ATERRIZAJE CON HUELLAS EN LA PLATA O EL CASO PERFECTO.
MIGUEL ANGEL GOMEZ
FERNANDO SIAREZ
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Intrigados por el sorprendente caso relatado por el Dr. Roberto Enrique BANCHS en su excelente libro "Los Ovnis y Sus Ocupantes", bajo la primera parte del título del presente comentario, decidimos a más de veinte años del suceso, realizar una nueva investigación en forma personal, en el convencimiento de que un fraude no podría resistir el paso de tanto tiempo.
Así lo hicimos, y en un tórrido día de enero de 1997, concurrimos al lugar de los hechos, para lo cual tuvimos que superar una primera dificultad, que fue el error en la dirección consignada en el libro - la correcta es Calle 518 entre 4 y 5 de la Ciudad de Tolosa, en el Gran La Plata -. Para quien no cree en la buena suerte, le será difícil explicarse como es que al encontrarnos con que no existe la intersección de las calles consignadas por el autor, comenzamos a dar vueltas alrededor del área, hasta que cansados decidimos acercarnos a unos vecinos que estaban tomando mate en la puerta de casa, los que (¿mera coincidencia?) no solo conocían el caso, sino que habían sido testigos de las huellas dejadas por el mismo. Como bien lo señala el libro en cuestión, los hechos acaecieron en el terreno de la familia Deluchi, los testigos visuales del objeto fueron los de la casa de al lado, a la derecha mirando desde el frente, la familia Nicolini. Nosotros habíamos dado con los vecinos de los Deluchi, la casa de la izquierda.
Inmediatamente y con toda amabilidad, éstas personas (un matrimonio de edad avanzada, uno de ellos en silla de ruedas), nos comentaron con gran entusiasmo, aunque no sin sorpresa, lo que había ocurrido exactamente veintitrés años atrás. Corroboraron todo lo referente a la huella en forma de anillo circular, en cuanto a las por demás extrañas y turbadoras huellas triangulares dirigiéndose al fondo del terreno (hacia un árbol de laurel ¿...?!!!) y la quemazón del suelo en el interior de ambas. Nos manifestaron que en el círculo se halló un pájaro quemado, "como un pollito rostisado". Además aportaron un dato de sumo interés. Nos comentaron que esa noche, como todas las demás, en el patio y con vista directa al lugar de los hechos, dormía en su jaula un mono que era la mascota de la familia (principal testigo del hecho). A la mañana siguiente de los sucesos, el mico amaneció muy nervioso y con síntomas que llevaron a los veterinarios del zoológico de la Ciudad de La Plata, a pensar que se trataba de un caso de rabia. La cuestión es que el primate había perdido su comportamiento normal, teniendo la familia que deshacerse de él, enviándolo finalmente a dicho zoológico donde murió poco tiempo después.
Qué habrá visto ese pobre animal, para haber sufrido un impacto tan fuerte e irreversible. A ésta altura corresponde recordar que una de las características del fenómeno OVNI es la producción de determinados efectos sobre los animales, que van desde generar el silencio más absoluto en el área del aterrizaje, al terror y llanto de los perros o animales domésticos. Los efectos son variados, pero lo real es que el fenómeno siempre genera una modificación en la conducta del animal en el sentido de evitar todo contacto con el mismo, como si lo relacionaran con una situación de peligro potencial, digna de ser evitada...
Luego de algunas indagaciones hechas entre otros vecinos del lugar, pudimos hallar a una de las protagonistas principales del avistamiento. Así fue que pudimos averiguar que la Sra. Lidia Perique de Nicolini, vive actualmente en la Ciudad de Magdalena, cabecera del partido del mismo nombre, ubicada a unos cincuenta kilómetros al sur de La Plata. Ella se encuentra separada de su esposo, habiendo además fallecido su madre (los otros dos testigos del caso). Allí reside en una humilde pero acogedora casita ubicada en la intersección de las calles Chascomús y Perón.
A dicho lugar nos dirigimos algún tiempo después, habiendo sido recibidos con la mayor amabilidad. Grande nuestra sorpresa, cuando nuevamente a pesar del largo tiempo transcurrido, dicha testigo nos repitió en forma casi textual lo que quedara consignado en el libro en cuestión.
Nos relató que esa noche tenía la idea de que iba a pasar algo, que en esos años era muy frecuente ver extrañas luces hacia la zona del Parque Pereyra Iraola (casi en línea recta hacia el norte de Tolosa). Nos recordó que su ex marido fue el que vio salir de abajo en un primer momento al objeto, ya que fue el primero en llegar al fondo de la vivienda. Enseguida llegó ella que también lo pudo ver, aunque ya estaba alto.
Nos confirmó que después del día del avistamiento, llovió durante 2 o 3 días seguidos, no obstante lo cual las marcas sobre el terreno, permanecieron incólumes. También confirmó el hallazgo de pájaros calcinados en el área.
Nos dio un dato que contradice parcialmente lo relatado en el libro, en cuanto a que la soga del tendedero de la ropa estaba corrida, seguramente debido a la acción del objeto. Nos dijo que era una noche serena y tranquila.
En Tolosa habíamos conversado con un vecino de enfrente que pensó que se trataba de una tormenta porque vio un resplandor esa noche a la hora indicada, cuando regresaba de trabajar.
La señora Perique nos dijo que algo que le llamó la atención fue que toda esa noche se la pasó llorando un bebé en una vivienda vecina (dato que no figura en el libro). Lo cual nos hace pensar que los animales, al igual que los niños pequeños, pueden llegar a tener alguna percepción en relación a estas situaciones especiales, que quizá en los humanos adultos se encuentra adormecida.
También nos hizo saber que detrás del laurel hacia el cual se dirigían las inquietantes huellas triangulares, había un alambre, lo que torna difícil e improbable que la cosa que las haya dejado haya saltado o traspasado el mismo para pasar al terreno vecino, que en esos tiempos se encontraba baldío y con vegetación. Además, del otro lado nadie pudo apreciar huellas, por lo que debemos arribar a la ridícula conclusión de que lo que por allí se desplazó podría estar interesado en el árbol de laurel, situado al final de las huellas.
Todos los hechos duraron menos de una hora, luego no pasó mas nada. Nos afirmó que no tuvo miedo en ningún momento ni tampoco lo tendría si ocurriera de nuevo, lo cual es algo que nos desconcierta ya que una situación así tal vez no sea para tener pánico, pero por lo menos es preocupante que sucediera tan cerca y aparentemente sin sentido alguno. Ella siguió su vida habitual como si nada hubiera pasado. Lo que tampoco nos explicamos es el por qué no fueron inmediatamente a ver a los vecinos de cuyo terreno la cosa surgió, para tratar de determinar que diablos había sido - y si todavía estaban vivos-.
En cuanto al fenómeno luminoso ocurrido en el interior de la habitación en la cual se encontraban viendo el programa "Rolando Rivas, taxista", recuerda que era de un plateado que no tiene comparación con nada conocido y que nunca había visto algo igual.
También nos contó que recientemente vio unas extrañas luces a lo lejos, hacia una cañada, ya en la Ciudad de Magdalena.
Hasta aquí la actualización del relato de los hechos efectuado en el libro, ahora intentaremos formularnos algunas preguntas, cuyas respuestas seguramente están todavía muy lejos de nuestro conocimiento.
Algo que todavía no comprendemos ocurrió allí en el año 1974. Pasaron más de veinte años y no hubo contradicción alguna, todos los testigos y parientes de los testigos (con los cuales pudimos hablar telefónicamente), así como también numerosos vecinos, recuerdan claramente el suceso. Además la Sra. Perique nos causó una excelente impresión de ser una persona sincera y de bien. Además, no existe motivo alguno para mantener un engaño habiendo pasado tanto tiempo y conociendo los hechos tanta gente.
Eso como punto de partida, tenemos un caso real, que realmente ha sucedido y que no podemos explicar.
Pero ésta circunstancia lejos de ser motivo de alegría, es motivo de desazón. Qué fue lo que aterrizó allí, para qué aterrizar en una humilde vivienda de uno de los tantos barrios, que se cuentan por miles en el área del Gran Buenos Aires y del Gran La Plata. Además, muy cerca de allí existían y aún existen grandes descampados, donde ese extraño artefacto pudo haberse posado, sin que ningún humano nunca se hubiera enterado de su presencia, por qué arriesgarse a ser descubiertos.
Tendrían algún motivo especial de interés para posarse allí, y si así fuera, la cuestión se complica mucho más. Cuál podría haber sido dicho motivo, que era lo que estaban buscando, por qué allí.
Por las características del artefacto, podemos descartar cualquier interpretación como objeto tecnológico humano. Tampoco cuadra la hipótesis de considerarlo como algún tipo de arma secreta. En primer lugar, a quien se le ocurriría probarla justamente en La Argentina, cual sería el motivo de exponerla al conocimiento del público si justamente es secreta. Pero además, si alguien en el año 1974 tenía la tecnología para aterrizar y despegar en un área tan pequeña, para salir disparado como un bólido hacia el cielo, esto último sin el menor ruido, como es que no lo utilizó o patentó en éstos 24 años. Si alguien poseyera esa tecnología por esos años, tendría la gallina de los huevos de oro que revolucionaría el transporte aéreo y nuestro concepto actual de avión. Pero como es que en todos éstos años nadie lo haya utilizado. No, no parece probable.
Pero si no es humano, que es. Debemos considerar que entidades extraculturales nos visitan. Digo extraculturales para indicar que están fuera de nuestra ciencia y tecnología, fuera del marco de nuestra cultura humana actual, no pudiendo decir si son extraterrestres, extradimensionales, viajeros del tiempo o vaya a saber que cosa son. Debemos contentarnos con decir eso, son ajenos a nuestra cultura actual.
Este análisis nos lleva sin duda a esa conclusión, del caso sólo podemos decir que alguien ajeno a nuestros conocimiento nos observa, el para qué y el por qué son por ahora simples conjeturas.
Lo más desconcertante es que nada particular existe en ese barrio ni en esas personas, que justifiquen el aterrizaje. Es un vecindario como cualquier otro, como cientos y miles iguales.
Tratando de explicar el caso, debemos recurrir al método científico y tratar de encuadrarlo en alguna de las hipótesis formuladas por Jacques Vallee. En cuanto a la posibilidad de ser un objeto terrestre, ya hemos convenido que no resulta aplicable al caso. Tampoco parece ser un fenómeno natural, ya que tiene ciertas características de objeto tecnológico, una forma definida, es sólido en apariencia, tiene colores diferenciados, etc., no encajando en ninguno de los fenómenos conocidos ni intuidos.
Tampoco parece tratarse de una luz natural o psíquica, no lo parece porque estamos hablando de un "objeto" con forma y contornos determinados, que deja huellas en el terreno y emite sonidos.
Solo nos quedan entonces tres explicaciones posibles, a saber, que se trate de un objeto extraterrestre, que estemos ante agujeros interdimensionales utilizados tal vez por alguna clase de viajeros en el tiempo o en el espacio, o por último, que se trate de mecanismos de control terrestres o extraterrestres.
No contamos con pruebas que nos permitan afirmar el carácter extracultural del fenómeno, pero sí contamos con una serie de indicios que nos permiten aceptar provisoriamente ésa hipótesis, aunque más no sea por descarte.
La hipótesis de los agujeros interdimensionales podría explicar el lugar del avistamiento de la siguiente manera. Tal vez estos hoyos se mueven o están en lugares que desde el punto de origen no pueden ser exactamente determinados. Por lo tanto el ruido "como de muchos aviones a reacción" que los testigos percibieron, tal vez fue un efecto del paso de una dimensión al otra. Tal vez el objeto por casualidad emergió a nuestro espacio en el fondo de ésa casa de Tolosa, reemprendiendo su viaje, esta vez volando por los aires, luego de tal vez algunos ajustes en la máquina.
Debemos tener la atención asimismo, bien puesta en la hipótesis de mecanismos de control. Tal vez estos avistamientos puedan tratarse de formas de manejar la psiquis humana, de prepararla o modificarla con algún fin, introduciendo deliberadamente estos avistamientos de extrañas luces y objetos que parecen comportarse sin plan alguno. Tal vez nos están enviando un mensaje o tal vez nos están abriendo la mente hacia lo nuevo, hacia lo desconcertante.
Por desgracia a ésta altura de las investigaciones, nada seguro podemos afirmar.
A continuación, expondremos una teoría acerca de una circunstancia que suele repetirse con bastante frecuencia.
Para empezar su desarrollo, debemos aclarar que se considerará al caso en cuestión a los efectos de esta explicación, como perteneciente a la hipótesis "Fenómeno Extracultural", no importa en cual de sus subcategorías.
Resulta llamativamente frecuente, el descenso de un ocupante de estas naves, el que se aleja de la misma sin un claro propósito evidente, para luego regresar, ascender o ingresar de alguna manera y partir el artefacto raudamente hacia el cielo.
Por ejemplo, podríamos citar el caso ocurrido el 20 de julio de 1965, en el Monte de los Curas, a 18 Km de Buenos Aires, en Villa Florida, bordeado por el camino Donato Alvarez que une San Francisco Solano con el Camino Pasco, relatado a fs. 48 del mismo libro, en el cual se da cuenta de un caminonero que una lluviosa y fría mañana de invierno, por cierto nada adecuada para realizar paseos por el campo, se topa con un extraño objeto con dos ocupantes. El buen hombre venía de madrugada manejando su camión cerca del "Campo de los Curas" en las cercanías de San Francisco Solano, Pcia. de Buenos Aires, cuando ve un resplandor correspondiente a algún objeto que cae lejos hacia su izquierda. Detiene el camión pensando que podría tratarse de un accidente de aviación, cruza la ruta a pie y se dirige a campo traviesa, cruzando las vías de un ramal muy poco transitado del Ferrocarril Roca y un pequeño arroyo hacia el bosquecillo. Ya entre los árboles, divisa posado en el suelo un artefacto con forma ovoide vertical, mitad superior transparente, con un tipo sentado mirando hacia el lado opuesto del testigo y con un asiento espalda contra espalda, desocupado y la cúpula transparente levantada de ése lado. Se asusta un poco, mira hacia su izquierda y ve un muchacho alto, rubio, con un traje enterizo (mono) color plateado, mirando al cielo y con un artefacto en su mano. Así las cosas se dirije al "ruso", eso es de lo que el buen hombre cree que trata, preguntándole si necesitaba algo. A esto el "soviético" comienza a correr en total silencio, pasando raudamente al lado del testigo y ascendiendo al artefacto, el que instantáneamente despega sin mas ruido que un zumbido como de soldadura eléctrica, perdiéndose como un bólido en el cielo.
Este y otros casos donde el descenso de las entidades no merece una explicación más razonable, dan la pauta de que tal vez para operar algún tipo de artefacto, tal vez de orientación o guía o comunicaciones o vaya uno a saber qué, resultaría necesario alejarse algunos metros del objeto, tal vez para evitar "interferencias" o algo por el estilo. Para luego simplemente, efectuada dicha tarea sea cual sea, reemprender el veloz viaje hacia los cielos (o los infiernos). Esto pudo haber sido lo que sucedió en Tolosa.
Supongamos que los agujeros interdimensionales existen, pero supongamos también que no se puede saber exactamente donde se va a emerger de ellos. Supongamos entonces que alguien proviene de un universo supongamos que paralelo, para supongamos, visitar el nuestro. Supongamos entonces que sólo saben que emergieron en nuestra realidad, pero no tienen ni la menor idea de donde. Entonces supongamos que para ubicarse, necesitan utilizar un aparato que supongamos no funciona bien en la cercanía de los circuitos o vaya a saber de qué cosas que tenga la nave. Entonces uno de éstos navegantes se ve obligado a descender, hacer unos pasos y tomar las mediciones. Hecho esto no tienen más que seguir su viaje.
Esto también explicaría el por qué del sonido de "muchos aviones a reacción" que oyeron los testigos al comienzo del hecho en Tolosa, tal vez ello se corresponda con el paso de una dimensión a otra, ya que el vehículo al alejarse por los aires, lo hace en completo silencio. Por lo tanto debemos considerar que el ruido no lo produjo el sistema de propulsión, sino que tuvo otra causa.
Suponiendo que suponemos que lo que supusimos es cierto, entonces debemos suponer que el comportamiento evasivo y sin el menor interés hacia los testigos se debe a que justamente no les interesa contacto alguno, sino simplemente ubicarse en el tiempo y el espacio. Esta supuesta suposición también nos explicaría el lugar insólito del aterrizaje, que entonces cabría explicarlo como una mera casualidad, producto del capricho de algún "agujero interdimensional".
Supongo que eso esto todo lo que puedo suponer.
Como habrá quedado claro, no son más que puras y simples suposiciones sin prueba científica alguna.
El "compañero de viaje" estacionado frente a la casa de la familia Nicolini.
Casa de la familia Deluchi, a la derecha se puede ver parte de la vivienda de los Nicolini.
Vecinos de los Deluchi separados por la medianera que está a la vista.
ACTUALIZACION DEL CASO
En ocasión de la charla que mantuvimos el día 10 de octubre de 1998 en la Exposición de la EEA de General Rodríguez, con el Dr. Roberto Banchs, éste nos manifestó en relación de éste caso, que le habían quedado algunas dudas, sobre todo en cuanto al hecho de que en la vivienda donde aparecieron las huellas en cuestión, se estaban realizando trabajos de construcción, motivo por el cual considera que la composición química de las muestras obtenidas podría deberse al de la mezcla del material de construcción (cal viva y arena).
Al preguntarle con respecto a las marcas triangulares, no pudo darnos respuesta alguna.
Haga click aquí para leer la investigación efectuada por el autor en la época del suceso.