"Aterrizaje con huellas en La Plata.
ROBERTO ENRIQUE BANCHS
CEFAI: Casilla de Correo n° 9
Suc. 26 C.P. 1426, Buenos Aires
Informe publicado originalmente en la revista "OVNIS-Un desafío a la ciencia" nro.10 (Córdoba, febrero de 1976, ps. 21-24/33), bajo el título: "Aterrizaje con huellas en Tolosa"
Tolosa es un barrio suburbano situado a unos 4 kilómetros del centro de la Ciudad de La Plata, en la Provincia de Buenos Aires. Posee un aspecto urbano ligeramente compactado, constituido por viviendas construidas en una sola planta y con espacios libres aislados.
La noche del martes 26 de noviembre de 1974, en una de esas viviendas ubicada en la calle 518, entre 4 y 5, se hallaban reunidos viendo televisión en la sala de estar, la señora Rosario Segura viuda de Perique (57 años, ama de casa), su hija Lidia Graciela Perique de Nicolini (25 años, empleada de comercio), y el esposo de ésta, Rubén Horacio Nicolini (28 años, mecánico de la Policía).
En tanto, en la finca lindera, los cuatro componentes de la familia Deluchi, integrada por el matrimonio y sus dos pequeños hijos, habían dispuesto irse a dormir a eso de las 22,30 hs., más temprano de lo habitual, pues en la velada anterior habían asistido a una reunión festiva de carácter familiar.
Serían las 23,30 horas cuando de improviso, los primeros escucharon un fuerte sonido proveniente del exterior que, sin llegar a sacudir las ventanas, semejaba al sobrevuelo de "muchos aviones a reacción" (110 decibeles), reduciéndose hasta hacerse inaudible en escasos minutos, habiendo sido escuchado también por otros vecinos. Atentos a su actividad recreativa, los testigos restaron importancia al hecho atribuyéndolo a una maniobra militar.
Instantes después el interior de la finca, que estaba en penumbras, se iluminó plenamente a través de una ventana ubicada a espaldas de la familia. Se trataba de una luz color ceniza, plateada, comparada en intensidad por la señora Lidia, con la emitida en directo por los faros de un automóvil; agregando su madre que el ambiente parecía estar cubierto por una fina neblina, no observada por los restantes.
Presurosos se alzaron de sus respectivos asientos y se dirigieron al patio, en los fondos de la vivienda, para ver lo que supusieron podía ser una tormenta, comprobando entonces una formidable claridad "como si fuera de día", bastante diferente a la registrada dentro de la casa, que fue constatada por otros vecinos cercanos.
El primero en salir fue el Sr. Nicolini, quien alcanzó a observar cómo un objeto de regulares dimensiones, se elevaba desde unos cuatro metros de altura del terreno vecino, con una velocidad vertiginosa y constante, pasando por detrás de la copa de un sauce a unos 6 metros de donde se hallaba, hasta desaparecer en un cielo diáfano y despejado.
La señora Lidia nos describe así al fenómeno:
" Era como una esfera o cúpula de color amarillo pálido, con una base plana saliente de vivo color rojo, este último de un material similar al acrílico. Tendría 1,80 metros de diámetro por 2,00 metros de alto. Se alejaba raudamente en dirección NNE sin modificar su trayectoria, perdiendo la forma hasta convertirse en una luz, luego no se lo vio más...".
Por su parte la señora Rosario disiente con la versión de su hija:
"Cuando salí después que mi hija lo hiciera, se encontraba alto (45° grados sobre el horizonte), a unos 150 metros de distancia, pues se alejó como una bala hasta desaparecer en apenas unos segundos. Tenía la forma de un huevo, como si fuera un globo alargado de las dimensiones de un automóvil pequeño, sin ningún tipo de detalles en su estructura. Era transparente como si fuera de vidrio, porque se veía clarito vacío adentro. Emitía una luminiscencia anaranjada, con algunas tonalidades celestes, que provenían de su interior, aunque con mayor intensidad en sus contornos. Me quedé muy impresionada al verlo".

Plano del área de verificación del fenómeno. Referencias: A - Vivienda de la familia Deluchi. B - Vivienda de la familia Perique. 1 - Ubicación de los testigos en el momento de escuchar el ruido y notar la luminosidad. 2 - Ubicación de los testigos en el momento de observación del objeto. 3 - Huella circular de 3,40 m de diámetro. 4 - Huellas triangulares de 10 cm de lado. 5 - Tendederos de ropa.
Tras lo ocurrido, los testigos optaron por mantener en reserva el suceso, trascendiéndolo únicamente entre sus familiares y amistades cercanas. Fue así como cuatro días más tarde, la señora Rosario manteniendo una informal charla con su vecina la señora Concepción Deluchi, decidió comentarle su experiencia del martes anterior y, sin salir de su asombro, la señora Concepción halló entonces la explicación a unas extrañas marcas aparecidas en su jardín.
Se trataba de un perfecto anillo circular de 0,05 metros de ancho y de un diámetro de 3,40 metros, además de una considerable cantidad de marcas triangulares equiláteras de 0,10 metros de lado, distribuidas a 25-30 centímetros una de la otra y extendidas a partir de la huella circular en dirección a los fondos de la finca, exactamente donde se encuentra un árbol de laurel plantado a unos 12 metros. Daban la impresión de estar totalmente calcinadas, cubiertas de un polvillo plateado que alcanzaba los pastos verdes. A su vez, el sector de la copa de un sauce que se vuelca hacia esa propiedad, ubicado a un par de metros del anillo, está aún visible, con las hojas achaparradas.
Una de las dificultades que suele enfrentarse el investigador ante las observaciones de Ovnis en altitud, e incluso en ciertos aterrizajes, se refiere a aquellos eventos de reducida duración, inferior a los 30 segundos, pues subsiste una gran variedad de posibles interpretaciones erróneas derivadas de la brevedad de la observación. Pero los aterrizajes o quasi-aterrizajes no poseen un valor determinante por sí mismos, ya que es preciso verificar en qué condiciones fue efectuado el avistaje, para retenerlos como hechos testimoniales sólidos.
Si bien la duración de la observación es muy importante par determinar el grado de certidumbre visual, es uno de los elementos más difíciles de precisar. En este evento en que los testigos no han podido comprobar la duración mediante sus relojes, han tenido que reducir sus estimaciones de valor relativo, a una apreciación prácticamente subjetiva.
El problema consiste entonces, en conocer el valor de este tipo de manifestaciones que, aún breves, se hallan favorecidas por una visualización a corta distancia y en excelentes condiciones de visibilidad.
En primer lugar, los testigos han corroborado la existencia de una fuente de luz roja, lo cual hace pensar que hubo un objeto que fue nítidamente visto, al menos por tratarse de un color de alto nivel de sensación visual. En segundo lugar, han presenciado cómo el objeto emprendía vuelo, lo que constituye un dato relevante, pues al aspecto se agrega el de su desplazamiento aéreo. Y por rápidamente que haya sido efectuado, nos señala determinada prolongación temporal, en la que los tres observadores cubrieron un trecho de varios pasos para aproximarse al objeto, tiempo en el que comprobaron su reducción visual a medida que se alejaba. En tercer lugar, la aparición de huellas atribuibles al fenómeno aportan datos fundamentales en su evidencia.
Lo que disponemos para la tarea de análisis, son los registros basados en la experiencia ajena, en los testimonios sobre los cuales debemos inferir la naturaleza del fenómeno observado. Por este motivo, las diferencias testimoniales referidas a las características del objeto, particularmente, entre la señor Rosario y su hija Lidia, son motivo de una reflexión detenida.
Debemos considerar en principio, que los 57 años de edad de la señora Rosario y los 25 de la señora Lidia, tienen que ver en esas diferencias. De hecho, el rendimiento o agudeza visual del individuo joven, normalmente constituido, es superior en condiciones adecuadas.
Resulta muy improbable que en ese breve período de observación, dos personas perciban y describan exactamente lo mismo. El acto de la visión choca siempre con observaciones contradictorias, debido además a una simplicidad relativa, que según lo expuso Wertheimer en su teoría gestaltista, se tiende a integrar o unificar en la conciencia las escenas percibidas como un todo significativo, al que denominó "fenómeno pi".
Así ocurre con mayor énfasis en la señora Rosario, quien visualiza al ovni en un alto grado de síntesis, pasando de la "esfera o cúpula amarilla, con una base plana saliente de color rojo", descripta por su hija Lidia, al "huevo o globo alargado anaranjado, sin detalles estructurales", visto por la primera.
Advertimos asimismo la falta de una discriminación cromática, en la que el rojo y el amarillo observados por la señora Lidia, no fue diferenciada por su madre, viendo los mencionados colores integrados en una radiación monocromática aparente, anaranjada. Esto puede interpretarse de manera tal que, al ser la señora Rosario la última persona en salir de la casa y ver el fenómeno un poco más distante, con un diámetro visual menor, por obvio, el umbral de discriminación aumentó y el número de colores y matices distinguidos se redujo a la mínima expresión cromática.
En cuanto a la carencia de detalles en la estructura del fenómeno, es plausible que al salir de la habitación poco iluminada, los testigos no los hayan percibido, pues en esas circunstancias, el ojo deslumbrado no distingue los detalles con su fineza habitual, aún cuando el Ovni haya estado desprovisto de ellos.
La asignación del diámetro del objeto es motivo de otra falta de correspondencia narrativa, ya que mientras la señora Rosario lo asemeja con un automóvil pequeño, su hija estima que tendría un metro ochenta. Se verifica aquí el efecto óptico conocido como "ilusión lunar", tendencia en la asignación del diámetro que varía en proporción directa a la distancia en que se encuentra. En otras palabras, los testigos muy próximos dan una cifra ligeramente inferior que los testigos distantes.
Pese a las limitaciones señaladas, tenemos una valiosa base de cálculo, porque el fenómeno fue visto cerca del suelo y sobre un fondo familiar de construcciones y de árboles, lo que ha facilitado el cálculo de sus dimensiones.
Si se admite el principio de "contradicción" como criterio de validez, desde un punto de vista lógico, dos proposiciones no pueden ser simultáneamente verdaderas, pero sólo que ese hecho resulta imposible a nivel vivido por la conciencia. De donde se concluye que no hay en última instancia una verdad independiente de los procesos psicológicos, pues la relación que se establece entre la conciencia y el objeto denuncia sus "ilusiones". En definitiva, no he procurado comprobar si lo percibido es real tal como se lo ha descripto, sino, saber si lo percibido es precisamente real.
La verificación de estos efectos supone la existencia de un estímulo físico, real, que firma la honestidad de los testigos, reconocida también a lo largo de las entrevistas mantenidas con los integrantes de la familia.
Las marcas producidas en la tierra se definen con toda nitidez en contraste con el resto del terreno, por la carencia de vegetación y el aspecto de resecamiento en el anillo y en los triángulos, donde se advierten incluso algunas grietas. En cambio fuera de las marcas, la tierra tiene un aspecto normal, esto es, húmedo y rico en detritus vegetales, lo que ha favorecido el crecimiento de las gramíneas.
No obstante, a poco de ocurrir el incidente, las huellas tenían signos de una profunda calcinación. Con posterioridad, realicé una serie de análisis tendientes a conocer la naturaleza de las marcas, determinando un excedente destacable de calcio, no constatable en el resto del terreno. A pesar de que este mineral se encuentra en la actualidad en forma de carbonato de calcio (CO3Ca), por causa de su natural descomposición, las primeras experiencias demostraron la existencia de un elevado índice de óxido de calcio (CaO).
Para la obtención del óxido, es necesario haber pasado por la acción del calor carbonato de calcio, elevándolo a la temperatura crítica de 825 °C, en que se efectúa la disociación del mineral en gas carbónico y óxido de calcio. Cuando se le suministra agua en cantidad (v.g.. lluvia, riego) se hidrata, transformándose en hidróxido de Ca, el que tiende a combinarse con el anhídrido carbónico que extrae del aire, reconstituyéndose en el carbonato original.
Como el óxido de calcio es inestable desde el punto de vista químico y trata de apoderarse de la humedad del medio ambiente, es una sustancia eminentemente cáustica, que aumenta de volumen, provocando agrietamientos superficiales, como fueron verificados en el terreno en cuestión, a la vez que ocasiona una suerte de quemazón epidérmica al perder sus propiedades, como señalaron haber sufrido varias personas que tocaron las huellas. Por estas mismas razones, se extinguieron las sustancias orgánicas en esos lugares, teniendo un aspecto térreo blanquecino y carentes de la humedad normal para ese suelo, ateniéndose a su avidez para el agua.
Los tendederos de alambre destinados para el secado de ropa, pasan precisamente a 1,50 metros de altura por sobre la huella circular, los cuales no han podido ser corridos ni dañados como para permitir el eventual asentamiento del objeto.
La aparición de calcio sugiere que ésta puede deberse al desprendimiento de alguna fuente de energía proveniente del objeto; de un espolvoreo de cal, totalmente ajeno al fenómeno, pero al cual se lo ha vinculado; o bien, a la presencia de rocas calcáreas o conchillas que pudiere haber en el suelo, lo que supondría, en éste último caso, que la temperatura irradiada por el fenómeno tendría que haber sido del orden de los 900-950 °C para convertirlas en óxido, debido al grado de impurezas en que se encuentran.
El razonamiento seguido para interpretar las causantes de la huella circular por combustión, no alcanzan a aplicarse de manera muy satisfactoria a las marcas triangulares, aunque hayan arrojado resultados químicos semejantes. Dicho de otra forma, es más que posible que este tipo de marcas puedan haber sido producidas por un molde caliente, siendo curiosamente, las que han perdurado más tiempo a la intemperie. Y si fuera así, no deja de intrigarnos cuál fue el elemento impresor.
Una hipótesis audaz, aunque escasamente argumentada por falta de una verificación visual, se desprende de lo que puede inducirnos los rastros a primera vista, y de los pocos antecedentes que dispone la casuística ufológica.
Al respecto es interesante constatar en el caso de Tolosa, que las huellas triangulares, distribuidas a unos 25 a 30 centímetros una de la otra, coinciden con la distancia aproximada del paso humano, correspondiendo a un pie pequeño.
De todas formas, se conocen bien las dificultades que se le presentan al analista cuando debe desentrañar todas las huellas dejadas por un fenómeno al que no conocemos en profundidad y que, además, no posee constantes "tan constantes" como para dilucidarlas con facilidad. Una regla cartesiana nos advierte, empero, la necesidad de distinguir todas estas relaciones y tener en cuenta su mutua conexión y su orden natural, de modo que a partir de la última podamos llegar a lo que es más absoluto.