EL QUICHUA SANTIAGUEÑO:

ORIGEN Y EXPANSION DEL QUECHUA

 La versión tradicional acerca de la expansión del quechua es que ésta se habría efectuado en dos etapas: una incaica y otra colonial. Los estudios más recientes permiten establecer al menos tres etapas: preincaica, incaica y colonial. El reconocimiento de estas tres etapas conduce a plantear la existencia de otros tantos centros de propagación de la lengua. Aquí nuevamente surge una controversia, esta vez acerca del foco originario de difusión a partir del cual la lengua se expandió por todo el mundo andino. Son cuatro las hipótesis acerca de la ubicación de este foco originario.

 La versión más difundida es la que atribuye al Cuzco el centro inicial donde se originó la lengua y a partir del cual se expandió. Los estudios dialectológicos realizados en las últimas décadas han permitido descartar esta hipótesis, por cuanto el grado de divergencia que muestran las variedades del grupo QI  no pueden ser explicadas a partir de un origen cuzqueño entre otros argumentos que Cerrón Palomino (1987: 324-327) expone detalladamente.

 Una segunda hipótesis, sin mayor sustento lingüístico, asigna al quechua un foco  de expansión ubicado en la selva alta en un área comprendida entre Chachapoyas y Macas (Amazonas), basada en fundamentos arqueológicos (la difusión de un estilo cerámico) y ecológicos (la adaptación gradual del cultivo de maíz). Si bien el proceso de la difusión del cultivo del maíz pudo haberse propagado a partir del área montañosa señalada, no necesariamente tuvo que estar relacionada con la difusión de la lengua. Además del mencionado, son muchos los aspectos conflictivos de esta hipótesis, por lo que los lingüistas la han descartado.

 Hay otra teoría que postula el origen preincaico del quechua ecuatoriano y que éste se habría difundido desde el Ecuador hacia el Perú. Esta teoría de la procedencia norteña del quechua afronta dificultades insalvables a pesar de los recientes aportes de destacados lingüistas. Para mayores detalles puede consultarse Cerrón-Palomino (1987:  338-341).

 Finalmente, la hipótesis que va ganando mayor fuerza y aceptación entre los lingüistas es la que asigna a la lengua un origen costeño; según ella el quechua habría sido difundido por los chinchas.  Esta posibilidad ya había sido planteada por algunos cronistas del siglo XVI y en los comienzos del siglo XX pueden encontrarse interesantes trabajos de historiadores peruanos que tratan de fundamentarla.
 Al respecto, Waldemar Espinoza Soriano (1982:177-182) nos dice:

 Por su parte, Rojas Rojas (1980: 45) nos proporciona la siguiente información:  Según diversas fuentes, la acción de los señores del reino de Chincha, que antes de la dominación incaica ejercían su poderío a lo largo de la costa como en los pueblos de la sierra sur peruana, habría difundido su lengua por la sierra sur y por el litoral norteño hasta llegar al Ecuador.
 De acuerdo con Torero, habría tres fases de expansión del quechua a partir de la costa y sierra centrales del Perú. La primera dispersión de la lengua se habría producido a principios de la era cristiana. La segunda expansión, coincidente con el encumbramiento de Pachacamac (siglo VIII) como centro de poder económico y teocrático,  se habría efectuado en dos direcciones opuestas, una hacia la sierra norte (QII-A), y otra hacia la costa y sierra sur (QIIB-C). Tras la caída de Pachacamac, surge Chincha como poderoso centro mercantil que habría vehiculizado la tercera expansión del quechua, bajo sus configuraciones de QII-B, por la costa norte hasta el Ecuador, y QII-C en dirección del este y del sur.
 Las fases expansivas del quechua, implicaron la eliminación de otras lenguas que ocupaban los territorios cubiertos actualmente por aquél. Si bien no hay evidencias directas respecto de las hablas que preexistían en el área de dispersión del protoquechua, los indicios de otros idiomas aumentan a medida que se rastrea la expansión de la lengua en sus dos fases restantes.
 Ahora bien, si el Cuzco no fue la cuna del quechua, surge naturalmente la pregunta acerca de qué lengua hablaban los primeros incas. Son dos las hipótesis acerca de la lengua originaria de los incas: la primera postula que debió ser el aimara, y la segunda que la lengua de los fundadores del Imperio fue el puquina.
 Finalmente, cuando se estableció el poder cuzqueño, ya el quechua chínchay  se hallaba muy difundido como una especie de lengua de relación.  Su  extensa vigencia habría inducido a los incas a adoptar el quechua  como idioma  oficial del Tahuantinsuyo, llevándolo a su máxima expansión.  Tras la caída de éste, tendría un rol fundamental  en el afianzamiento del imperio colonial español.
 En el proceso inicial de expansión del quechua, como puede apreciarse, hay diferentes fases en las cuales intervienen factores de diversa índole. Torero asigna especial importancia a las transacciones económicas como un factor determinante para la expansión de la lengua.  Al respecto, Rojas Rojas (1980: 48-50) señala:  Por otra parte, discrepando con Torero en cuanto a las razones de la expansión de la lengua, Rojas Rojas (1980: 112) señala:  Este autor, en sus conclusiones, también señala que los móviles, agentes y mecanismos que entran en juego en la expansión de una determinada expresión cultural, adquieren mayor o menor importancia en distintas etapas de evolución social, pero no se excluyen históricamente. Como prueba de ello  (Rojas 1980: 113) ejemplifica:“Pachacamac perdió poderío militar y político, frente al conquistador imperio cusqueño, pero mantuvo su prestigio religioso hasta la conquista española”.
 La expansión incaica se inicia poco antes de la segunda mitad del siglo XV bajo el reinado del inca Pachacútec (1433-1471), quien emprendió la conquista de los grupos étnicos de la sierra central peruana y la de los pueblos de la meseta del Titicaca. Por la misma época, el hijo de Pachacútec, Túpac Inca Yupanqui, inicia la conquista de la sierra norte. Posteriormente marcha hacia Quito y de allí se dirije a la costa ecuatoriana. Luego retorna hacia el sur, invade la costa peruana por el norte y ocupa toda la costa central hasta la altura de Lima.

 A la renuncia de su padre al trono, asume el poder en 1471 aproximadamente. Túpac Yupanqui invade posteriormente el actual territorio de Bolivia, de allí pasa a ocupar la mayor parte del cabezal noroeste argentino y luego emprende la conquista de Chile. De esta manera quedó fijada la frontera sur del imperio, teniendo a Tucumán como provincia sudoriental, y  el territorio chileno hasta el Río Maipo, como la provincia sudoccidental. [9]
 A la muerte de Túpac Yupanqui, ocurrida en 1493, le sucede su hijo Huaina Cápac. Al nuevo inca le correspondió la expansión del imperio por el norte. Huaina Cápac llevó las fronteras del imperio hasta el Río Ancasmayo en la actual demarcación fronteriza entre Ecuador y Colombia, para luego emprender la conquista de la costa ecuatoriana.  La muerte del inca se produjo posiblemente en 1537 (aunque se menciona 1526 como la fecha de su alejamiento del gobierno) y desató una lucha entre sus hijos Huáscar y Atahualpa por la posesión del trono.
 Como se habrá podido apreciar, la expansión del Tahuantinsuyo fue obra de sus tres últimos soberanos (excluyendo los breves períodos de Huáscar y Atahualpa). A la muerte de Huaina Cápac, el imperio abarcaba desde los 2 grados de latitud norte hasta los 36 grados de latitud sur. Este dilatado territorio estaba dividido en cuatro grandes suyos (regiones o provincias): Chinchaysuyo al norte, Collasuyo al sur, Antisuyo al oriente y Cuntisuyo al occidente.

 Desde la óptica de la arqueoclimatología, el Ing.Turbay (1983: 246), en un trabajo de divulgación científica, hace un aporte a la mejor comprensión del fenómeno expansivo del quechua con el establecimiento del imperio incaico:

 Después de detallar el plan de obras públicas de los Incas, Turbay concluye:
 “Pero las cosas no mejoraron, y Tupac Inca sólo consiguió acallar los gritos, pero no revertir el descontento del pueblo. El imperio Incaico fue un mosaico de feudos vencidos sin un vínculo espiritual que los uniera al vencedor, por esa causa fue efímero.”

 En este último punto, Turbay coincide con otro autor, Ibico Rojas Rojas (1980:22-23) quien afirma:
 

 Luego Ibico Rojas Rojas señala que la existencia de una lengua general, si bien no contribuyó en mucho a consolidar la unidad del extenso imperio incaico, fue un factor muy importante para la empresa conquistadora:  Como hemos visto, el quechua  luego de ser  la lengua oficial del imperio incaico, tras la caída de éste, tuvo un rol fundamental como lengua de relación y de afianzamiento del imperio colonial español.

 Un comentario especial merece la hipótesis de la relación genética entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, surgida en la etapa precomparativista de los estudios de las lenguas andinas. El desarrollo subsiguiente de la lingüística comparativa aplicada al quechua demostró que el cuzqueño-boliviano no es sino una variedad dentro del grupo idiomático quechua y que por lo tanto,  toda discusión en torno a posibles parentescos debía estar referida a todo el grupo y no a un miembro específico de éste. Idéntica situación se presentó respecto al aimara, ya que los estudios demostraron que es sólo una de las variedades de la familia lingüística aru . [10] Se puso en evidencia entonces la arbitrariedad de toda comparación con fines de relación histórica, genética o no, entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, y que la discusión sobre el posible origen común de ambos grupos debía examinarse a la luz de las protolenguas -protoquechua y protoaru-a partir de las cuales surgieron las diversas variedades.

 Lingüistas de la talla de Parker, Torero y Hardman, descartan la hipótesis del parentesco idiomático para inclinarse en favor de la hipótesis de la convergencia (cf.Cerrón-Palomino 1987: 363), según la cual, los rasgos comunes observados  no sólo ya entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, sino entre los grupos a los cuales pertenecen dichas variedades - el quechua y el aru - serían el resultado del prolongado contacto en que estuvieron ambas familias de lenguas en el espacio centro-sur andino, pasando por distintas etapas de interinfluencias.   (Sigue en Página 4).
 

 


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[9] Estos límites son discutibles ya que de acuerdo con otros historiadores, la frontera sur del imperio llegaba hasta Mendoza penetrando por las vertientes orientales de los Andes. En el caso de Chile, se afirma que llegaba hasta el Río Maule, pero hay quienes sostienen que el dominio efectivo de los incas sólo alcanzó hasta unos pocos kilómetros al sur de la actual ciudad de Santiago. El Río Maipo habría sido, entonces, la verdadera frontera meridional del imperio (cf. Silva Galdames 1986: 49).(regresa a Texto Principal)
[10]  La familia lingüística aru  está compuesta por las lenguas jacaru, cauqui y aimara.(regresa a Texto Principal)