /-yoj /-yuj /-yuc (-io)

yoba

yoca / yuca

yoha

yulca

yunta

yuta

 


 

 
 

 

 


 

(*)  Instituto Nacional de Antropología. (regresa a Texto Principal) 
 


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