|
Nuestros cantos son, por lo común, alabanzas a Dios. Deben, pues, ejecutarse con espíritu de oración. En cuanto sea posible, conviene cantarlos con los ojos cerrados y profundo recogimiento. Pero, al mismo tiempo, igual que el cántico de María, son muy jubilosos: suponen gozo en el alma, que se trasunta en la voz y el semblante.
Algunas canciones no van dirigidas a Dios, sino que son para comunicarnos con nuestros hermanos. Entonces procuremos mirarnos con amor y con interés de compartir los sentimientos.
Expresemos con todo nuestro ser lo que estamos diciendo. Por eso, a veces el Señor nos incita a acompañar con palmas o balanceo o con instrumentos musicales el ritmo de nuestro gozo espiritual. Así lo han hecho muchas generaciones de adoradores en espíritu y en verdad:
"Cantad a Yahvé un canto nuevo:
su alabanza en la asamblea de los amigos.
Regocíjese Israel en su Hacedor.
Los hijos de Sión alégrense en su Rey,
Alaben su nombre con la danza,
Con el tamboril y cítara ensálcenle" (Salmo 149).
Estos cantos no son solo para los grupos de oración. También son para entonarlos cuando estés a solas con Dios... "¿Está triste alguno de vosotros? Ore. ¿Está alegre?
Cante."(Sant. 5,13)
Necesitamos tus sugerencias o advertencias para que en las próximas ediciones de éste cancionero religioso corrijamos los errores que se nos pueden haber escapado. Mándanos un mail a
vigencia@hotmail.com
Roguemos para que el Señor inunde con el Don de piedad a cuantos usen éste cancionero. |