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P A D R E S   L O U R D I S T A S

 
 

LOS MISIONEROS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LOURDES

 

La congregación de los Misioneros de la Inmaculada Concepción de Lourdes, surgida de la fundación sacerdotal de Nuestra Señora de Garaison, tuvo su origen en un lugar de peregrinación mariana, Garaison (Francia). Fue fundada por el Padre Pierre Geoffroy en 1608, brindando su servicio a la iglesia diocesana con espíritu misionero hasta 1792, fecha en la que fueron expulsados los capellanes y debieron dispersarse, como consecuencia de la Revolución Francesa. Hecho que duro 44 años.

En 1836 regresó nuevamente a Garaison un pequeño grupo de capellanes entre los que se encontraba el Padre Juan Luis Peydessus. Siendo el superior de los capellanes del Santuario de Nuestra Señora de Garaison y a pedido del obispo de Tarbes, Monseñor Lawrence, el Padre Peydessus, el 17 de mayo de 1866, envió a cuatro de sus misioneros como capellanes al servicio de  "la gruta" que pronto se convertiría en otra gran meta de peregrinación mariana, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.

El 22 de julio de 1868, a instancias del obispo, Monseñor Lawrence, la fraternidad sacerdotal se convirtió en una Congregación de Derecho Pontificio y a partir del 25 de agosto de 1876 se pasaron a llamar definitivamente Misioneros de la Inmaculada Concepción de Lourdes (en adelante M.I.C.). La Congregación de los Misioneros de la Inmaculada Concepción de Lourdes está dedicada al servicio de Nuestro Señor Jesucristo, en una entera consagración de ella misma a la Bienaventurada Virgen María concebida sin pecado. Se propone como fin especial, el hacer fructificar, en la humilde medida de sus fuerzas, la gracia contenida en la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción. Sus miembros toman, pues como medio particular, tanto para llegar ellos a Jesucristo como para conducir a Él a los demás, el culto y el apostolado de la Inmaculada Concepción y la práctica de las enseñanzas dadas por la Virgen en su aparición en la gruta de Lourdes.(Constituciones M.I.C., p. 7, 8, 105).

El trabajo de la Congregación en el campo educativo, se inició alrededor del año 1850 cuando el P. Peydessus tomó bajo su responsabilidad y la de sus religiosos el Colegio de Nuestra Señora de Garaison. En 1890 el franciscano Fray Bernardino Orellana yendo a Francia en búsqueda de una congregación dedicada a la educación, para fundar un colegio en la ciudad de Catamarca, en el noroeste Argentino, recibió la sugerencia de encaminarse hacia Lourdes para pedirle al Superior General de los M.I.C. (recordemos que en 1882 fallece el P. Peydessus), una ayuda. Ese mismo año un grupo de sacerdotes, hermanos y estudiantes partió hacia la Argentina para la nueva fundación. El colegio, que se le había confiado en Catamarca, se transformó en poco tiempo en el Seminario menor y mayor de la diócesis. Conocida la obra de los padres (llamados casi de inmediato Padres Lourdistas), abren primeramente en 1894 un colegio en Buenos Aires, bajo el nombre de Nuestra Señora de Lourdes y Santa Felicitas, y luego a pedido de Monseñor Padilla y Bárcena, obispo de Tucumán, en el año 1897 colaboran con el nuevo Seminario, apenas abierto y posteriormente abren un colegio, llamado Colegio del Sagrado Corazón, en el mes de marzo del 1900.

El Colegio del Sagrado Corazón, debe su nombre a las palabras finales del telegrama enviado desde Buenos Aires al P. Agustín Berrere transmitiéndole el permiso del Superior General de los Misioneros de la Inmaculada para la apertura de dicho colegio. La misiva concluía con la siguiente jaculatoria: "Bendito sea el Sagrado Corazón". Por su propia experiencia en la conducción del Colegio de Garaison, el Padre Peydessus señalaba: "El docente debe amar a sus alumnos y la medida de ese amor, más que cualquier otro género de caridad, es amar sin medidas". Invitaba a los docentes a cultivar y tener siempre presentes: una entrega inagotable, una confianza paciente que sabe esperar sus frutos, el espíritu de oración, un ardor encendido, pero tranquilo; la acción combinada de todos, como salvaguarda de la eficacia, que crea un "clima de casa", semejante a lo que se vive en el hogar cristiano como "espíritu de familia".

 
 

ORIGEN DE LA CONGREGACIÓN DE LOS PADRES LOURDISTAS

 

Sombríos para la Iglesia fueron los últimos días de 1848; asesinado su Ministro Rossi, el Santo Padre Pío IX, se había visto obligado a huir de Roma, ciudad papal, hacia Gaeta, en busca de protección, el 24 de noviembre de aquel año. “Acontecimientos considerables e imprevistos habían cambiado el aspecto de Francia”, decía el mismo Pío IX, en carta a Montalembert, y el afligido Pontífice “agradecía vivamente al Señor, en la humildad de su corazón, que, en ese gran cambio, no se hubiese hecho injuria alguna ni a la religión, ni a sus ministros”. En efecto, la revolución de febrero de 1848, en Francia, fue respetuosa de la Iglesia. Los testimonios de la época son todos convergentes; y si, por razones de orden político y económico-social, 1848 es una “fecha miliaria” desde el punto de vista religioso, señala un momento crucial en la evolución de la Iglesia en Francia, en la acción de su clero, representado heroica y santamente por Monseñor Affre.

Se iba realizando así la predicción que De Maistre hiciera pública en 1819: “el espíritu religioso no está apagado en Francia; levantará montañas, hará milagros. ¿No es acaso un milagro estupendo la floración extraordinaria de órdenes y congregaciones en esos años?". La ley del 18 de Agosto de 1792 las había suprimido. Las cárceles y los cadalsos del terror las habían purificado, rejuvenecido y glorificado, al hacerlas pasar por el bautismo de sangre. El régimen civil nacido de la Revolución tuvo por lo menos eso de bueno, que no dejó ya lugar a vocaciones forzadas, tan numerosas bajo el Antiguo Régimen. Más que nunca, la vocación fue en adelante “el llamado del amor de Dios al amor del hombre, y la profesión religiosa, la respuesta que el amor del hombre da al amor de Dios”.

No es, pues, extraño que en “esa Francia, que había creído extirparlo para siempre”, el viejo tronco monástico diese numerosos y vigorosos retoños y que, de la semilla laboriosamente sembrada y regada con sangre de héroes y de santos, surgiera una espléndida cosecha de familias religiosas. En la aparente aridez del erial de Garaisson, de un árbol dos veces centenario, derribado por la revolución, brotará un verde retoño que también “se hará árbol, de forma que las aves del cielo bajen y se posen en sus ramas”. El 8 de diciembre de 1848, la comunidad de capellanes del secular santuario se constituía canónicamente en congregación diocesana. Otras familias, muy conocidas en nuestro país, la habían precedido: Benedictinos con Dom Guéranger, Jesuitas con el Padre De Ravignan, Bayoneses con San Miguel Garicoits, Dominicos con el Padre Lacordaire. Otras le seguirán muy en breve, fuera de Francia: Misioneros del Corazón Inmaculado de María con el Padre Claret; Salesianos con San Juan Bosco y muchas otras.

En el sur de Francia, al pie de los Pirineos Centrales, “en el misterio de la siniestra lana de boc, entre los matorrales de Pelapout, bajó, blanca y luminosa, Nuestra Señora de Garaisson”. Eran los años 1510 a 1515, en una época de miseria y de hambre: tres veces, la Virgen Santísima se apareció a una humilde pastorcilla, Anglése de Sagazan, que comía, llorando, un pedazo de tosco pan negro, al borde de una fuente cristalina, sombreada por un espinillo en flor. Díjole que era la Madre de Dios, le pidió una capilla en ese lugar, prometiéndole “derramar allí sus favores”. Con el milagro del pan negro y vulgar cambiado en pan blanquísimo y exquisito, la Virgen confirmó la realidad de la aparición; muy pronto, los fieles que si no vieron a la celeste mensajera, oyeron al menos sus palabras, levantaron una hermosa capilla gótica, terminada en 1540, en medio del mustio erial.

Una vez más se realizaba la profecía de Isaías: “florelit solitudo, exultabit laetabunda et laudans”. Anglése, la “Bernardita” de Garaisson, se hizo monja en un convento de bernardinas, y la célebre colección Gallia Christiana resume así su vida monástica: “La muy piadosa virgen Anglése de Sagazan floreció en santidad en la abadía de Fabas y se durmió muy santamente en el Señor".
Durante tres cuartos de siglo, la devota capilla quedó abandonada casi por completo, hasta que la Virgen misma atrajera a su santuario, a aquél que su corazón de Madre había elegido. En 1590 durante las sangrientas guerras de religión, una banda protestante se apodero de la capilla y, habiendo encendido una gran hoguera, echo en ella la estatua de la Virgen Dolorosa del altar mayor. “Más de dos horas ardió el fuego, sin ofender en los más mínimo a la santa imagen”.

En 1604, llegaba a Garaisson un hombre de gran corazón, de inteligencia elevada, de alma ardiente: Pedro Geoffroy, contemporáneo émulo de San Francisco de Sales, de San Vicente de Paul, del cardenal de Bérulle y de tantos otros ilustres y santos forjadores del intenso “renacimiento católico” del sigloXVII, en Francia. Todo estaba por hacerse; Geoffroy puso manos a la obra: la posteridad reconocerá en él a uno de esos obreros de Dios que con más razón que el poeta, pueden decir que su obra “dura eternamente”. Para atender a los peregrinos, muy numerosos luego, Geoffroy fundó, en 1608, un cuerpo de capellanes estable, aprobado más tarde por Bula Pontificia de Urbano VIII, el 14 de abril de 1625. Durante su superiorato acontece, en 1615, uno de los hechos más gloriosos de la historia del santuario: Ntra. Sra. de Garaisson reinstala en su casa a nuestra Sra. de Betharram.

“Famoso y muy conocido en el siglo XVI, el santuario de Betharram había sido saqueado e inundado durante las guerras de Religión; para salvarla, se había llevado la estatua primitiva de la Virgen a España: nunca regresó”. La humilde capillita provisoria no podía satisfacer la piedad de los católicos del Bearn; era necesario restablecer el culto en todo su esplendor. De Garaisson partió esa llama que crecerá en inmensa hoguera de caridad.

Geoffroy emprendió el viaje a Betharram, valientemente, a pesar de los peligros, nada imaginarios, a que se exponía; con 5000 peregrinos llegó, a pie, a Betharram, y celebró la primera misa en la rústica capillita. Al año siguiente, 1616, los católicos del Bearn iban a Garaisson en busca de Ntra. Señora de Betharram: era una estatua de la Vírgen Madre, con el niño Jesús sobre sus rodillas, ofrecida por el arzobispo de Auch, Monseñor Trappes, al Santuario renaciente.
En Garaisson, se organizo la procesión que, pasando por Tardes, Lourdes y San-Pé, llegó con la estatua a la Betharram; bajo el nombre de “Virgen Sentada”. Es allí venerada, como fiel testigo de la unión perenne de ambos santuarios. En 1621, un ex Capellán de Garaisson, Hurberto Carpentie organizará el santuario restablecido y constituirá una comunidad de sacerdotes, análoga a la de Garaisson.
En 1630, Geoffroy hará publicar la historia de Garaisson. El libro extenderá a lo lejos, la fama de la Virgen Dolorosa y llevará al célebre y solitario valle multitudes entusiastas y piadosas, atraídas por la indecible bondad de la Virgen María.

Geoffroy morirá piadosamente el 5 de octubre de 1635. Ese mismo año, su sucesores, encargaban a un célebre escultor de Toulose, Pedro Affre, la ornamentación de la capilla; del trabajo del artista surgieron dos magníficos poemas escultóricos: uno el “poema de la Virgen”, formando por doce estatuas, colocadas alrededor de la imagen milagrosa de la Dolorosa; al otro, “poema de la Religión” lo cantaban 23 estatuas estratégicamente distribuidas a lo largo de la elegante nave de la Capilla.

El 11 de febrero de 1858, en la gruta de Lourdes, la Virgen sin mancilla se aparecía a una humilde pastora para hacerla confidente de sus secretos y portadora de sus mensajes. Y el 25 de marzo, como queriendo mostrar la íntima unión del dogma de su Maternidad con el de su Concepción Purísima, decía a la pobre Bernardita, que no comprendía: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Era la respuesta del cielo a la definición de la tierra; la Virgen venía a agradecer al Vicario de su Hijo y también a consolarlo y confortarlo en medio de sus tribulaciones. Así terminaba, en un horizonte de maravillas, el papel singular de aquel país en la génesis doctrinal de la Inmaculada Concepción y, para glorificar a la Inmaculada, el cielo elegía un rincón de Francia. Y era también la recompensa del celoso Obispo que llevado de la mano por la Virgen, había restaurado Garaisson y tantos otros santuarios mariales.

¡Con qué alegría, en 1862, después de maduro examen, puede declarar que “la Inmaculada María, Madre de Dios, había aparecido realmente a Bernardita Soubirous”!. El 4 de abril de 1864, el Obispo bendecía la estatua de la gruta; el 26 de julio, un Padre de Garaisson conducía hacia ella la primera procesión.

Después de coronar triunfalmente a Ntra. Sra. de Garaisson, el 17 de septiembre de 1865, Monseñor Laurence escribía al Rev. Padre Peydessus, Superior de Garaisson: “Siempre he pensado, sin decirlo, que Ud. y sus Padres se harían cargo de la capilla de Lourdes”. Por eso, poniendo de manifiesto la misteriosa unión de Garaisson con Lourdes, el 17 de mayo de 1866, el Padre Peydessus instalaba a los cuatro primeros “misioneros de Lourdes”, entre ellos el Padre Sempé y el Padre Duboé, inseparables de la historia del ilustre santuario.

El 21 se inauguraba el culto en Lourdes, con un solemne pontifical en la Gruta; el Padre Duboé pronunciaba un sermón admirable y profético: “El porvenir de Lourdes está en ese nombre: la Inmaculada Concepción; es la aparición de la inocencia, es el llamado a la santidad; es la castidad que quiere florecer de nuevo; es el esfuerzo para rehacer una sociedad virginal. Conversión, oración, virginal castidad, eso es Ntra. Sra. de Lourdes”.

 
 
LOS PADRES LOURDISTAS EN TUCUMAN
 

Monseñor Padilla, Obispo de la nueva Diósesis de Tucumán, formada en 1897, confió a los Padres Lourdistas su seminario mayor, del cual fueron rectores los Padres Agustín Barrere (más tarde obispo de Tucumán) de 1899 a 1903 y Domingo Duthu de 1903 a 1906. Con esta obra debía realizarse otra: la fundación de un colegio de enseñanza primaria y secundaria. El 1 de marzo de 1900 abría sus puertas el Colegio del Sagrado Corazón, en la calle Las Heras 346 (hoy Calle San Martín). En 1905 y 1918 se inauguraron los cursos secundarios; hoy el colegio cuenta con aproximadamente 1.100 alumnos. Su primer rector fue el Padre Agustín Barrere.

Religiosos Lourdistas actualmente en la Argentina:
Brito, Horacio - Canal Feijoo, Bernardo - Paz, Gerónimo - Racedo Aragón, Ignacio - Videla, Raúl

 
 
Padre Juan Luis Peydessus  (1807-1882)
 

El 13 de febrero de 1882, en Nuestra Señora de Garaison, moría en santidad aquel a quien todos llamaban "el bueno, el santo padre Peydessus.
 

Juan Luis había nacido en una pequeña aldea de Armentuele, del cantón de Borderes-Louron, el 25 de agosto de 1807, en una familia patriarcal y muy cristiana, modesta pero muy alabada por todos, que dio al país excelentes servidores y a la Iglesia por lo menos 7 sacerdotes y varias religiosas. De carácter vivo y alegre su infancia transcurrió pura y piadosa. Su vocación se perfilaba poco a poco. A la edad de 19 años Juan Luis entró en el Seminario Menor de Saint Pé. Ahí pasó 2 años hasta terminar sus estudios secundarios. Pronto se ganó el afecto y el aprecio de todos sus maestros y condiscípulos.

 

En 1928 entró en el Seminario Mayor de Tarbes, donde permaneció 6 años bajo la dirección del P. Lanusse. Ordenado sacerdote el 29 de marzo de 1834, fue nombrado días después, teniente de la parroquia de Aueilhan. Le bastaron 2 años para hacerse, no solamente querer sino venerar. Cuando Monseñor Double y el P. Laurence decidieron rescatar el venerable santuario de Nuestra Señora de Garaison, expoliado y vendido en la Revolución, para restablecer la peregrinación y formar una comunidad de sacerdotes diocesanos, el Pbro. Peydessus, de 28 años, se ofreció como voluntario, con otros 3 sacerdotes jóvenes, Pedro Laurense, Enrique Lalanne y Luis Miqueu. Su palabra apostólica, su decisión, su voluntad, su sencillez y su renombre de santidad lo llamaron a ejercer su ministerio con los más variados auditorios.

 

En 1848, el grupo de misioneros había crecido; resolvieron imitar a sus amigos los sacerdotes del Sagrado Corazón de Betharram. El 8 de diciembre, luego de un retiro donde habían recibido la prédica del santo Padre Garicoits, hicieron sus primeros votos religiosos y constituyeron la "Sociedad de los Sacerdotes de Nuestra Señora de Garaison". Dos años más tarde el P. Peydessus, por la elección unánime de sus compañeros, era nombrado superior de la joven comunidad. Será confirmado en ese puesto, a pesar de sus protestas, cada 5 años, hasta 1876, fecha en que la Congregación  fue designada por la Santa Sede con el nombre de Misioneros de la Inmaculada Concepción. El Padre Peydessus fue elegido Superior General.

 

Monseñor Laurence, testigo autorizado del bien que se hacía en Garaison y en todo el país, por los padres de Garaison, resolvió confiarles los demás santuarios de la diócesis. La laboriosa restauración de los antiguos santuarios estaba apenas terminada cuando la Virgen "que ama a los que aman", vino, por sus apariciones en la gruta de Lourdes, a recompensar de una manera sin igual al Obispo y a toda la diócesis por su devoción a María.

 

El 17 de mayo de 1866, el P. Peydessus instaló en Lourdes, personalmente, a los cuatro primeros capellanes, en un alojamiento precario, para iniciar la organización, y la atención espiritual de los peregrinos que acudían a la gruta bendecida por las apariciones de la Virgen María. Allí comenzaron la construcción de la cripta basílica, adquirieron los terrenos adyacentes a la gruta, abrieron los accesos hacia la estación y la ciudad, y se dedicaron al ministerio de la reconciliación. Además de asumir sus responsabilidades como Superior General de los Misioneros, el P. Peydessus fundó en pleno acuerdo con su Obispo, la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción.

 

Su acción apostólica y su influencia fecunda se hicieron sentir igualmente en su ministerio pastoral principalmente en las misiones rurales y en la educación. Consideró siempre las misiones como la primera tarea de los padres de Garaison. Redactó el Directorio del misionero. Él mismo en 14 años predica 82 misiones.

 

Otro terreno al que se consagró el P. Peydessus fue la educación de la juventud. En 1850 se hizo cargo de un colegio que funcionaba a la par del santuario de Garaison. Lo reorganizó en poco tiempo. Fue precursor para la época: instituye en el colegio un consejo de profesores, una asamblea de comunidades, encuentros con los alumnos. Al mismo tiempo que los cursos de latín y de francés, organiza una escuela de agricultura que resultó una riqueza para la región.

 

El P. Peydessus fue el sostén de uno de sus religiosos, el hermano Jean Abadie. El hermano Juan no sabía leer ni escribir. Tuvo la idea de fundar una casa para ancianos abandonados. Aseguraba el abastecimiento recorriendo la región con su burra pidiendo limosna. La obra se agranda y el P. Peydessus envía al hermano Juan, como auxiliares, a tres hermanas religiosas de la Inmaculada Concepción de Lourdes que acababa de fundar.

 

Los últimos años del P. Peydessus pertenecen a la cruz: sufrió una cruel enfermedad que no le daba descanso ni de día ni de noche. Soportó su mal con paciencia y humildad. El 13 de febrero de 1882 se durmió santamente en el Señor.

 

Se ha iniciado su proceso de beatificación.

 
 
Padre Domingo Duthu (1856-1942)
 

Nacido en Capvery, villa veraniega de los Altos Pirineos, en Francia, el 2 de febrero de 1856, ingresó en el colegio de Nuestra Señora de Garaison donde conquistó las mejores notas, y se hizo notar por su piedad. Sus compañeros lo apodaron "el nuevo Luis Gonzaga".


Siguió sus estudios clericales en el Seminario Mayor de Tarbes donde llamó la atención tanto de los profesores como de los alumnos. A nadie le extrañó verlo viajar a Roma en 1878 para seguir los cursos de la Universidad Gregoriana. En la ciudad santa recibió la ordenación sacerdotal el 27 de marzo de 1880. De sus estudios en Roma obtuvo el doctorado en teología.
 

De vuelta a su patria, ejerció primero el ministerio pastoral en Vic Bigorra, fue llamado al delicado cargo de formador en el Seminario Mayor. También allí permaneció dos años. Desde hacía mucho tiempo soñaba con una entrega más radical al servicio de Dios. Recordaba los ejemplos y la enseñanza de sus primeros maestros, los Misioneros de Garaison. Solicitó un ingreso al noviciado lourdista. Allí se encontró con un novicio futuro obispo de Tucumán, Monseñor Agustín Barrère. Inmediatamente después fue nombrado profesor de sus conovicios, enseñando filosofía y teología, y ayudando a la comunidad de Lourdes. Dos años después agregaba a estas tareas la de Director espiritual de los estudiantes. Estos años fueron de preparación.

 

En 1890 llegó a Lourdes un Padre Franciscano desde el norte argentino, buscando una congregación que aceptara fundar un colegio en Catamarca, cerca del santuario de la Virgen del Valle. El arreglo fue establecido rápidamente entre los superiores y el P. Dominique Duthre fue nombrado superior de esta fundación; tenía 34 años. El 5 de agosto de 1890, el P. Duthre se embarca en Burdeos con una pequeña comunidad: un padre, dos hermanos y un estudiante. Un mes más tarde lo seguirá el P. Rocezaud con un numeroso grupo de jóvenes estudiantes.

 

El colegio se inició el 1° de Mayo de 1891. Las dificultades de los comienzos fueron increíbles. Después de varios años el colegio se transformó en Seminario de Nuestra Señora del Valle. Nueve años más tarde, el P. Duthre fue llamado a Buenos Aires para consagrarse al ministerio espiritual y secundar al superior en sus tareas. Su trabajo apostólico se extendió a los niños de la calle y al culto de Nuestra Señora de Lourdes. En 1905 Tucumán reclamó su presencia. El nuevo Obispo llamó a los P.P. Lourdistas para iniciar el Seminario Mayor y fundar un colegio para varones.

 

En 1903 una ley inicua decretó la expulsión de todos los religiosos y religiosas de Francia. 70 religiosos pasan al clero diocesano. Sólo quedaba un puñado de ellos en Argentina. En 1910 se reunió en Roma un Capítulo General par elegir un nuevo Superior General.

El Capítulo eligió al P. Dominique Duthre. "Ustedes deben vivir, buscar vocaciones, volverán a tomar sus obras en Francia" fue el mandato de la Santa Sede. A sus electores, el P. Duthre sólo atinó a decir: "¡Dios los perdone por lo que acaban de hacer!"

 

Comenzó una nueva misión con la búsqueda de vocaciones. En Francia, los Padres Bayoneses le ofrecieron su colegio de Ntra. Sra. De Betharram para recibir las primeras vocaciones. La pequeña escuela de aspirantes lourdistas pasó luego al pie de la antigua catedral de S. Bertrand de Comminges (Alta Garona). Reelegido Superior General en 1920 y en 1922, la casa madre de la congregación y el colegio de Garaison fue rescatado en un remate. Para reabrir el colegio, con gran dolor, tuvo que cerrar el seminario de Catamarca que él mismo había organizado. En 1926 volvió definitivamente a Francia para trabajar en la consolidación y el crecimiento de su familia religiosa.

 

En 1930 el Capítulo General lo reelegía con mayoría de sufragios; pidió misericordia y el Capítulo comprendió sus motivos, quedando como miembro del Consejo General. Durante 12 años se dedicó a la oración. Aún estando casi ciego no dejó de prestar servicios sobre todo en la confesión de los alumnos. Pudo celebrar el 50° de su partida a América y sus bodas de diamante sacerdotales. La enfermedad lo acompañó sus últimos años y falleció sin agonía el 2 de febrero, el día siguiente de la octava de las apariciones de la Virgen de Lourdes, a la edad de 86 años.

 

El rasgo de su vida fue el optimismo fundado en la confianza en Dios y su amor filial a María. Hombre de oración gobernó la congregación en momentos de grandes turbulencias y dificultades. Los que lo conocieron señalan su extrema caridad, nunca aceptando la crítica de los ausentes. Su vida ilustra bien la infancia espiritual a la cual Cristo prometió el Reino de los Cielos.

 
 

Carta Apostólica

Mensaje de Benedicto XVI

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