Este artículo se reproduce con expresa autorización de su autor.  Fue publicado originalmente en:
ACTAS DE LAS SEGUNDAS JORNADAS DE LINGUISTICA ABORIGEN
15 AL 18 DE NOVIEMBRE DE 1994
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
INSTITUTO DE LINGÜISTICA

RAÍCES LINGÜÍSTICAS DEL QUICHUA

DE SANTIAGO DEL ESTERO

WILLEM F.H. ADELAAR
UNIVERSIDAD DE LEIDEN - HOLANDA



    Entre la gran variedad de hablas quechuas con las que se cuenta en la actualidad, el quichua de la provincia argentina de Santiago del Estero ocupa la posición más austral 1 . Muy probablemente, el territorio original de la familia lingüística quechua coincidió en el algún momento con el centro de gravitación de la civilización centroandina.  Gracias a los trabajos dialectológicos y de reconstrucción lingüística iniciados por PARKER y TORERO en los años 1960, se ha podido establecer que el foco de expansión quechua se situaba en el Perú central, no lejos de la capital actual de aquella nación, Lima.  Es precisamente en el departamento de Lima en donde se ha encontrado la zona de mayor variedad dialectual antigua que no es atribuible a la presencia de lenguas de substrato.
    Desde aquel foco original y a partir del comienzo de nuestra era, el quechua fue expandiéndose y diferenciándose internamente, en parte por cambios internos y en parte debido al contacto con otras lenguas. Hablando en forma muy general, podemos distinguir dos etapas de expansión. Primero se dio una expansión paulatina en la que el quechua lllegó a ocupar una gran parte del Perú Central y algunas regiones del norte y del sur del Perú. Esta primera expansión se sitúa antes del siglo XV. La segunda expansión, más rápida y masiva, fue realizada a través de la ocupación militar de nuevos territorios por los Incas y la política de transmigración estimulada por los mismos y, subsiguientemente, a través de la acción evangelizadora y colonizadora de la administración española.  Esta segunda expansión se sitúa entre mediados del siglo XV y los años de la independencia, con alguna continuación posterior en el oriente ecuatoriano y en las zonas de habla original aymara, particularmente en el departamento de Puno, a oeste del lago Titicaca (Perú) y en partes de los Andes bolivianos.
    El quichua de Santiago del Estero es un producto de la seguna expansión. En su exposición presentada durante las Primeras Jornadas de Lingüística Aborigen, el Profesor BRAVO mencionó el año 1543 como fecha probable para el establecimiento de colonos quechuahablantes en la zona de santiago del Estero (BRAVO 1993). Por lo tanto, la situación de Santiago muestra cierto paralelismo con otras áreas donde el quechua fue introducido en forma tardía. En este contexto, nos referiremos a dos zonas en comparación:  la región constituída por el Ecuador y el sur de Colombia, donde el quechua también es de introducción relativamente reciente y la zona de los Andes bolivianos, cuya quechuización se extendía alrededor del año 1600 apenas hasta los centros urbanos más importantes. La lengua dominante en los Andes bolivianos fue el aymara, como lo muestra un documento de la época que trata del uso de las lenguas en los curatos del Alto Perú 2 .  En este contexto es bueno señalar que la quechuización de Santiago del Estero puede haber antecedido a la de Bolivia.
    No cabe duda de que hubo diferencias significativas entre las condiciones bajo las cuales se produjo la quechuización en las tres zonas mencionadas.  En el Ecuador y en el sur de Colombia, el quechua se impuso como elemento unificadr en una región multilingüe de origen. En Bolivia el quechua reemplazó al aymara en su calidad de lengua regional. En Santiago del Estero, el quechua llegó con colonos andinos que se establecieron en una zona cultural y físicamente muy distinta de la del imperio incaico.
    Pese a las diferencias, las tres zonas mencionadas tienen un aspecto común desde un punto de vista lingüístico:  el carácter híbrido o mixto de la variedad quechua utilizada.  En los dialectos quechuas hablados en estas zonas confluyen elementos de varios lugares, a menudo muy dispersos y, al mismo tiempo, se encuentran influencias de las lenguas a las que el quechua se impuso.  Este último elemento es particularmente evidente en Ecuador-Colombia y en Santiago del Estero.  En Bolivia, fue el aymara el que dejó sus huellas en el quechua regional.
    Para determinar el origen de los dialectos quechuas de ubicación periférica se necesita investigar los rasgos que los distinguen de los dialectos de la zona nuclear, productos de la expansión inicial, o que, por el contrario, los unen con ellos.  Lo que va a encontrarse es una convergencia de rasgos atribuibles a las distintas variedades pertenecientes tanto a la zona nuclear, como a la periferia.  Esta convergencia de elementos heterogéneos y el carácter híbrido de los dialectos en cuestión pueden constituir un problema cuando se trata de elaborar un cuadro genealógico de las distintas variedades quechuas.  Tal cuadro ha existido desde los años 1960 y, además, ha llegado a ser aceptado por la mayoría de los quechuólogos. A continuación, evaluaremos la viabilidad de las clasificaciones genealógicas existentes, dando particular atención a la ubicación del quichua de Santiago en las mismas.


Clasificación de los dialectos quechuas

    La clasificación más conocida y más utilizada es la de TORERO (1964). La propuesta por PARKER (1963) tiene un año más de existencia, pero comprende un menor número de ramificaciones (ver esquema 1).  En líneas generales, las dos clasificaciones coinciden y comprenden una subdivisión en dos ramas principales (I,B y II, A). PARKER utilizó la denominación “A” para designar el grupo más conocido y numeroso que incluye, entre otros, los importantes dialectos de Ayacucho y Cuzco y todos los dialectos periféricos. TORERO, por su lado, escogió la denominación “I” para el grupo menos conocido y, según él opinaba, más conservador.  A mediados de la década de los ’60, el grupo Quechua I, B estaba aún por estudiar.  Sin embargo, en este momento nuestro conocimiento de las dos ramas se encuentra más o menos al mismo nivel.
    La clasificación de TORERO incluye una segunda subdivisión en A,B,C para el grupo II.  La Rama IIC está integrada por los dialectos de Argentina, Bolivia y sur del Perú: IIB es en su mayoría un grupo norteño que comprende dialectos de Colombia, Ecuador y norte del Perú; IIA contiene algunos dialectos de limitada extensión situados en el centro y norte del Perú.
    En uno de sus trabajos posteriores, TORERO (1970) introdujo una nueva terminología para referirse a los distintos subgrupos del quechua.  La introducción de esta nueva terminología no implicó una modificación fundamental de su clasificación inicial. En trabajos más recientes de autores norteamericanos (por ejemplo, en MANNHEIM 1991) se encuentran calificaciones de tipo geográfico (quechua central, quechua surperuano, etc.) . El uso de estos términos parece reflejar cierto escepticismo frente a la viabilidad de clasificaciones lingüísticas de tipo genealógico en general.

                                                       
PARKER (1963)
Quechua A
Quechua B
TORERO (1964)
Quechua   II
IIA
IIB
IIC
Quechua   I
MANNHEIM (1991)
Periférico
Central
Esquema 1


    Al término de treinta años de existencia de los primeros intentos de clasificación de PARKER y TORERO, es bueno preguntarse si su validez sigue vigente o si tal vez deba revisarse.  Según nuestro parecer, la división inicial entre un grupo central (I,B) y un grupo periférico (II,A) sigue siendo válida  3 . Esta división refleja una antigua separación entre los quechuahablantes ocurrida tal vez en el primer milenio o al comienzo de nuestra era, y se manifiesta en una combinación de rasgos diferenciales tanto fonológicos, como morfológicos y léxicos.  En este caso, las diferencias morfológicas se revelan como las más decisivas.  Algunas de ellas están representadas en el esquema 2.

Quechua I,B

Quechua II,A

 
-ma:- -wa- 1ª persona objeto
-:  4 -ni

-y

1ª persona sujeto

1ª persona poseedora

-r -shpa subordinador verbal 

(sujetos idénticos)

-caw -pi caso locativo
-piq(ta), -pita -manta caso ablativo
-yka(:)- generalmente -chka aspecto durativo
marcas internas marcas externas 5 acción plural

sufijos verbales de dirección

(“hacia arriba”, “hacia abajo”)

   
Esquema 2

    Las principales diferencias fonológicas entre el Quechua I y el Quechua II están representadas en el esquema 3 (cf. ADELAAR 1984).

Quechua I,B
Quechua II,A

-a:-

-i:-

-aya-

-iy-

*-aya-

*-iy-

-á:-

-í-

-ú:

-ay

-iy-

-uy-

*-áy

* -íy

* -úy
Esquema 3

    La división propuesta del Quechua II,A en tres subgrupos IIA, IIB y IIC  es un tema discutido.  En cuanto a la distinción entre los subgrupos Quechua IIb y Quechua IIC, consideramos que ésta constituye una realidad, aunque su aceptación no es general entre los investigadores de la lingüística quechua.  Por cierto, la distancia entre los subgrupos IIB y IIC  es poca, casi al nivel de dialectos mutuamente inteligibles en el caso de sus representantes más conservadores 6  .  En este contexto se puede mencionar el ejemplo de la lengua utilizada en el manuscrito de Huarochirí que ha sido considerada sea como un dialecto afín al Quechua IIC ayacuchano, sea como una variedad del Quechua IIC cuzqueño.  En estudio profundizado reveló que los rasgos distintivos de la variedad huarochirana son más bien indicativos de una pertenencia del Grupo Quechua IIB (ADELAAR 1994).  Entre las características compartidas por los dialectos miembros del Quechua IIB figuran:
(1)    la ausencia de mutación vocálica (u/a)  en las secuencias de sufijos verbales 7 ;
(2)    la ausencia de llapa-  “todo”;  el uso de tukuy en lugar de llapa-;
(3)    la coincidencia de las oclusivas k y la uvular q;
(4)    la presencia de determinados elementosléxicos, p.ej. kaya (*qaya)   “mañana”, tamya “lluvia”, etc.
Las principales variedades que pertenecen al grupo quechua IIB son las siguientes:
        Colombia
        Ecuador Sierra
        Ecuador Oriente
        Chachapoyas
        San Martín
        Quechua costeño del siglo XVI
        Quechua del documento de Huarochirí

    A diferencia de los subgrupos IIB y IIC, el propuesto Quechua IIA se ha revelado como una construcción controvertida. Según TORERO (1964), incluiría los dialectos de Ferreñafe y Lambayeque en el norte del Perú, el de Pacaraos en el alto valle de Chancay, en el departamento de Lima (Perú) y varios dialectos de la provincia de Yauyos, igualmente situados en el departamento de Lima (Laraos, Lincha, etc.).   A nuestro parecer, Pacaraos forma un caso separado, el resultao de una ramificación temprana del Quechua I o, si no, directamente de la proto-lengua quechua (ADELAAR 1984).  Los demás dialectos atribuidos al grupo IIA exhiben una combinación de elementos de ambas subdivisiones (Quechua I y Quechua II). El dialecto de Ferreñafe comparte algunos elementos con el quechua de Pacaraos (cf. TORERO 1968, TAYLOR 1984) 8 ;  el de Cajamarca podría ser el resultado de una ramificación temprana del Quechua IIB, aunque también tiene elementos en común con Ferreñafe.

Subdivisión del Quechua IIC

    Un tema que tiene relevancia directa para la clasificación del quechua de Santiago del Estero es la constitución del subgrupo Quechua IIC. El subgrupo IIC se extiende hacia el sur desde una línea que corresponde aproximadamente a la frontera departamental de Junín y Huancavélica en el Perú.  Comprende todos los dialectos quechuas situados en Argentina, en Bolivia y en el sur del Perú, entre los que figuran los más hablados y más prestigiosos de toda la familia quechua, sobre todo el cuzqueño. El sector nuclear del Quechua IIC, también denominado “cuzqueño-boliviano”, se caracteriza por la presencia de tres series de consonantes oclusivas: llanas, aspiradas y glotalizadas.  Los dialectos de Ayacucho y de Santiago del Estero no forman parte de ese sector nuclear y, por lo tanto,  desconocen la distinción en cuestión.
    La situación que acabamos de delinear ha llevado a agrupar al quechua de Ayacucho con el de Santiago del Estero en base a supuestos rasgos comunes (ver p.ej. HARTMANN 1979).  En realidad, las variedades quechuas de Ayacucho y de Santiago del Estero no tienen particularidades en común, salvo el hecho de carecer de una distinción que tampoco presenta la mayoría de los demás dialectos quechuas.  La presencia de la aspiración y de la glotalización en el sector nuclear del Quechua IIC  constituye un fenómeno areal relacionado con la proximidad geográfica del aymara.  Ayacucho y Santiago del Estero perdieron la distinción entre las tres series consonánticas, si alguna vez la tuvieron. En todo caso no sufrieron la influencia intensiva del aymara que se puede observar en el sector nuclear del Quechua IIC.
    La tradicional subdivisión del Quechua IIC en cuatro dialectos (ayacuchano, boliviano, cuzqueño, santiagueño), en tres (ayacuchano, cuzqueño-boliviano, santiagueño) o aun en dos (ayacuchano-santiagueño, cuzqueño-boliviano) se ha revelado insuficiente.  La constitución interna del grupo Quechua IIC exige una subdivisión más refinada debido a la diversidad dialectal contenida en el mismo.  El conjunto cuzqueño-boliviano consiste en realidad de varios dialectos, no siendo la presencia de consonantes aspiradas y glotalizadas un factor decisivo para corroborar su unidad.  En forma tentativa podemos afirmar que el grupo nuclear contiene al menos cuatro dialectos:  Cuzco, Puno-Arequipa, Bolivia norte y Bolivia sur (con la posible inclusión de Jujuy). Una lista de los dialectos Quechua IIC podría ser la siguiente:
    Ayacucho
    Cuzco
    Puno-Arequipa
    Bolivia norte
    Bolivia sur (incl. Jujuy)
    Santiago del Estero
    Catamarca, La Rioja
    El quechua de Puno-Arequipa es conservador desde el punto de vista fonológico en relación con el quechua de Cuzco.  Contiene muchos elementos prestados del aymara tanto léxicos como morfológicos (ADELAAR 1987b). Para un hablante cuzqueño la mayor parte de estos elementos prestados no es interpretable.  Del quechua de Bolivia norte tenemos noticias por el trabajo de STARK (1985a).  Entre los elementos señalados para este dialecto figuran la conservación de oclusivas en final de sílaba (STARK) y el uso generalizado del pluralizador -chis en el sistema de referencia personal (van de KERKE, comunicación personal).  El quechua de Bolivia sur se caracteriza por una moderada influencia del aymara (presencia del sufijo verbal -ra-  separativo y distributivo, morfosintaxis de los sufijos verbales, etc.) y por una serie de cambios que afectaron el sistema de transiciones en la flexión verbal.  La mayor parte de estos cambios se observa igualmente en Santiago del Estero.
    En el marco de este cuadro algo más variado que el tradicional, trataremos de inventariar los rasgos más característicos del quichua santiagueño con el motivo de redefinir su posición dentro de la totalidad de los dialectos quechuas.

Rasgos clasificatorios del quichua de Santiago del Estero:  aspectos fonológicos.

    Como cada dialecto quechua , el quichua santiagueño exhibe el resultado de una serie de cambios fonológicos que marcan etapas de su desarrollo histórico.  Algunos de esos cambios son propios de la variedad argentina, como la pérdida de la semivocal *w entre vocales (p.ej.  *hawa > aa “afuera”). Otros cambios fonológicos han generado diferencias entre el santiagueño y la proto-lengua pero son compartidos con uno o más dialectos de la familia lingüística quechua.  Son estos últimos cambios los que pueden aportar información acerca de la posición del santiagueño dentro del cuadro clasificatorio de los dialectos quechuas.
    A continuación, discutiremos (1) el tratamiento de la *h inicial, (2) de la *ch en posición final de sílaba, (3) de la *ll y (4) de las sibilantes.
   
    La pérdida de la fricativa glotal *h proto-quechua en posición inicial de palabra se produjo en Santiago del Estero en una forma casi absoluta; p.ej.

    *hatun > atun “grande”

    El quichua santiagueño comparte este cambio con un subdialecto del Quechua IIC ayacuchano (Coracora, Parinacochas; cf. PARKER 1969b: 17)  y con todo el quechua IIB a excepción de la rama ecuatoriana.  La pérdida de *h también se dio en los dialectos norperuanos de Cajamarca y Ferreñafe (Quechua IIA) y en la lengua del manuscrito de Huarochirí.  Este cambio afectó a todos los dialectos quechuas de la franja norandina del Perú sin distinción de su pertenencia del grupo IIA (Cajamarca, Ferreñafe) o del grupo IIB (Chachapoyas, San Martín).

    La africada alveopalatal *ch del proto-quechua está sujeta a lenición 9  en Santiago del Estero en posición final de sílaba. El fenómeno de lenición de consonantes oclusivas y africadas en final de sílaba se encuentra en todo el Quechua IIC, a excepción de Ayacucho y Bolivia norte.  El tratamiento de la africada alveopalatal en Santiago del Estero es similar al que recibe en el quechua de Puno.  Ambos dialectos conservan el carácter alveopalatal de la fricativa resultante del cambio.

    *pichqa > pishcka  10    “cinco”       (cf. Puno pishqa)
    *achka > ashca            “mucho”     (cf. Puno ashkha)
    La resonante lateral palatal *ll del quichua santiagueño sufrió un proceso de fricativización paralelo al desarrollo del yeísmo en el castellano rioplatense.  La fricativa alveopalatal [ž] resultante de este cambio llegó a perder además su sonoridad delante de una consonante sorda.
    *llullay > llullay [žužay]    “mentir”
    *allqu   > ashcko              “perro”
    La fricativización de ll y su posterior ensordecimiento delante de una consonante sorda encuentran un paralelo notable en variedades norteñas del quichua ecuatoriano 11 , donde sucedió lo mismo (*llulla [žuža], *allqu > ažku > ashku).  Hay desarrollos similares en todos los dialectos de la franja norandina del Perú.

    Una gran parte de los dialectos quechuas conserva la oposición entre las sibilantes alveolar (s) y alveopalatal (sh) que se remonta a la proto-lengua quechua.  Esta distinción se ha mantenido en la mayoría de las variedades I, IIA y IIB, pero se ha perdido en el quechua IIC a excepción del quechua argentino 12 .  El desarrollo histórico de las sibilantes en el quichua de Santiago ha sido estudiado por De REUSE (1986).  Según él, la sibilante alveopalatal del proto-quechua como regla general, perdió su carácter palatal (por ejemplo, en *shimi > simi “boca”), salvo en las situaciones siguientes:
-    entre vocales anteriores altas (*i_i),
-    después de una vocal anterior alta cuando ésta va seguida por una consonante (*i_C)
    Además de eso, algunos casos de sibilantes alveopalatales reflejan el uso simbólico del sonido (sound-symbolism) y, por lo tanto, son de origen reciente y secundario.
El caso de la sibilante alveopalatal sh colocada entre vocales anteriores altas resulta problemático debido a la escasez de ejemplos conclusivos y a la existencia de casos que no confirman la regla formulada arriba.
*chishi > chisi        “tarde”
*pishi > pishi         “poco”
*wisi- > huishi-       “sacar líquido”

    De las raíces que acabamos de enumerar, sólo pishi parece mantener la distinción antigua, huishi- exhibe una palatalización innovativa y chisi ilustra una despalatalización inesperada.  No se han encontrado casos de una secuencia isi  en los que la sibilante alveolar se corresponda a la alveolar proto-quechua.  El poco material disponible no permite la extracción de una regla de cambio regular.
Por otro lado, las raíces que contienen una sibilante precedida por una vocal anterior alta y seguida poruna consonante sí parecen reflejar la distinción original heredada del proto-quechua:
*ishkay        >    ishcay         “dos”
*pishqu        >     pishcko      “ave”
*ismu-         >    ismu-          “pudrir”
*isqun         >     esckon        “nueve”  13

    El hecho de conservar la oposición entre las sibilantes alveopalatal y alveolar del proto-quechua no se puede interpretar como un simple arcaísmo del quichua santiagueño dentro del grupo Quechua IIC.  LANDERMAN (1983)  notó la existencia de dos sibilantes en el quechua surperuano cuzqueño, distinción que fue conservada hasta el siglo XVIII (MANNHEIM 1991: 153-176).  Estas dos sibilantes se distinguían por las grafías ç, z, y s, ss.  La primera opción (ç, z) correspondía a la sibilante alveodental (s) del protoquechua y de otros dialectos tanto historicamente como, según parece, desde el punto de vista fonético.  La segunda opción (s, ss) no pudo ser fonéticamente idéntica a la sibilante alveopalatal (sh) del santiagueño y de los dialectos de los grupos Quechua I, IIA y IIB, aunque sí lo fue desde el punto de vista histórico.  Se supone que el sonido escrito s, ss  en las fuentes coloniales ha sido una sibilante apical como en el español de Castilla o, si no, una retrofleja como se encuentra actualmente en el dialecto Quechua I de la región de Huancayo.  Si el quechua cuzqueño hubiera conocido una sibilante alveopalatal, ésta habría sido escrita mediante el símbolo “x”, reservado para este fin en los trabajos lingüísticos de la época.  14
    Si aceptamos el escenario delineado por LANDERMAN y MANNHEIM, tenemos que concluir que el quichua de Santiago del Estero siguió un rumbo muy propio en cuanto al desarrollo de las sibilantes.  Este hecho podría unir al santiagueño con los dialectos norteños que integran los subgrupos IIA y IIB, pero al mismo tiempo lo pone al margen de los desarrollos ocurridos en los demás dialectos del Quechua IIC (al menos en el cuzqueño).  Ninguna de las clasificaciones existentes toma en cuenta esta diferencia destacable entre el santiagueño y el quechua surperuano (que en este caso también abarcaría el quechua boliviano).
    El quichua santiagueño es conservador en su tratamiento de la sibilante alveolar (s) en inicial de palabra.  La s inicial en Santiago se conserva en algunas raíces en las que otros dialectos Quechua IIC tienen una fricativa glotal (h). La situación se asemeja a la que encontramos en el Quechua IIB y, en particular, en la lengua del manuscrito de Huarochirí.


                                        Santiago          Quechua IIC

sorckoy             hurquy           “sacar”
sockariy            huqariy           “levantar”
suj                    huk                “uno”

    La forma suj corresponde a la forma que se encuentra en el Ecuador y en los dialectos de la franja norandina peruana Cajamarca, Chachapoyas y San Martín.  El dialecto de Ferreñafe y la lengua del manuscrito de Huarochirí no conservan la sibilante inicial en aquella raíz. En los dos casos siguientes, el quichua de Santiago corresponde al quechua huarochirano y, si abstraemos la caída de la h inicial ocurrida en el santiagueño, también con el quechua IIC.
Santiago, Huarochirí            Quechua IIC
amuy                                  hamuy              “venir”
ina                                      hina                  “como

    Debido a la relativa inconsistencia del tratamiento de las sibilantes en posición inicial de palabra en los dialectos quechuas, éste no constituye un indicador clasificatorio muy confiable.

Rasgos clasificatorios del quichua de Santiago del Estero:  aspectos morfológicos

    Desde el punto de vista morfológico, el quichua de Santiago del Estero se parece a los dialectos Quechua IIC y a representantes conservadores de Quechua IIB (Huarochirí, quechua costeño) por su uso de los pluralizadores externos -cu y -chis en el sistema de referencia personal (nominal y verbal).  Hay una similitud aparente con el quechua cuzqueño que consiste en el uso en ambos dialectos de formas que terminan en s para el pluralizador externo de segunda persona -chis  y para la marca de primera persona inclusiva -nchis.  Sin embargo, las descripciones gramaticales del quechua boliviano sur (LASTRA 1968: 24) mencionan el uso de formas en s (-chis, -nchis) en variación con formas en q.  Por eso, debemos concluir que el uso de las formas en s no constituye una particularidad exclusiva del cuzqueño y del santiagueño.
Santiago del Estero
Bolivia
Cuzco
Ayacucho, QIIB
-(n)chis

-(n)chis

-(n)chiq

-(n)chaq
-(n)chis
-(n)chik
Esquema 4


    El quichua de Santiago desconoce el fenómeno de la mutación vocálica que en muchos dialectos afecta a los sufijos verbales en u (o i) cuando van seguidos por una pequeña clase de otros sufijos (-chi-, -mu-, -pu-).  La ausencia de aquella mutación vocálica es un rasgo del Quechua IIB (inclusive el quechua del manuscrito de Huarochirí) y del quechua de Cajamarca (IIA).  La mutación vocálica se encuentra, sin embargo,en el Quechua I, IIC y en Ferreñafe (IIA).  Como se trata de la pérdida de una irregularidad no podemos acordar demasiada importancia a este fenómeno para fines de clasificación.
    El punto de mayor interés para la clasificación en cuanto a la morfología santiagueña es la flexión verbal. A la luz de la diversidad que al respecto exhiben los dialectos quechuas es posible reconstruir la flexión verbal del proto-quechua en forma global.  Aquella flexión se basaba en un sistema de cuatro personas acompañado por una categoría opcional de pluralidad y caracterizado por ciertos modos de expresar las combinaciones (transiciones) respectivas.  Encontramos este modelo de flexión, cercano a la flexión de la proto-lengua quechua, en la parte central del territorio quechuahablante en la mayoría de los dialectos que se hablan o que se hablaron en el territorio peruano, sin distinción del grupo (I, IIA, IIB, IIC) al que pertenecen. La distribución de este modelo original de flexión entre representantes conservadores de distintas ramas de la familia quechua indica su antigüedad en comparación con sistemas de flexión utilizados en las variedades de ubicación periférica (modelos modificados).  Estos exhiben la presencia de modificaciones más o menos importantes con respecto al modelo original conservado en la zona nuclear.
    En el esquema 5, se observa el cotejo de la flexión verbal de las variedades quechuas de Tarma/Norte de Junín (Quechua I) y de Ayacucho (Quechua IIC), ambas originarias de la zona central.  El esquema representa el tiempo presente que carece de una marca específica de temporalidad, y el tiempo futuro cuyas terminaciones son diferentes de aquellas encontradas en los demás tiempos gramaticales.  La selección de los dialectos ejemplificados y la casi-identidad de sus sistemas de flexión permite apreciar la estructura del modelo original reconstruible para la proto-lengua.


Presente

Futuro

Tarma/norte de Junin Ayacucho Tarma/norte de Junin Ayacucho
1 ( > 3) -´: -ni -shaq -saq
2 ( > 3) -nki -nki -nki -nki
3 ( > 3) -n -n -nqa -nqa
4 15 ( > 3) -nchi(k) -nchik -shun -sun(chik)
1 > 2 -q -yki -shayki -s(q)ayki
2 > 1 -ma-nki -wa-nki -ma-nki -wa-nki
3 > 1 -ma-n -wa-n -ma-nqa -wa-nqa
3 > 2 -shu-nki -su-nki -shu-nki -su-nki
3 > 4 -ma-nchi(k) -wa-nchik -ma:-shun -wa-sun(chik)

Opción plural

-pa:ku- -ku -pa:ku- -ku
-rka(:)- -chik -rka(:)- -chik
-:ri-
-:ri-

Esquema 5


    Las marcas de pluralidad se combinan con las terminaciones flexivas de persona.  En el Quechua I, las marcas de pluralidad se insertan entre la raíz y las terminaciones flexivas de persona y tiempo (pluralización interna). En el Quechua IIC (como en el  IIB), las marcas de pluralidad se colocan detrás de las terminaciones flexivas de persoana y tiempo (pluralización externa).  La terminación -ku se utiliza para pluralizar la primera y la tercera persona, -chik queda reservado para la segunda persona.  El uso de estos sufijos permite pluralizar tanto al sujeto, como un objeto directo o indirecto.  No es posible utilizar este procedimiento morfológico para pluralizar más de un actante a la vez.
    Los siguientes ejemplos del quechua ayacuchano ilustran el uso de las marcas de pluralidad con actantes sujeto y objeto.  El concepto de la primera persona de plural exclusiva se codifica mediante la combinación de una marca de primera persona con una marca de pluralidad.  16

    riku-su-nki             “él te ve”                                 (3 > 2)
    riku-su-nki-ku        “ellos te/os ven”                       (3pl > 2)
    riku-su-nki-chik      “él (los) os ve(n)”                     (3 > 2pl)
    riku-ni-ku               “nosotros [excl.] (lo) vemos”    (1pl [ >3 ] )
    La terminación -ni-ku, ilustrada en el último ejemplo, es propia del quechua de Ayacucho.  Se trata de una forma regularizada con respecto a la terminación -y-ku encontrada en los demás dialectos Quechua IIC, inclusive Cuzco, Bolivia sur y Santiago del Estero. Aunque la forma en -y-ku constituye una irregularidad aparente del sistema de flexión, estimamos que se trata de una forma de mayor antigüedad que -ni-ku (ADELAAR 1984).
    riku-y-ku    “nosotros [excl.] (lo) vemos”         (1p [> 3] )
        En las zonas periféricas de habla quechua, el sistema de flexión de persona y número (pluralidad) ha sido objeto de cambios más o menos radicales. El quichua ecuatoriano (Quechua IIB) exhibe una considerable simplificación del sistema flexivo por la pérdida de las transiciones y por la coincidencia de las primeras personas de plural inclusiva y exclusiva.  La terminación de la primera persona de plural inclusiva llegó a asumir ambas funciones.  El sistema flexivo del quichua ecuatoriano actual distingue tres personas gramaticales y dos números (singular y plural), como en castellano, y ya no se basa en la distinción de cuatro personas con opción de pluralidad, el caso de los dialectos quechuas más conservadores.
    En cambio, en las demás variedades periféricas del quechua, el sistema flexivo verbal tiende a devenir menos transparente y su complejidad a incrementarse, un proceso observado tanto en la franja norandina del Perú (Cajamarca, Ferreñafe), como en los dialectos del sur (Bolivia sur, Santiago del Estero).
    En los dialectos norperuanos de Cajamarca y Ferreñafe, los cambios ocurridos se relacionan sobre todo con el sufijo -shu-. El sufijo -shu- se utiliza en los dialectos quechuas conservadores de la zona nuclear con el propósito de indicar un objeto de segunda persona, siempre cuando el sujeto de la transición es de tercera (transición 3 > 2). Desde el punto de vista formal, el sufijo -shu- no puede aparecer sino acompañado por un sufijo que en otros contextos indica un sujeto de segunda persona. Esta anomalía del sistema original está en proceso de ser eliminada en los dialectos de Cajamarca y Ferreñafe.  El uso de -shu-  se generaliza como marca de segunda persona ya sin estar sujeto a las restricciones de orden semántico y formal que acabamos de mencionar.  Las terminaciones contenidas en el esquema 6, presentado a continuación, muestran que el proceso de generalización de -shu- se encuentra más avanzado en Ferreñafe que en Cajamarca. No obstante, la flexión verbal de ambos dialectos contiene opciones alternativas en las que la forma original compite con la forma “regularizada”.

  Ferreñafe

TAYLOR (1994)

Cajamarca

(QUESADA 1976)

Presente 1 > 2 -shu-ni -yki
3 > 2 -shu-n -shu-nki
Futuro 1 > 2 -shu-shaq

-shayki

-shu-shaq

-shqayki

3 > 2 -shu-nqa -shu-nqa

Esquema 6

    En ambos dialectos, la “regularización” del uso de -shu- afecta al paradigma del tiempo futuro, eliminando de paso la ambigüedad resultante de la homofonía de la marca de segunda persona que es -nki tanto en el paradigma del tiempo futuro, como en el del presente.  La extensión del uso de -shu- abarca también el tiempo presente en Ferreñafe, pero no en Cajamarca.
    La flexión verbal del quechua de Bolivia sur se encuentra más avanzada aún en el camino del cambio estructural con respecto a los dialectos conservadores de la zona nuclear.  La ampliación del uso de -su- (el equivalente de -shu- de Cajamarca y Ferreñafe) se da también en Bolivia, pero en una forma restringida.  Una característica del quechua boliviano es el alto grado de fusión que se da entre las categorías de persona y número.  La marca de pluralidad ya no puede ser considerada como una categoría opcional agregada a un sistema autónomo de referencia personal. Este hecho se observa, por ejemplo, en el uso de las secuencias -nku (tercera persona del plural), -nkichis (segunda persona del plural) y en el trato paralelo de las primeras personas de plural exclusiva e inclusiva.
    La flexión verbal del quechua boliviano está tratada en detalle en estudios gramaticales dedicados a dicha unidad dialectal (entre otros, BILLS, TROIKE & VALLEJO 1969). Debido a la complejidad de la flexión verbal boliviana que, además, exhibe cierta variación interna, nos limitaremos a presentar una lista de los principales cambios ocurridos (ejemplos tomados de BILLS, TROIKE & VALLEJO 1969: 168).

a)    Pérdida de -ki delante de -ku:
El elemento -ki, componente de los sufijos -yki y -nki, se halla eliminado cuando los sufijos en cuestión van seguidos por el pluralizador -ku.

    *maqa-yku-ku     >  maqa-y-ku       “nosotros [excl.] te golpeamos”   (1pl ex > 2)
    *maqa-su-nki-ku > maqa-su-n-ku    “te golpean”                                (3pl > 2)

    Como consecuencia de esto, las terminaciones de la primera persona sujeto y de la transición de primera persona a segunda coinciden cuando la primera persona es de plural exclusiva. En otras palabras, en el tiempo presente (y en otros tiempos) hay coincidencia total de las formas que representan un sujeto de primera persona de plural exclusiva.

    *maqa-y-ku > maqa-y-ku        “nosotros [excl.] (lo) golpeamos”  (1pl ex [>3] )
    *maqa-yki-ku > maqa-y-ku     “nosotros [excl.] te golpeamos”     (1pl ex > 2)

    La eliminación de -ki también se aplica a la terminación de la transición de primera persona a segunda (1 > 2) en el tiempo futuro:

    *maqa-sqayki-ku > maqa-sqay-ku    “nosotros [excl.] te golpearemos”(1pl ex > 2; tiempo futuro)

b) Expansión del uso de la terminación -sqay-ku del tiempo futuro a formas que no necesariamente llevan un objeto de segunda persona:
    Este cambio aparentemente tuvo por modelo la coincidencia de formas ocurridas en el tiempo presente que hemos delineado arriba (en a.).  Las distintas formas que indican un sujeto de primera persona de plural exclusiva coincidieron escogiendo como punto de partida la forma de la transición 1 > 2.

    *maqa-saq-ku > maqa-sqay-ku     “nosotros [excl.] (te/lo) golpearemos”(1pl ex [>2, >3]; tiempo futuro)

c) Sustitución de -nki de la transición de tercera a segunda por -nqa en el tiempo futuro y por cero en el tiempo pasado:
    La ambigüedad resultante de la doble función de -nki (segunda persona presente y futuro)  queda en parte resuelta mediante la combinación de -su-  como marca de segunda persona objeto con el sufijo de tercera persona del futuro.  Se trata de un caso de “regularización del modelo”, que no se extiende a todos los tiempos gramaticales.

    *maqa-su-nki       > maqa-su-nqa    “te golpeará” (3 > 2; tiempo futuro)
    *maqa-su-rqa-nki > maqa-su-rqa     “te golpeó”    (3 > 2 ; tiempo pasado)

d) Expansión de la secuencia -n-ku:
    La terminación de la tercera persona sujeto del plural del tiempo presente (n-ku) se extiende a los otros tiempos.

    *maqa-rqa-ku > maqa-rqa-n-ku     “(lo) golpearon” (3pl [>3]; tiempo pasado)
    *maqa-nqa-ku > maqa-nqa-n-ku    “(lo) golpearán” (3pl [>3]; tiempo futuro)

    En el paradigma del tiempo pasado, la forma de la tercera persona del plural se desconecta del modelo del singular cuya terminación es cero.  Por la presencia del elemento -n-  la terminación -n-ku  puede ser tomada directamente del paradigma del tiempo presente.  Lo mismo sucede en el paradigma del tiempo futuro, donde la presencia del elemento -n- (normalmente un sufijo de tercera persona sujeto)  es redundante.  Tal vez, desde el punto de vista sincrónico, la terminación -n-ku tenga que ser considerada como un sufijo único con el valor semántico “tercera persona del plural sujeto”.

e) Creación de una nueva combinación -wa-y-ku con el significado “objeto de primera persona plural exclusiva”sin especificación de sujeto:
    Aquí estamos frente a un fenómeno de analogía bastante notable. La combinación -wa-nchis (< *-wa-nchik), como en:

    maqa-wa-nchis     “nos [incl.] golpea” (3 > 4),

indica la transición de un sujeto de tercera persona a un objeto de primera persona plural inclusiva (o cuarta persona) y sirvió de modelo para la formación de una nueva combinación en la que la primera persona plural ya no es inclusiva, sino exclusiva. Para igualar el papel del sufijo -nchis, ya existente en el modelo original, se tomó la combinación de sufijos que en el Quechua IIC normalmente refiere a una primera persona plural exclusiva:  -y-ku.  Sin embargo, hay una diferencia semántica que separa esta nueva combinación de su modelo.  La secuencia -wa-nchis presupone un sujeto de tercera persona, en el caso de -wa-y-ku el sujeto puede ser de tercera persona pero también de segunda.  Esta posibilidad se presenta porque el uso de la primera persona inclusiva (o cuarta persona) incluye al oyente (la segunda persona) mientras que la primera persona exclusiva lo excluye.

    maqa-wa-y-ku    “nos [excl.] golpea(s)”    (2,3 > 1pl ex )

f) Extensión de la combinación tratada en e.  hacia el tiempo futuro:

    Para realizar esta extensión se ha utilizado el equivalente futural de -y-ku que es -sqay-ku (ver arriba en b.).

    maqa-wa-sqay-ku    “nos [excl.] pegará(s) “ (2,3 > 1p ex; tiempo futuro)

    El quichua de Santiago del Estero presenta la particularidad de combinar elementos propios de los paradigmas verbales del quechua boliviano, por un lado, y de las variedades dialectales de la franja norandina peruana, por el otro.
    La generalización del uso de -su- en la función de marca de objeto de segunda persona es el rasgo norteño que más llama la atención. El proceso de generalización de -su se encuentra en Santiago del Estero en un estado de desarrollo intermedio entre éste que se da en el quechua de Ferreñafe y en el de Cajamarca. No sólo se extiende al tiempo futuro (como en Cajamarca), sino también al tiempo presente y a los otros tiempos del paradigma verbal. Las fuentes pertinentes (BRAVO 1956, ULLOA y ALDERETES 1988, ALDERETES 1994) indican para Santiago del Estero la coexistencia de formas alternativas representativas de ambos modelos, tanto del modificado como del original.  El quechua boliviano, por su lado, sólo presenta un caso de “regularización, el uso de -su en la transición que indica un sujeto de tercera persona con objeto de segunda en los paradigmas de los tiempos pasado y futuro (cambio c. en la precedente exposición).  Es posible visualizar este cambio ocurrido en el quechua de Bolivia como el primer paso en un proceso de reestructuración y de reinterpretación de -su que alcanzó su mayor extensión en Santiago del Estero y en la franja norandina del Perú.

    El esquema 7 a continuación representa el uso ampliado de -su- en Santiago del Estero.

Presente 1 > 2 -su-ni, yqui , -su-yqui  17
3 > 2 -su-n(qui)  18
Pasado 1 > 2 -so-ra-ni, -ra-yqui
3 > 2 -so-ra
Futuro 1 > 2 -su-saq, -sqayqui
3 > 2 -so-nqa
Esquema 7

    Al margen del uso generalizado de -su como marca de objeto de segunda persona, el quechua de Santiago del Estero comparte una serie de cambios bien específicos con el Quechua IIC de Bolivia.  De los seis cambios que hemos tratado arriba en conexión con el quechua boliviano, sólo el cambio b.  (*-saq-ku > -sqay-ku) parece ser una exclusividad de aquel conjunto dialectal.  Vimos que el cambio c.  se inscribe dentro del marco de la ampliación del uso de -su-.  Los cambios a., d., e., f. se encuentran también en Santiago del Estero, como veremos a continuación (ejemplos de ULLOA & ALDERETES 1988).

a.    Pérdida de -ki delante de -ku:
El elemento -ki, parte del sufijo -nki, se halla eliminado cuando el sufijo en cuestión va seguido por el pluralizador -ku.
*tapu-su-nki-ku    >  tapu-su-n-cu    “te preguntan”    (3pl > 2)
La coincidencia de las marcas de primera persona sujeto y de la transición de una primera persona sujeto a un objeto de segunda (sufijo -yki), observada en Bolivia delante del pluralizador -ku, no se da en Santiago del Estero, según parece por motivo de la existencia de formas alternativas (disponibilidad de -su-).
ckaa-su-y-cu        “nosotros [excl.] te vemos”    (1pl ex. > 2)
  y no:  *ckaa-y(qui)-cu

ckaa-su-saj-cu    “nosotros [excl.] te veremos”    (1pl ex. > 2; tiempo futuro)
 y no:  *ckaa-sckay(qui)-ku

d. Expansión de la secuencia -n-ku:
La terminación de la tercera persona sujeto del plural del tiempo presente se extiende a los tiempos pasado y futuro.
    *puñu-rqa-ku > puñu-ra-n-cu    “durmieron”      (3pl [> 3]; tiempo pasado)

    *hamu-nqa-ku > amo-ncka-n-ku    “vendrán”    (3pl [> 3]; tiempo futuro)

e. Creación de la combinación -(w)a-y-cu ( < *wa-y-ku) con el significado “objeto de primera persona plural exclusiva”sin especificación de sujeto:
Aquí estamos frente al mismo fenómeno de analogía observado en Bolivia que toma por modelo la combinación -(w)a-nchis (< *-wa-nchik), indicadora de la transición de un sujeto de tercera persona a un objeto de primera persona de plural inclusiva (o cuarta persona).  Como en Bolivia, la terminación -(w)a-y-cu puede implicar un sujeto de tercera persona o de segunda.
    *qu-wa-y-ku > cko-a-y-cu        “nos [excl.] da(s)”  (2,3 > 1pl ex )

f. Extensión de la combinación tratada en e.  hacia el tiempo futuro:
Para realizar esta extensión se ha utilizado el equivalente futural de y-ku que en Santiago es -saj-cu (y no *-sckay-cu).

    *qu-wa-saq-ku > cko-a-saj-cu     “nos dará(s)”  (2,3 > 1pl ex.; tiempo futuro)

    Existe también una tendencia restrictiva compartida por el quechua boliviano y el santiagueño.  Se trata del hecho de mantenerse el elemento -ki (qui)  y las terminaciones que integra, delante del pluralizador -chis de la segunda persona.  En Santiago del Estero, esto significa que las transiciones de tercera persona a segunda no se diferencian en los tiempos presente y futuro cuando el objeto es plural (ULLOA&ALDERETES 1988, Lecciones 14 y 15).
    tapu-su-n                “te pregunta”                          (3 > 2 ; tiempo presente)
    tapu-so-ncka           “te preguntará”                       (3 > 2; tiempo futuro)
    tapu-su-nqui-chis     “os pregunta”, “os preguntará” (3 > 2pl; tiempo presente y futuro)
   
    Una ambigüedad similar se manifiesta en la transición de primera persona a segunda (cf. también la nota 17).
    ckaa-su-ni    “te veo”        (1 > 2; tiempo presente)
    ckaa-su-saj    “te veré”    (1 > 2; tiempo futuro)
    ckaa-su-yqui-chis  “os veo”, “os veré”   (1 > 2pl; tiempo presente y futuro)
    En Bolivia se registraron las formas maqa-su-rqa-nki-chis “os pegó”y maqa-su-nqa-nki-chis “os pegará” para un objeto de segunda persona pluralizado, en contrastre con maqa-su-rqa y maqa-su-nqa cuyo objeto es del singular (BILLS, TROIKE&VALLEJO 1969: 95,168).  En estos casos, la terminación -nki-chis parece haber llegado a constituir un sufijo único con el significado de “objeto de segunda persona plural”.  El paralelo con los ejemplos santiagueños que acabamos de reproducir, es evidente.

Rasgos clasificatorios del quichua de Santiago del Estero:  aspectos léxicos

    En materia de léxico, el quichua de Santiago del Estero muestra una gran unidad con los dialectos Quechua IIC, especialmente con la variedad boliviana.  No se nota la presencia de un vocabulario típicamente norteño.  Sin embargo, hay algunas semejanzas que parecen relacionar el quichua santiagueño con el grupo Quechua IIB y que podrían ser significativas:
    Se observa la coexistencia de saa (< *sawa)  “encima”  y aa (< hawa) “afuera”.  Estas dos palabras remontan a una misma raíz (*sawa) pero han llegado a distinguirse no sólo por la forma, sino también por el significado.  La presencia simultánea de sawa y (h)awa se encuentra sobre todo en el Quechua IIB:  más precisamente, en el dialecto de Chachapoyas, en el quechua del manuscrito de Huarochirí  y en la variedad costeña descrita por Domingo de SANTO TOMÁS (1560).
    Para expresar el sentido de “todo”se utiliza principalmente el vocablo tukuy, mientras que los dialectos más conservadores del Quechua I y del Quechua IIC utilizan tanto tukuy como llapa-n  y sus derivados (llipi-n, lliw, etc.).  La ausencia de llapa-n es una característica del Quechua IIB y de muchas variedades del conjunto dialectal boliviano.  La diferencia de significado que corresponde con tukuy y llapa-n  (exhaustividad contra integridad) en otras variedades quechuas, al parecer no surge en los dialectos que desconocen el uso de dos términos diferentes y entre los que figura Santiago del Estero.
    El uso de ckaya para “mañana”y de ckanimpa para “días atrás” también aporta una reminiscencia del Quechua IIB.

Conclusiones

    Como anticipamos al inicio de esta exposición, el quichua de Santiago del Estero exhibe los rasgos de un dialecto de origen mixto al igual que el quichua ecuatoriano (Quechua IIB con adstrato cuzqueño) y, tal vez, el quechua boliviano.  Por sus características fonológicas, en particular la situación de las sibilantes, el quechua de Santiago del Estero se relaciona con el Grupo Quechua IIB y con los dialectos IIA de la franja norandina del Perú (Cajamarca y Ferrañafe). Algunos elementos léxicos también apuntan hacia un origen norteño (Quechua IIB o Cajamarca).
    La conservación de la distinción entre consonantes postvelares y velares en Santiago del Estero sin duda fue posibilitada por la existencia de consonantes postvelares en lenguas de substrato que antecedieron al quichua en la provincia.  La existencia de fricativas postvelares en palabras ajenas al proto-léxico quechua (mishoggo, wajjalu; cf. NARDI, s.f.) subraya esta probabilidad.  Los dialectos Quechua IIB (inclusive el quechua del manuscrito de Huarochirí) carecen de una distinción entre consonantes postvelares y velares, carencia que, en general es considerada como una de las principales características de aquel conjunto dialectal.  Por otra parte, los dialectos Quechua IIA de Cajamarca y Ferreñafe conservan la distinción entre postvelares y velares y CERRON-PALOMINO (1990) señala la posibilidad de su presencia en el quechua costeño (Quechua IIB) descrito por Domingo de SANTO TOMAS en 1560.
    Desde el punto de vista de la morfología verbal y del léxico en general, el quichua de Santiago del Estero muestras semejanzas sumamente específicas con el Quechua IIC, en particular, con el dialecto Bolivia sur. No se han presentado indicaciones de un lazo exclusivo del quichua santiagueño con las variedades dialectales de Ayacucho o Cuzco, fuera del hecho, desde luego, de ocupar una posición cercana dentro del árbol genealógico de la familia lingüística quechua.
    Se podría pensar en un proceso de relexificación en el que un léxico Quechua IIC (sureño)  ha ido reemplazando poco a poco un léxico anterior procedente tal vez de una variedad norteña (Quechua IIB, Cajamarca o Ferreñafe).  Lo mismo habría sucedido con la morfología verbal en la que la generalización de la marca del objeto de segunda persona (-su-) hubiera permanecido como vestigio de la situación original.  Desde ese punto de vista, los primeros colonos habrían llegado desde el norte o centro del Perú y podrían haber sido complementados por nuevos aportes desde los centros quechuizados del AltoPerú  (Bolivia).

Willem Adelaar



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NOTAS:

1.-  No hemos tomado en cuenta aquí la variedad anteriormente hablada en Catamarca y La Rioja que ha sido tratada por NARDI en su estudio de 1962.
2.-  Este documento fue dado a conocer por BOUYSSE-CASSAGNE en 1975; ver también TORERO (1987).
3.-  La división entre Quechua I y II ha sido puesta en duda por MANNHEIM (1991: 175-176) en base al tratamiento de las sibilantes s² y s. Según este criterio, la variedad Huanca (Quechua I) compartiría la situación del quechua surperuano del Cuzco, en el que la distinción mencionada se mantuvo hasta el siglo XVIII, mientras que los otros dialectos Quechua I exhiben un tratamiento diferente de las sibilantes.  Opinamos que este criterio por sí sólo no basta para cuestionar la unidad Quechua I.
4.-  El símbolo “:” representa un alargamiento de la vocal precedente.
5.-  Las marcas de pluralidad externas aparecen después de los sufijos de persona y tiempo (p.ej. Ayacucho wata-n-ku “atan”); las marcas internas se insertan entre éstos y la raíz (por ej. Pacaraos wata-rin-n  “atan”).
6.-  Entre las variedades no conservadoras del subgrupo IIB se encuentra el dialecto de Chachapoyas.  El quechua chachapoyano no es inteligible para los hablantes de otros dialectos a causa de los cambios fonológicos que ha experimentado (cf. TAYLOR 1994).
7.-  Un ejemplo de tal mutación vocálica tomado del dialecto Quechua I  Tarma / Norte de Junín es qalayu-ru-n “empezó”, qalaya-ra-mu-n “empezó (con movimiento hacia el hablante)”.  La mutación de la vocal final de la raíz qalayu-  indica que ésta consta de una combinación petrificada de una raíz con un sufijo derivacional  ( < *qalla-yku-).
8.-  Por ejemplo, por el uso de yara(:)-  “esperar”, forma encontrada en Ferreñafe y Pacaraos.
9.-  Para una definición del término “lenición”  (lenition)  véase MANNHEIM (1991: 241).
10.-  Representamos los ejemplos del quichua santiagueño por medio de la ortografía desarrollada y empleada en las obras de BRAVO.
11.-  Quichua de Tungurahua y Cotopaxi (ver STARK y MUYSKEN 1977).
12.-  Los casos de oposición entre s y sh que se encuentran ahora en el quechua IIC de Cuzco y de Puno, se deben a desarrollos secundarios de carácter reciente.
13.-  Eshckon o ishckon, según ALDERETES (1994).
14.-  La ausencia del sonido representado por medio del símbolo “x” en el quechua cuzqueño del siglo XVII fue observada por GONZALEZ HOLGUIN (MANNHEIM 1991: 156).
15.-  El símbolo “4”refiere a la primera persona del plural inclusiva o “cuarta persona”.
16.-  Abreviaturas:  pl = plural; ex, excl. = exclusivo; incl. = inclusivo.
17.-  La terminación -su-yqui (en munasuyqui “te quiero) refleja tanto el modelo original como el modificado. El ejemplo es de BRAVO (1956: 182). ULLOA y ALDERETES (1988) sólo mencionan las otras dos formas, salvo cuando la terminación en cuestión viene acompañada por el pluralizador -chis (en munasuyquichis “os quiero”).
18.-  Las alternancias -su-n y -su-nqui reflejan diferencias en los paradigmas presentados por BRAVO, por un lado, y por ULLOA &ALDERETES por otro.  BRAVO (1956) menciona ambas formas. Según ULLOA & ALDERETES (1988), la forma “regularizada” -su-n es la normal en el caso de la transición de tercera persona a segunda del tiempo presente.  La agregación del sufijo pluralizador de segunda persona -chis conlleva la conservación del componente -qui (tapu-su-nqui-chis “os pregunta”, ver más abajo).  La terminación -sunchis refiere invariablemente a un sujeto de primera persona de plural inclusiva del tiempo futuro o del modo imperativo, tanto en Bolivia como en Santiago del Estero.


 
 

 


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